"Las religiones vienen ahora con un pacifismo total… ¿cómo?" Los aprendizajes de una guerra que hace poco hubiésemos creído insuperables

Guerra
Guerra

"En pocos años, por no decir meses, el giro de la historia nos está sometiendo a aprendizajes como sociedad que hace poco hubiésemos creído insuperables"

"En ochenta días hemos pasado de una 'operación militar especial' a una guerra pura y dura. Pero, De paseo militar, nada y ante nadie"

"Porque las armas matan, los tiranos oprimen, pero los mitos se lo facilitan, pero descubrir que quienes viven de amenazarnos, llegado el momento, sufren y mucho para imponerse s un aprendizaje social nada despreciable"

"El segundo aprendizaje social es que los Estados Unidos de América (USA) meten las narices en todos los conflictos, siempre con intereses cortos y propios. Si alguna vez salvan a algún país, que sepa que se lo cobrarán con creces"

"La gente y los pueblos se mueven por factores nacionales identitarios de un modo que creíamos propio de las ideologías viejas. Entre la libertad por la que se dice que se lucha y la que tenemos la mayoría para elegir y acordar, antes y después, hay un abismo"

"El último aprendizaje social es más nuevo e inapreciado. Las religiones que habíamos desarrollado las teorías de la guerra defensiva justa, vienen ahora con un pacifismo total. Nadie les hace caso…Los aprendizajes sociales no han hecho más que comenzar"

En pocos años, por no decir meses, el giro de la historia nos está sometiendo a aprendizajes como sociedad que hace poco hubiésemos creído insuperables. Hacer de la necesidad virtud se ha convertido en un arte relativamente fácil. Vivir bajo el ritmo frenético de los acontecimientos es una característica de nuestro tiempo, pero tanto como en el comienzo de este milenio, no lo creo. La cuestión es opinable, pero no de relleno; mi inquietud, sin embargo, apunta a observaciones más concretas.

En ochenta días hemos pasado de una “operación militar especial”, nombre de la invasión rusa de Ucrania, a una guerra pura y dura, una guerra preventiva y necesaria; vamos, como en Irak, preventiva y necesaria; en ochenta días nos hemos enterado de que la cosa venía de lejos, al menos desde el 2013-2014, y que de paseo militar, nada de nada. Y esto último es lo más sorprendente. Sin considerar los detalles ni un análisis de nivel, lo sorprendente es comprobar que Putin y su Rusia dan mucho miedo pero menos. Es una sorpresa.

El poderío militar ruso, como en su momento el americano, muestran sus costuras y no son invencibles. De paseo militar, nada y ante nadie. No entro en que podrían provocar una hecatombe nuclear, que pueden, pero a la medida de los hechos conocidos, las guerras no se ganan militarmente con facilidad.

No se asuste el lector de esta forma de hablar de la guerra tan materialista, lejos de la ética, pero los aprendizajes sociales siempre comienzan por lo más elemental. Y tiene su importancia, porque las armas matan, los tiranos oprimen, pero los mitos se lo facilitan y nos aterran a los sencillos ciudadanos de a pie. A la guerra se la teme como mal mayor, pero descubrir que quienes viven de amenazarnos, llegado el momento, sufren y mucho para imponerse, que su inapelable tecnología bélica no es tal, es un aprendizaje social nada despreciable en este momento de agobio y oprobio.

El segundo aprendizaje social, que ya estaba en la inteligencia política del común, es que los Estados Unidos de América (USA) meten las narices en todos los conflictos, antes, durante y después, y siempre con intereses cortos ypropios. “Confiamos en Dios” dice el dólar y a fe que este dios sí que mueve montañas, de dinero o de muertos, pero montañas. Si alguna vez salvan a algún país, que sepa que se lo cobrarán con creces. Este aprendizaje social es muy compartido y probado, por más que no guste a lo americanos ni a los europeos “de bien”. Lo entiendo. Todas las potencias hacen lo mismo cuando llega su momento y el único propósito de sus rivales es sustituirlas para idéntico fin. Y Europa no tiene capacidad defensiva, bien, sí. Sí, cierto, pero lo anterior sigue de pie.

Propongo seguir con los aprendizajes y reunir algunos menos conocidos pero reales como la vida misma. Se dice que ya no pesan las naciones y las patrias; no son lo mismo, pero nos entendemos; el nacionalismo, se añade, ha sido superado por la humanidad en un mundo-aldea de personas, mercados y dinero, y de valores y derechos, dicen los optimistas; se acabó el cuento. Y no, no es así, la gente y los pueblos se mueven por factores nacionales identitarios de un modo que creíamos propio de las ideologías viejas. Es así, unos más y otros menos, pero es así. Y su peso en la movilización popular y en la tensión lograda por un fin, hasta arriesgar la vida, es una realidad. Cualquiera podría ver la extrema desigualdad de riesgos que se da entre los profesionales de la guerra y los ciudadanos de a pie, pero la “épica” de ofrecerlos en el mismo lote y venderlos relativamente bien, funciona. O quizá no vemos a tiempo la presión inaceptable que los guerreros imponen a los demás en sus objetivos militares y creencia patrias.

No tengo clara la verdad de todo esto. Creo que entre los políticos y militares profesionales o contratados, y los afiliados al odio y la muerte que van de guerra en guerra, más todo lo debido al dolor que la humillación del invasor te provoca, se crea un aire guerrero incontrolable. Entre la libertad por la que se dice que se lucha y la que tenemos la mayoría para elegir y acordar, antes y después, hay un abismo. Quitar el hambre, más que comer. Soñar la libertad, más que gustarla.

El último aprendizaje social es más nuevo e inapreciado. Las religiones que habíamos desarrollado las teorías de la guerra defensiva justa, y sus condiciones para limitarla si alguna vez fuera inevitable, vienen ahora con un pacifismo total; cualquier modo de resolución guerrera de los conflictos es el fracaso de los humanos, lógico, y absolutamente injusto siempre, ¿cómo? (Francisco). Sí, porque no hay modo de calcular la coherencia moral de medios y fines, y la proporción de daños provocados y bienes logrados, una vez de que el arsenal de la violencia nuclear y biológica entran en acción. Nadie les hace caso, les dicen que es “ininteligible”, que la opción de la no guerra no existe, que la eligen los antipatriotas y los cobardes, y que entre la religión nacional y Jesucristo, no hay color al elegir. Es la vida. Los aprendizajes sociales no han hecho más que comenzar.

Te regalamos la Praedicate Evangelium + análisis
Volver arriba