Carlo Acutis, un testigo de Dios para el mundo contemporáneo
"El influencer de Dios", el "ciberapóstol de la Eucaristía", "el santo de la red"
Mi experiencia en Asís
Debo comenzar por mi reciente viaje -de naturaleza espiritual- realizado a Asís (Assisi en italiano) Se percibe una atmósfera llena de una maravillosa vibración espiritual. Muchísimos peregrinos acuden de manera habitual a este lugar de culto franciscano. Las figuras de Francisco de Asís y Clara de Asís (dos santos fundamentales del siglo XIII que compartieron una profunda amistad espiritual y el ideal de pobreza extrema y radical, siguiendo el Evangelio) constituyen una peregrinación obligada para un cristiano que necesita seguir nutriendo su vivencia espiritual.
En esta ocasión, voy a trasmitir acerca de una personalidad que, en estos momentos, ocupa un significativo lugar de preferencia en el orden católico: Carlo Acutis. En diferentes ocasiones, he podido contemplar la exposición de su cuerpo en el féretro de la Iglesia de Santa María Maggiore. Impresiona observar la serenidad de su rostro. Sirvan estas páginas como homenaje a su figura.
"Estoy feliz de morir porque he vivido mi vida sin perder ni un minuto en cosas que no le gustan a Dios"
En un tiempo en el que internet, los videojuegos y todo tipo de comunicación digital forman parte de la vida diaria de los jóvenes, la figura luminosa de Carlo Acutis, un joven italiano que supo vivir una profunda amistad con Dios en medio del mundo digital se muestra con un renovado esplendor espiritual.
Aunque pudiera parecer paradójico, un mundo tan tecnológico y materialista que le tocó vivir, no le alejo de Dios. Las herramientas digitales se convirtieron para él en un medio para evangelizar y compartir la armonía de la fe. Su vida sirve de muestra para comprender que el sentido de santidad -entendido como ofrenda personal de amor incondicional- no pertenece solamente al pasado ni está reservada a personas extraordinarias; es una vocación posible también para cualquier persona -incluido los jóvenes- de nuestro tiempo.
Nuestro protagonista vino al mundo un 3 de mayo de 1991 en Londres, ciudad donde trabajaban sus padres (Andrea Acutis y Antonia Salzano, ambos italianos) aunque creció principalmente en Milán, Italia. Desde muy pequeño mostró una sensibilidad espiritual poco común. Sus padres no eran especialmente practicantes; el ejemplo de su hijo despertó en ellos un renovado interés por la fe.
Carlo tenía una relación muy cercana con Dios desde su infancia. Cuando tenía apenas siete años pidió recibir la Primera Comunión antes de lo habitual, algo que finalmente se le permitió debido a su profunda preparación y deseo de recibir a Jesús. Desde entonces desarrolló una convicción que repetiría a menudo:
"La Eucaristía es mi autopista hacia el cielo"
Para Carlo, la misa diaria no era una obligación, sino un encuentro de amor. Cada día buscaba tiempo para rezar, para visitar al Santísimo Sacramento y para hablar con Dios como se habla con un amigo, próximo, cercano, con auténtica sinceridad.
Podemos afirmar que el corazón de la espiritualidad de Carlo era la Eucaristía. Él estaba convencido de que en la hostia consagrada se encuentra verdaderamente Jesucristo. Por eso procuraba asistir a misa todos los días y dedicar momentos de adoración, con un verdadero sentido de entrega y participación, llena de gozo y felicidad.
Estamos inmersos en un mundo donde muchos jóvenes viven distraídos por múltiples estímulos. Para Carlo, el silencio ante Dios era fuente de paz y alegría. Su relación con Cristo no era teórica, sino profundamente personal. Estaba lleno de una maravillosa relación de unión plena, de conexión profunda.
La Eucaristía era una escuela de amor. Afirmaba que las personas permanecen frente a la televisión durante horas, pero muchas veces no son capaces de pasar unos minutos estableciendo una comunicación con la realidad espiritual que está tan próxima a su ser.
Esta conciencia lo llevó a realizar uno de sus proyectos más conocidos: una exposición digital sobre milagros eucarísticos. Utilizando sus habilidades informáticas, Carlo investigó y recopiló testimonios de milagros ocurridos a lo largo de la historia en diferentes países. Su objetivo no consistía en mostrar unos fríos datos de naturaleza estadística o científica; su misión principal consistía en poder ayudar a las personas a redescubrir la grandeza de la presencia de Cristo en la Eucaristía y, por extensión, en su vida.
Carlo tenía un talento especial para la informática. Aprendió programación de manera autodidacta y creó varios sitios web. En lugar de utilizar internet solo para entretenimiento, decidió transformarlo en una herramienta para anunciar el Evangelio.
Su proyecto sobre milagros eucarísticos se difundió por todo el mundo y ha sido presentado en miles de parroquias y comunidades. Este trabajo demuestra que la evangelización puede adoptar nuevas formas en la era digital.
Carlo comprendió algo muy importante: la tecnología en sí misma no es buena ni mala; todo depende del uso que se haga de ella. Cuando se pone al servicio de la verdad y del amor, puede convertirse en un instrumento para acercar a las personas a Dios, a una Divinidad próxima, cercana y amigable. Por esta razón, muchos lo consideran un modelo para los jóvenes del siglo XXI.
La vida de Carlo transmite varios mensajes importantes para nuestra sociedad:
1. El verdadero significado del compromiso de la santidad es posible hoy.
No es algo reservado para el pasado o para personas extraordinarias. Cada cristiano está llamado a vivir una relación profunda con Dios.
2. La tecnología puede ser un instrumento de evangelización.
Internet y las redes sociales pueden utilizarse para compartir la fe y construir una cultura del encuentro, del sentido profundo de espiritualidad.
3. La Eucaristía es el corazón de la vida cristiana.
Para Carlo, la comunión con Cristo era la fuente de toda alegría.
4. El amor al prójimo es inseparable del amor a Dios.
La fe se demuestra en gestos concretos de caridad, de comprensión, de amabilidad y acompañamiento. En definitiva: Una espiritualidad sencilla y profunda
La espiritualidad de Carlo no estaba basada en prácticas extraordinarias, sino en una vida cotidiana vivida con amor, con ilusión alegría y esperanza. Sus pilares espirituales eran:
-La misa diaria
-La adoración eucarística
-La confesión frecuente
-La oración del rosario
-Las obras de caridad
En 2006, cuando tenía apenas quince años, Carlo enfermó repentinamente de leucemia. La enfermedad avanzó con gran rapidez. Sin embargo, incluso en medio del sufrimiento, Carlo mantuvo una profunda serenidad y sentido de desprendimiento. Lejos de rebelarse contra su situación, ofreció su dolor por el Papa y por la Iglesia. «Ofrezco todo mi sufrimiento al Señor por el Papa -Benedicto XVI- y por la Iglesia para no ir al purgatorio, sino directamente al cielo»
Esta actitud revela una madurez espiritual sorprendente para alguien tan joven, tan lleno de vida. Poco antes de morir dijo a su madre que estaba feliz porque no había perdido tiempo en cosas que no agradan a Dios.
El martes 10 de octubre de 2006, Carlo pide recibir la Unción de los enfermos y la Eucaristía; tiene la absoluta certeza de que pronto realizará su partida terrenal. Al día siguiente, entró en coma por una hemorragia cerebral. Fue declarado clínicamente muerto a las 5:00 p.m. y su corazón dejó de latir cerca de dos horas después. El 12 de octubre de 2006 entregó su alma al creador.
Su cuerpo en 2019 fue trasladado hasta el Santuario de la Expoliación en la Chiesa di Santa María Maggiore (Iglesia de Santa María Mayor) antigua catedral de Asís. En ese lugar tan especial fue donde el joven Francisco se despojó, hasta la desnudez, de todos los bienes del mundo, para darse por entero a Dios y a la humanidad.
Una de sus peticiones más significativas hace referencia a que incorporemos el Evangelio en nuestra vida para que cada uno de nosotros pueda ser un faro que ilumine el camino de los demás.
Años después de su muerte, la figura de Carlo comenzó a difundirse rápidamente. Su vida tocó el corazón de miles de jóvenes que encontraron en él un ejemplo cercano y comprensible.
En 2020 fue beatificado por la Iglesia Católica durante el pontificado del papa Francisco. Desde entonces su devoción continúa creciendo en todo el mundo. el papa León XIV decretó en su primer consistorio ordinario público que Acutis sería canonizado el 7 de septiembre de 2025.
La historia de Carlo Acutis es una invitación a redescubrir la belleza de la fe cristiana en un mundo moderno demasiado agitado. En una cultura que a menudo busca la felicidad en lo superficial, Carlo señala un camino diferente: el encuentro personal con Cristo. Su vida demuestra que la santidad no depende de la edad, del talento o de la posición social. Lo único verdaderamente necesario es abrir el corazón a Dios y dejarse transformar por su amor, por su luz y su vibración.
Para muchos jóvenes del siglo XXI, Carlo es un compañero de camino. Su ejemplo muestra que se puede usar la tecnología sin perder el sentido de lo espiritual, que se puede vivir en el mundo sin olvidar el sentido de trascendencia, de eternidad.
Para Carlo, la muerte no era el final, sino un "encuentro/reencuentro con Jesús" y una transición a la verdadera vida, no algo de lo que sentir miedo. Su serenidad venía de una fe profunda y de saber que había cumplido con el propósito de su vida, aprovechando cada día para amar a Dios, según los testimonios de familiares, amigos y fuentes religiosas.
Como él mismo decía:
“La Eucaristía es mi autopista hacia el cielo”.
Este joven, lleno de fe y esperanza, nos recuerda que el verdadero destino del ser humano no es simplemente el éxito terrenal, sino la comunión eterna con la Divinidad.
