Carta abierta a sacerdotes de la Diócesis de Cádiz y Ceuta "¿De quién soy testigo?"

"Qué pena de Iglesia diocesana desmantelada de tantas cosas. Silenciada en sus sacerdotes, que lo consienten todo; pisoteada en sus seglares a los que no se les permite salirse del tiesto; anulada en la libertad de sus hijos para buscar la verdad"

Rafael Zornoza y Valdivia, en Cádiz
Rafael Zornoza y Valdivia, en Cádiz
Nicolás Fernández Muñoz
28 may 2026 - 12:21

Llama la atención vuestro silencio ante todo lo que ha sucedido estos años en nuestra Diócesis. Y llama la atención que aún ahora sigáis callados y mirando para otro lado. ¿Qué necesitáis para despertar, para alzar la voz, para no seguir mudos en esta parte de nuestra, vuestra “historia”? Me pregunto muchas cosas, algunas como: ¿Estáis esperando algún cargo, una posibilidad de escalar, medrar, subir el escalafón con el nuevo obispo, éste que apenas os conoce o el que esté por venir? ¿Dónde está el evangelio, ese mismo que conocéis y que predicáis cada domingo, como si no pasara absolutamente nada? Seguramente dejareis pasar de nuevo la ocasión para decir algo que realmente merezca la pena oír. Y, es más, posiblemente alguno estará pensando, que mejor sería que Rafael Vez entrara por todo lo que le digan, aunque pierda dignidad, con tal de que se pase página, no vaya a ser que eso os afecte a algunos. Justicia, Señor, pero por mi puerta, no.

Atrás han quedado el testimonio de muchos que os precedieron y fueron capaces de ser distintos, de no callarse ante las injusticias, de no consentir determinadas actitudes. El testimonio de los que estuvieron en la frontera, en las periferias, en donde nadie quería estar. Me parece que os habéis acomodado, os habéis conformado con lo poco o mucho que tenéis, y que nadie se fije en vosotros. Y, sin embargo, algunos esperábamos una palabra, un testimonio, un ejemplo, un algo distinto en vuestro actuar. Lamentablemente no ha sido así.

Rafael Vez Palomino
Rafael Vez Palomino

Que fácil es convertirse en funcionario de lo sagrado, en conformarse con el mínimo cuando podíais dar el máximo. Si ya sé que pensáis que para qué iba servir decir algo, o alzar la voz. Y permitidme que os recuerde algunas cosas que quizás habéis olvidado con el pasar del tiempo.

Decidisteis un día seguir a Jesús de Nazaret, alguien que se partió la cara por su gente, por la verdad, por la justicia, que luchó contra las injusticias. ¿Dónde ha quedado ese espíritu profético que se os concedió por el don del sacramento que recibieron? ¿Dónde ha quedado esa libertad que da el Espíritu para levantar la voz ante las injusticias, para señalar el pecado, el error, e intentar corregirlo? ¿Dónde ha quedado vuestro deseo de pisar las huellas del maestro de Nazaret? ¿Dónde habéis escondido vuestro espíritu de lucha, de defensa de los débiles, de luchar contra toda injusticia venga de donde venga?

Qué pena de Iglesia diocesana desmantelada de tantas cosas. Silenciada en sus sacerdotes, que lo consienten todo; pisoteada en sus seglares a los que no se les permite salirse del tiesto

Qué pena de Iglesia diocesana desmantelada de tantas cosas. Silenciada en sus sacerdotes, que lo consienten todo; pisoteada en sus seglares a los que no se les permite salirse del tiesto; anulada en la libertad de sus hijos para buscar la verdad, luchar contra lo que no es justo, y buscar la única verdad que nos hace libres, la de Jesús de Nazaret que no tuvo miedo de perder la vida, todo, por defender lo que era justo.

Os habéis conformado y adaptado a callar las injusticias que suceden en el interior de nuestra Iglesia. ¿Cómo vamos a creeros cuando denunciéis las injusticias de fuera? Si consentís y os conformáis con lo sucedido, ¿cómo vais a ser creíbles de aquí en adelante? 

Va siendo hora de que levantéis la voz. Los seglares lo necesitamos. Sois nuestros “pastores”, tenéis la misión de guiarnos. ¿Vais a seguir callados? ¿Vais a enseñarnos a conformarnos con lo que nos ha tocado? ¿realmente eso ha sido obra de Dios? ¿hasta cuándo va a durar ese silencio cómplice?

Entre nosotros, ustedes creen que esta actitud os hace ser dignos de un seguidor de Jesús, el Maestro, el Señor. Testigos del resucitado. ¿Qué Galilea es la vuestra?

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