Carta abierta de una víctima a Javier Tebas de Infovaticana: Quiénes son realmente Giuliana Caccia y Sebastián Blanco (y II)
Usted, Javier Tebas Llanas, tiene una predilección especial por Bertomeu. Como le dije en mi anterior carta, su pieza a batir es el Papa León XIV: “las conexiones entre INFOVATICANA y VOX son tan evidentes porque ambas pertenecen al mismo entramado que dirige el partido derecha y que ha tratado de impedir por todos los medios la elección del cardenal Robert Francis Prevost, como nuevo papa de la Iglesia católica” (El Plural, 9 de mayo de 2025).
Para sus particulares batallitas, Sr. Tebas, cualquier causa sirve. Sea inventada, forzada o manipulada. Como la causa que representan Giuliana Caccia y su cuñado desde hace poco más de año y medio Sebastián Blanco.
El origen del sabotaje de Caccia y Blanco a la “misión especial” Scicluna-Bertomeu: otra grabación no autorizada a Bertomeu
Hace un mes, en mi encuentro con monseñor Jordi Bertomeu en la Nunciatura de Lima, durante el "Canal de Primera Escucha" para las víctimas, le agradecí personalmente su labor. Sobre todo, quise animarlo ante el acoso mediático constante que recibe de Usted y de antiguos miembros y simpatizantes del Sodalicio.
Especialmente de Giuliana Caccia y Sebastián Blanco. También del abogado canonista Gonzalo Flores Santana, quien grabó sin permiso a Bertomeu dentro de la misma Nunciatura, demostrando su escasa ética profesional. Es la misma grabación que usted difundió con su toque difamatorio habitual, fundado en unas ‘’evidencias’’ que no son tales.
Caccia y Blanco se entrometen en la “misión especial” Scicluna-Bertomeu
Todo empezó con el artículo de Raúl Tola en La República del 29 de julio de 2023: "El comando de élite del Papa". Sin dar nombres, reveló que una ’militante ultracatólica activa en redes y su cuñado intentaron infiltrarse en la “misión especial”, presentándose ante Mons. Zummer, secretario de la Nunciatura, como víctimas del Sodalicio.
En el vídeo que usted tanto promociona, Giuliana Caccia afirma que nunca antes había comentado con nadie los supuestos abusos sufridos. No es así: ya los había publicado en redes. ¿En serio no lo sabe, señor Tebas? Caccia había librado toda una batalla campal de insultos en su cuenta de Twitter de la época. José Enrique Escardó, al que Usted e Infovaticana conocen bien, le podría dar mil y un detalles.
¿Ha leído usted los modos con los que Giuliana Caccia respondía? ¿Menciona acaso que el que hasta entonces era su esposo, Pablo De Vinatea, junto a sus acólitos, ofrecían en redes "sacarle la mierda" (es decir, pegarle) a Martín Scheuch, el autor de “Las Líneas Torcidas De Dios: 30 años en el Sodalicio de Vida Cristiana”, la próxima vez que estuviera por Lima?
Además, en ese mismo vídeo Giuliana confiesa que trabajó para el Sodalicio entre 2016 y 2019, es decir, inmediatamente después de que la Comisión Ética, convocada por la propia organización criminal, reconociera a más de cien víctimas. ¿Le parece serio omitir ese detalle tan relevante?
Por otra parte, ¿Le parece serio que ella se autoproclame “defensora de la vida”? ¿De qué vida? Evidentemente, solo de las vidas que se acomodan a su ideología.
El incómodo vínculo de Caccia con el Sodalicio y con el pastor Linares Cerôn y su "Con Mis Hijos No Te Metas"
Giuliana Caccia se convirtió en una figura visible y colaboradora de la secta abusiva “Sodalicio de Vida Cristiana”. Trabajaba para una empresa de esta sociedad de vida apostólica suprimida el 14 de abril de 2025 por Francisco.
Desde 2016, paso a paso, se iba haciendo un hueco, al precio que fuera, en el mundo de la ultra derecha peruana. Como comunicadora y activista agresiva, se presentaba como la principal defensora de la familia y opositora al enfoque de género en el currículo escolar peruano. Familia y derechos LGTB+. Un tándem en el que era experta.
Con el entusiasmo de toda conversa, Giuliana Caccia dio entrevistas, participó en balconazos y eventos públicos —como el del 15 de noviembre de 2018—, y colaboró en campañas contra la educación sexual integral y la "ideología de género". No era fundadora, pero sí una de sus principales defensoras mediáticas.
Hay un pequeño detalle que se le escapa, Sr. Tebas, en su defensa a la Sra. Caccia. No sé si sabe que la católica, apostólica y romana Giuliana Caccia se unió al colectivo “Con mis hijos no te metas”, fundado por José Luis Linares Cerón.
Este pastor protestante arrastra desde 2023 graves denuncias públicas por abusos sexuales sistemáticos, violación, maltrato físico y psicológico contra su propia hija desde que era niña (alrededor de los 7 u 8 años), e incluso por presuntos embarazos resultantes de esos abusos. Giuliana Caccia tiene un sorprendente talento para unirse con lo peor de la sociedad peruana, incluyendo al padre Omar Sánchez.
Pues no existe evidencia pública de que Caccia se haya manifestado empáticamente con la víctima del pastor Linares Cerón, su propia hija. De nuevo, el doble rasero. ¿Eso no le parece importante decírselo a sus lectores de Infovaticana?
Caccia y Blanco exigen perdón a Bertomeu, quien no cometió ningún ilícito, pero no son capaces de pedir perdón por no haberse puesto del lado de la víctima. Caccia, como consta en la red, nunca ha hecho el mínimo esfuerzo de desmarcarse públicamente del colectivo “Con mis hijos no te metas”.
Y para rematar, Giuliana Caccia evita mencionar que su actual segundo esposo, Ignacio Blanco, fue durante más de 20 años el secretario y la mano derecha de Figari en el gobierno del Sodalicio. Fue su asistente personal y, ¿sabe?, "nunca vio ni supo nada". ¿En serio? ¿A quienes quieren engañar?
Giuliana Caccia, a pesar de autoproclamarse ‘’defensora de la vida’’, mantiene aún una relación marital con quien carga en secreto responsabilidad en varios abusos cometidos por Figari. ¿En serio?
La Investigación vaticana: lo que Caccia y Blanco jamás entendieron
Volvamos a la “misión Scicluna-Bertomeu”. El lunes 24 de julio de 2023, Caccia y Blanco, presentándose como dos presuntas ‘víctimas’ (luego serían “víctimas de las víctimas del Sodalicio”), lograron una entrevista con Bertomeu en la Nunciatura. Lo hicieron el día antes que empezara oficialmente la “misión especial”.
Durante el encuentro, Bertomeu les aseguró que ‘’toda la información que aquí se diga es solo para el Santo Padre’’. Y era verdad. Pero aquello era también una investigación privada de la Iglesia. Una misión diplomática, acogida como tal por la Cancillería peruana y enviada por el mismo Papa. Aquella misión especial era una iniciativa del Papa por verificar si lo que le había dicho Pao Ugaz en una audiencia privada del 10 de noviembre de 2022 era cierto.
Ni Bertomeu ni Scicluna estaban autorizados para establecer ‘acuerdos de confidencialidad’ especiales con nadie. Como mínimo, lo hubieran tenido que hacer con documento escrito y ello no consta. Cualquier información que recibieran, antes de ser entregada al Papa, tenía que ser verificada. Esto es lo que no entendieron (o no quisieron entender) ni Caccia, ni Blanco, ni Bermúdez, ni Revoredo, ni tantos otros como Usted.
Caccia y Blanco, ‘ofendidos’ por el artículo de Tola publicado cuatro días después (que, por cierto, no daba ningún nombre), enviaron enseguida cartas notariales, citando frases enteras de su conversación con Bertomeu: ¿otra grabación hecha a escondidas, como Usted y Gonzalo Flores Santana?
¿Filtración de Bertomeu? Simple labor periodística de Ugaz y Salinas
Bertomeu no filtró nada. Ni Scicluna. Paola Ugaz y Pedro Salinas han explicado hasta el cansancio como llegaron a saber quién les había intentado difamar el día anterior a su entrevista con Scicluna y Bertomeu, durante la “misión especial”.
Les fue tan fácil como preguntar a los periodistas que aquellos días montaban guardia por los alrededores de la Nunciatura. Hay incluso fotos de ello. Revisando algunas de ellas, identificaron a la ya ‘famosa’ influencer Caccia y a su cuñado ‘Blanco’. Ninguna conspiración. Ninguna filtración. Solo trabajo serio.
¿Nos quieren excomulgar? El circo mediático de Caccia y Blanco
Dicen que ‘aconsejados por sus abogados’ (¿quizás también por Percy García Cavero, el mismo que para defender a su patrocinado el arzobispo Eguren incluso dedicó un libro tendencioso a Pedro Salinas?), Caccia y Blanco nunca hicieron el mínimo esfuerzo por escuchar las razones de monseñor Bertomeu cuando este les ofreció un segundo encuentro en la Nunciatura. El objetivo de estos dos activistas enviados por el Sodalicio, desde el primer momento, había sido otro: enredar y ensuciar la verdad de lo investigado.
Sin querer aceptar que aquella era una investigación privada del Vaticano, Caccia y Blanco actuaron con la marca registrada del Sodalicio: destruir reputaciones a golpe de querellas abusivas contra el enviado del Papa, monseñor Bertomeu (por cierto, todas ellas rechazadas desde el mismo inicio por los tribunales peruanos y vaticanos), vídeos difamatorios, insultos directos a las víctimas (incluidos a mí) y ataques al propio papa Francisco.
Más tarde llegó el episodio ‘’nos quieren excomulgar’’, que daría para varias cartas como esta. De momento quédese con los hechos: cansado de tanto obstruccionismo jurídico por parte de Caccia y blanco y del circo mediático de tres pistas que tenían montado, Francisco les amenazó (no les impuso, como quieren vender) con una excomunión. Luego, el Papa, convencido por algún colaborador (un día las víctimas también hablaremos de ello) de que estos dos por fin habían entendido la lección, les retiró el precepto penal. Una vez más, el Papa había sido engañado por Caccia y Blanco. Por el Sodalicio.
Ahora, Giuliana Caccia y Blanco continúan con sus bodrios que usted difunde con deleite. El último, protagonizado ante la ‘’pantera Rosa y el oso hormiguero’’, como ellos mismos se auto denominan.
Las víctimas reales no callaremos
Señor Tebas: esto no termina aquí. No por venganza, sino por amor a la verdad y por higiene pública. Seguiré desmontando cada falsedad, cada omisión, cada intento de convertir en falsas víctimas a quienes quisieron sabotear una investigación seria sobre abusos reales con un circo de tres pistas.
Para quienes leen sin contexto: el Sodalicio era una secta católica peruana, presente en otros seis países, sacudida por décadas de denuncias graves de abusos sexuales, espirituales, de poder, de conciencia. También abusos económicos, como dan fe los Comuneros de Catacaos. Cuando el Vaticano envió a sus mejores hombres a investigar, el Sodalicio de Jaime Baertl, José Antonio Eguren, Alejandro Bermúdez y otros reaccionó con su maquinaria de descrédito. No era ni es casual. Era simple defensa desesperada de un feudo que terminará cayendo.
La verdad duele. La mentira repetida hasta el hartazgo también tiene fecha de caducidad. Y esta fecha se acerca.
Con el dolor y la memoria intactos de quien vivió y aún sufre la secuelas del abuso.
