Especial Bergoglio: un año después
Vuelve a ver el webinar-homenaje al Papa Francisco

Buonaiuti: la hora de la rehabilitación

Ernesto Buonaiuti
Ernesto Buonaiuti
Luigi Sandri / L'Adige-Alto Adige
24 abr 2026 - 18:32

Hace ochenta años fallecía Ernesto Buonaiuti, uno de los principales exponentes del modernismo italiano, un sacerdote católico excomulgado por el Vaticano por «herejía» y expulsado de la universidad por el régimen fascista, pero a quien otros consideran un profeta. Olvidado durante décadas, hoy, casi un siglo después de su fallecimiento, es objeto de nuevos estudios, e incluso de propuestas —intraeclesiásticas— de rehabilitación

Nacido en 1881 en Roma, en el seno de una familia humilde, de joven ingresó en el Seminario romano del Apollinare, donde conoció a Angelo Giuseppe Roncalli, el futuro Juan XXIII. Fue ordenado sacerdote en 1903. Profundizó en Historia del Cristianismo en la Universidad de Roma y, con sus investigaciones e ideas, se topó con la férrea oposición de Pío X al modernismo, que aquel pontífice condenó con dureza en la encíclica «Pascendi dominici gregis» de 1907. Esa corriente histórico-filosófico-teológica, cuyos exponentes más ilustres fueron estudiosos ingleses, franceses e italianos (entre ellos el nuestro), sostenía que la Iglesia romana debía reconciliarse por fin con la ciencia para estar a la altura de los tiempos y, por tanto, evaluar con espíritu crítico el desarrollo a lo largo de los siglos del pensamiento cristiano y de la dogmática católica.

Libro de Buonaiuti
Libro de Buonaiuti

Buonaiuti se esforzó enormemente por difundir esas tesis, sobre todo después de que en 1915 obtuviera la cátedra de Historia del Cristianismo en esa misma universidad. Debido a sus opiniones, expresadas en conferencias públicas, pero consideradas teológicamente subversivas, fue castigado de diversas maneras por el Santo Oficio y, finalmente, en 1926 —reina ya Pío XI— fue excomulgado como «hereje vitando». El artículo 5 del Concordato de 1929 entre la Santa Sede e Italia, contra los eclesiásticos sancionados con censura grave, fue concebido, al parecer, para golpear en particular a Buonaiuti. En 1931 rechazó el juramento de fidelidad al fascismo y, por ello, perdió la cátedra. Durante la Segunda Guerra Mundial escondió en su casa a un joven judío.

En la posguerra se planteó, en Italia, el problema de su rehabilitación, pero los principales partidos, desde los demócrata-cristianos hasta los comunistas, no se atrevieron a tanto. En abril de 1946, cuando ya se encontraba moribundo, un prelado de la Curia le propuso la abjuración, pero él, aunque seguía proclamándose hijo de la Iglesia, no la aceptó. En el Concilio Vaticano II (1962-65) resonaron muchas de las ideas por las que Buonaiuti había sido excomulgado. Desde 2016, decenas de personalidades y grupos católicos han firmado un documento en el que se afirmaba: «Consideramos que la evolución de las sensibilidades político-sociales y religiosas, que ha llevado a revisar numerosas manifestaciones de intolerancia del pasado, constituye un clima favorable para su reevaluación». En este momento, las firmas de ese llamamiento han alcanzado las 500.

En 2024, el cardenal Matteo Zuppi, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana y arzobispo de Bolonia, celebró en su ciudad, aunque de forma bastante discreta, una misa de sufragio por Buonaiuti: ¿está la Iglesia quizá dispuesta a rehabilitar al «excomulgado»? Sería bonito, pero quién sabe si llegará el «mea culpa».

[L’Adige-Alto Adige, 20-4-26]

También te puede interesar

Lo último

stats