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Bätzing a León XIV: El abuso en la Iglesia también es sistémico

En su regreso de Francia, León XIV fue preguntado por los abusos sexuales en la Iglesia. El Papa reconoció su particular gravedad cuando se producen dentro de la Iglesia. Admitió que determinadas organizaciones eclesiales habían podido actuar abusivamente «como sistema», pero añadió: «el abuso sexual es, ante todo, un problema humano». Bätzing, que fue presidente del Episcopado alemán, le ha solicitado una aclaración

Batzing, en una foto de archivo | @dbk_online

Las ruedas de prensa de los papas durante los vuelos de regreso de sus viajes apostólicos se han convertido en algo más que conversaciones informales con los periodistas. Algunas respuestas terminan revelando no solo la orientación de un pontificado, sino también los problemas que pueden marcarlo y las decisiones que tendrá que afrontar. Con Francisco sucedió en más de una ocasión. Y algo parecido puede estar empezando a suceder con León XIV.

En su regreso de Francia, León XIV fue preguntado por los abusos sexuales en la Iglesia después de haberse reunido en Lourdes con siete víctimas. El Papa reconoció su particular gravedad cuando se producen dentro de la Iglesia: no solo destruyen o hieren a las personas, sino que pueden dañar profundamente su fe. Sin embargo, evitó calificar el abuso de «sistémico». Admitió que determinadas organizaciones eclesiales habían podido actuar abusivamente «como sistema», pero añadió inmediatamente: «el abuso sexual es, ante todo, un problema humano».

Una afirmación discutible ante un problema sistémico

La afirmación es cierta. El problema comienza cuando de una verdad indiscutible se extrae una conclusión discutible. Que los abusos sean un fenómeno humano, presente también en familias, escuelas, asociaciones y otras instituciones, no responde a la pregunta decisiva: ¿han existido en la Iglesia estructuras, culturas institucionales y formas de ejercicio del poder que hayan favorecido los abusos, su ocultación o la impunidad de sus autores?

León XIV habla con los periodistas en el avión en uno de sus viajes | EFE

Porque las dos explicaciones no se excluyen. El abuso es un problema humano, ciertamente; pero puede adquirir una dimensión sistémica cuando determinadas estructuras de poder facilitan su comisión, prolongación u ocultamiento.

Bätzing solicita una aclaración

Esta es la razón de la contundente reacción de monseñor Georg Bätzing, obispo de Limburgo, quien ha solicitado una aclaración a León XIV. Y conviene recordar quién habla. Monseñor Bätzing presidió durante seis años la Conferencia Episcopal Alemana y fue una de las figuras centrales del Camino Sinodal, proceso que acompañó desde responsabilidades de primera línea y que estuvo marcado, precisamente, por la cuestión de los abusos, sus causas estructurales y las reformas derivadas de ese diagnóstico. Por tanto, sabe de qué se habla y sabe también de qué está hablando. Su intervención difícilmente puede despacharse como una reacción apresurada o incidental.

El punto de referencia es el estudio MHG, encargado por los obispos alemanes y publicado en 2018. Como recuerda mons. Bätzing, sus conclusiones no permiten explicar los abusos únicamente por la conducta criminal de sus autores: ponen también de manifiesto factores estructurales de la propia Iglesia que pudieron favorecerlos y dificultar su esclarecimiento. Entre ellos, el clericalismo, las relaciones asimétricas de poder, la sacralización de la autoridad sacerdotal, determinadas dificultades en la maduración psicosexual y el tratamiento de la sexualidad y de la orientación sexual. A ello se añade una cultura institucional que, durante décadas y en determinados casos, privilegió la reputación de la institución frente a la protección de los niños, los jóvenes y las víctimas.

Georg Bätzing, obispo de Limburgo | Foto: Conferencia Epsicopal Alemana / Marko Orlovic

Por eso, afirmar simplemente que los abusos son «un problema humano» resulta insuficiente. Nadie niega que lo sean. La cuestión es preguntarse no solo quién abusó, sino qué condiciones hicieron posible que pudiera hacerlo, que no fuera controlado y que las víctimas no fueran escuchadas durante tanto tiempo.

El abuso de poder en la Iglesia: un problema sistémico

Y aquí aparece el verdadero fondo del debate: el ejercicio del poder en la Iglesia.

No por casualidad, el Camino Sinodal alemán nació estrechamente vinculado a la crisis provocada por los abusos y abordó expresamente sus dimensiones sistémicas. Su desarrollo ha situado en primer plano la participación, la transparencia y la rendición de cuentas, precisamente para afrontar el abuso de poder. Si determinados aspectos de la organización eclesial favorecieron los abusos o su encubrimiento, la prevención no puede reducirse al castigo de los culpables, la elaboración de protocolos o los programas de formación. Todo eso es imprescindible, pero no suficiente. También hay que revisar las estructuras mediante las que se ejerce el poder, se adoptan decisiones y se exigen responsabilidades.

De ahí la trascendencia de la observación de León XIV. Si se rebaja la dimensión sistémica del problema, se corre el riesgo de debilitar también el fundamento de aquellas reformas encaminadas a incrementar el control del poder, la transparencia y la corresponsabilidad

De ahí la trascendencia de la observación de León XIV. Si se rebaja la dimensión sistémica del problema, se corre el riesgo de debilitar también el fundamento de aquellas reformas encaminadas a incrementar el control del poder, la transparencia y la corresponsabilidad.

Conviene, sin embargo, no atribuir al Papa una posición que todavía no ha formulado plenamente. El propio mons. Bätzing evita hacerlo. Su pregunta es mucho más precisa:¿reconoce León XIV que determinadas estructuras de la Iglesia han facilitado los abusos y su encubrimiento? Esa es la cuestión que requiere una respuesta.

Reconocer causas sistémicas no significa declarar culpable a un abstracto «sistema» para exculpar a los individuos. Cada abusador es responsable de sus actos. Significa preguntarse si existieron, además, mecanismos institucionales que facilitaron esos actos, dificultaron las denuncias, protegieron a los culpables o abandonaron a las víctimas. Y, si existieron, reconocer que la reparación y la prevención exigen transformar también esos mecanismos.

Obispo, laicos y religiosos, juntos en el Camino Sinodal (Archivo) | BIstum Essen

Por eso, el debate trasciende Alemania. Lo que está en juego no es únicamente el futuro del Camino Sinodal o hasta dónde el Vaticano permitirá avanzar determinadas reformas. La cuestión es bastante más profunda: si la Iglesia está dispuesta a extraer de la crisis de los abusos consecuencias no solo morales, penales y disciplinares, sino también institucionales y eclesiológicas.

Mons. Bätzing lo plantea sin rodeos en el texto: minimizar o negar las causas sistémicas supondría un grave retroceso, perjudicaría nuevamente a las víctimas y comprometería la credibilidad del esclarecimiento. Y recuerda un principio difícilmente discutible: la autoridad espiritual nunca puede quedar exenta de responsabilidad y supervisión.

Por eso, la disyuntiva «humano o sistémico» resulta falsa. El abuso es humano y, precisamente por serlo, puede volverse sistémico cuando determinadas estructuras de poder, culturas institucionales y mecanismos de encubrimiento facilitan que ocurra y dificultan que sea descubierto y perseguido.

¿Está dispuesto León XIV a avanzar hacia un ejercicio compartido y codecisivo del poder en la Iglesia?

Aquí se encuentra posiblemente una de las cuestiones que marcarán el pontificado de León XIV: qué lectura hará de la crisis de los abusos y, sobre todo, qué consecuencias estará dispuesto a extraer de ella sobre el ejercicio del poder en la Iglesia

Y aquí se encuentra posiblemente una de las cuestiones que marcarán el pontificado de León XIV: qué lectura hará de la crisis de los abusos y, sobre todo, qué consecuencias estará dispuesto a extraer de ella sobre el ejercicio del poder en la Iglesia.

Porque la cuestión decisiva no consiste finalmente en escoger una palabra. Consiste en decidir hasta dónde se quiere llegar. Si las causas fueron también sistémicas, la conversión no puede ser únicamente personal: tendrá que ser también institucional.

Y entonces emerge inevitablemente la gran cuestión pendiente: quién ejerce el poder en la Iglesia, cómo lo ejerce, ante quién responde y quién puede controlarlo. El Camino Sinodal alemán ha apostado por avanzar hacia formas de mayor participación, transparencia, rendición de cuentas y decisión compartida. Mons. Bätzing, ya como expresidente del episcopado alemán, ha continuado defendiendo una participación real de los fieles y la toma compartida de decisiones como elementos de la sinodalidad.

Quizá por ahí discurra, guste más o guste menos, una parte importante de la salida: un magisterio y un gobierno eclesial menos unilateral y más sinodal, participado y corresponsable, en el que el ejercicio de la autoridad no quede debilitado, sino sometido a transparencia, responsabilidad y control.

Porque después de lo aprendido con los abusos hay algo que resulta cada vez más difícil sostener: que todo deba cambiar, menos la manera de ejercer el poder que contribuyó a hacerlos posibles y a ocultarlos.

El debate no ha terminado. En realidad, no ha hecho más que empezar.

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