Cambio de época (I): Contexto
Una profundización del significado y alcance de la frase de Francisco 'cambio de época'; de su lucidez y propuesta profética invitando a pensar antes que juzgar; reflexionar antes que opinar; aceptar lo que es, antes de construir castillos en el aire
La expresión del título es una de las tantas del Papa Francisco y que forma parte de su original lista de enseñanzas magisteriales; originales por sintéticas y unívocas, por descriptivas y realistas.
Sin ser explosiva, esta afirmación viene a poner en palabras la percepción de Francisco sobre la realidad mundial actual que, como otras, fue resistida en su momento y que hoy, a 13 años de haber sido escrita, ya es aceptada y repetida por muchos, entre analistas, pensadores, políticos, empresarios y hasta miembros formales de la Iglesia jerárquica que en su momento renegaron del compromiso social que, con ese maravilloso atrevimiento, Francisco encaraba su tarea.
La expresión “cambio de época” fue plasmada en su documento fundante, Evangelii Gaudium, en noviembre de 2013, a ocho meses de haber sido elegido sumo pontífice.
Está expresada con la naturalidad de quien ve como evidente la situación y con la obviedad de quien entiende que ser Papa de la Iglesia católica no significa atender solo cuestiones hacia adentro sino estar con los pies en la tierra para iluminar el día a día con el único Evangelio de Jesucristo. Puede que por eso haya sido tan resistida entonces, cuando los exégetas de lo evidente comenzaron a darle entidad a los fantasmas de la ortodoxia mal entendida. Y, de paso, demorar el significado propio y adecuado de la tarea pastoral: el anuncio del Kerygma.
Si bien Francisco venía utilizando la expresión ya antes de ser elegido como el 266ª sucesor de San Pedro, es en el número 52 del documento citado donde, para referirse a la manera de abordar la tarea de la Iglesia, enmarca los nuevos tiempos con esa frase.
La referencia es a la realidad actual en todo el mundo, a su funcionamiento, a lo que va siendo prioridad y a la necesidad de no construirse un universo paralelo cargado de vacío espiritualismo barato sino a asumir las cosas tal y como son.
Forma parte del segundo capítulo de EG, que pretende describir el mundo en donde la Iglesia esta llamada hoy y siempre a anunciar el kerygma, “el corazón del Evangelio...la belleza del amor salvífico de Jesucristo muerto y resucitado” (36), objeto primero y último del documento programático del Papa argentino.
Luego la expresión sería utilizada muchas otras veces para enmarcar su mensaje, tanto de manera informal, en reportajes, entrevistas, conversaciones personales, como en documentos y mensajes magisteriales, por ejemplo cuando en diciembre de 2019 retoma el tema para dirigirse a la curia vaticana con un tono tan claro como específico.
La intención en este espacio es intentar una profundización del significado y alcance de la frase de Francisco; de su lucidez y propuesta profética invitando a pensar antes que juzgar; reflexionar antes que opinar; aceptar lo que es, antes de construir castillos en el aire.
La palabra “época” en el sentido que nos interesa, está claramente definida en la segunda acepción que propone el diccionario de la RAE.
Abordar la tarea de entender y afrontar su significado implica un esfuerzo de objetividad ante la reflexión sobre al menos parte de la historia de la humanidad, donde también se da la historia del amor de Dios por por cada hombre y mujer de toda época..
El descubrimiento del fuego significó un cambio de época; también el desarrollo de utensilios, armas, herramientas; metodizar los cultivos; adaptar la ayuda de algunos animales para la organización de tareas; el descubrimiento de la rueda, la creación de alfabetos, la invención de la imprenta, y así innumerables avances que permitieron a la humanidad desarrollarse, organizarse y expandirse.
La revolución industrial del siglo XIX es un ejemplo clarísimo de lo que significa un cambio de época.
Lo artesanal comenzaba a ser superado por la producción en serie, que permitía cubrir necesidades de manera más económica y en menos tiempo.
El desarrollo de las ciencias, tanto naturales como teóricas, poniendo el acento, por ejemplo en la medicina, la farmacéutica que se generó por derivación o la ciencia económica y de administración, son causa y efecto de ese mismo cambio de época.
Derivada de estos hechos históricos y todos demostrables, se profundizó la resignificación del dinero que dejaba de ser moneda de cambio para ser objeto deseado sobre todas las cosas y descubrir en él un poderoso recurso de poder.
Precisamente este hecho hace que deje de ser el trueque un modo de intercambio, el que implicaba a dos partes que necesitaban el uno del otro para cubrir necesidades.
Con el dinero como factor decisivo y objetivo absoluto, comienzan a desplazarse del centro las necesidades humanas de toda la comunidad para pasar a la negociación pura de quién puede acceder o no a los bienes y a cambio de qué, con condiciones impuestas por quienes poseían el bien más preciado.
De allí deriva la que hoy damos por supuesta lógica diferencia entre quien paga y quien recibe; quien pone las condiciones y quien, si no obedece, no accede a lo necesario.
Un mundo de ricos y otro de pobres, como si fuesen dos especies diferentes.
La diferencia de clases, empresarios poderosos y trabajadores minimizados e irrespetados en sus derechos humanos, las luchas, la creación de los sindicatos, la violencia institucionalizada, las ideologías por conveniencia (es decir no por convicción ni deseo de mejorar la sociedad sino de beneficiarse individual o sectorialmente) entre otros factores que habían sido parte de la historia siempre, se desarrollan vorazmente desde allí.
En ese espíritu debe leerse y entenderse la Rerum Novarum, por ejemplo; y todas las llamadas encíclicas sociales que la sucedieron.
Pero ocurrió lo lógico en un ambiente donde acceder al poder, a la comodidad y al respeto social era irresistible aunque implique inmoralidad y hasta amoralidad, con el argumento de “ser modernos”:
También en la Iglesia aparecieron quienes entendieron que pactar con el poder de turno, siempre primero económico y después político, era una oportunidad. Inclusive se utilizó y se utiliza aún el argumento de que debe haber curas para ricos y curas para pobres.
Se había iniciado con el emperador Constantino, sólo que ahora aseguraba poco esfuerzo e inmediatez de resultados. Allí aparecen los conceptos de derecha e izquierda, convirtiendo en ideología lo que siempre existió pero que encarnado se llaman “humanismo” y “mercantilismo”.
A este cambio de época que no deja de profundizar la grieta lastimando a toda la humanidad, donde a fuerza de pesadas cargas unos pocos se aprovechan de las necesidades de muchos, donde para el bien de un grupúsculo se ignoran las necesidades básicas de inmensas mayorías, es a la que se refiere Francisco en Evangelii Gaudium.
Y no como opinión del Papa sino como descripción de lo que sucede.
La propuesta de Francisco es -para encontrar nuevos modos de anunciar a Jesús- releer los signos de los tiempos a la luz del Evangelio, del magisterio que actualice la persona de Cristo y de la Tradición que deje constancia de que en cada tiempo la tarea de la Iglesia se define por la necesidad y los derechos de todos, preferentemente de los más pobres y necesitados o, en una palabra, lo que hizo y enseñó Jesucristo.
A esto la Iglesia llama Doctrina Social. De allí nace la Justicia Social como derecho profundamente humano.
En tiempos de urgencias difíciles de interpretar, que apuran a tener más y a pensar menos, a optar por ideas vacías en lugar de realidades tangibles, me permito sugerir la lectura mansa de la Exhortación Apostólica del papa Francisco Evangelii Gaudium. O al menos los números 50 al 70… y si suena pesado de antemano, los puntos 50 al 55.
Continuará … al menos esa es la intención.
