'Caso Rafael Vez': una propuesta con letra pequeña

"Aceptar la propuesta es además admitir que todo lo que denunció Rafael Vez no era cierto. Aceptar la propuesta es señalarse como un mentiroso. Aceptar la propuesta es confirmar que el obispo Zornoza, al que señala, tenía todo el derecho a ejecutar todas y cada una de las acciones que llevó a cabo durante su episcopado, en la forma y en el fondo, y que cuestionarlas fue un error por su parte"

Rafael Vez
Rafael Vez
Estefanía García
07 jul 2026 - 09:23

He escuchado algunos comentarios relacionados con el sacerdote Rafael Vez Palomino. Críticas sobre su decisión de no aceptar la propuesta realizada por el Administrador Apostólico que en la actualidad rige la diócesis de Cádiz y Ceuta y diatribas sobre los intereses que le han movido a rechazarla. Borrón y cuenta nueva es la propuesta, eso dicen, y se preguntan ¿Cómo es posible que rechace una bicoca tan generosa? ¿Es que no desea volver al ministerio?

Lo tildan de soberbio, de orgulloso, y el colmo de los observaciones, de interesado únicamente en el resarcimiento económico. Curiosamente esas críticas proceden de personas que nunca han descolgado el teléfono para llamarle y saber de él. Personas que no le conocen y que además desconocen los datos relevantes de un proceso, largo, tedioso, sórdido, pesado, que juega al desgaste, a la desesperación y que pesa cada día más precisamente porque parte de la maniobra consiste en convertir en culpable al que lucha contra la injusticia. Un proceso con desigualdad de contrincantes, como lo fue aquel David delante del enorme Goliat. Aunque en aquel pasaje todos nos posicionamos junto al frágil e ingenuo pastorcito que confiaba en Dios y que ganó limpiamente al opresor con su determinación y valor. Significativo es que ahora la mayoría ve a Goliat como un buen samaritano.

Rafael Vez y Ramón Valdivia
Rafael Vez y Ramón Valdivia

Ese samaritano tiende la mano, o eso se ha publicado, ofreciendo una propuesta que es, a simple vista, de lo más generosa por parte de la Iglesia, aunque habría que añadir que llega 6 años tarde, y eso por defecto ni es generoso ni misericordioso, sino de una tardanza intolerable por parte de quienes deben dar ejemplo de justicia y caridad. Pero lentitud aparte, dicha propuesta es injusta en sus condiciones, incompleta en las soluciones, parcial en las medidas y ciertamente ambigua en los puntos importantes. Es, ni más ni menos, que una propuesta con letra pequeña.

Pensando en las críticas que he escuchado, me doy cuenta de que la gente no habla de aquello que ha sucedido, no habla de lo que ha generado la suspensión cautelar que desde hace 6 años (repito) lleva padeciendo Rafael Vez. Y lo no hace porque no quiere recordar, porque es mejor no remover la porquería, seguir hacia adelante, cada uno con su vida y dejar en la cuneta a los que quedaron allí. No mirar atrás no sea que nos pase como a la esposa de Lot. Se reduce una trayectoria entera a un único punto para emitir un juicio que es, en sí mismo, un prejuicio, sofisticado y peligroso, en tanto en cuanto coarta nuestra propia libertad, presente y futura, para luchar contra lo injusto, y nos señala más que define a la persona señalada. Se ha creado una identidad a partir de un gesto que no se comprende porque no se conoce la totalidad de la historia. 

Rafael Vez Palomino somos todos
Rafael Vez Palomino somos todos

Un artículo, una publicación en redes, ha sido suficiente para convertir en severos acusadores a personas que prefieren criticar una postura, una lucha que paradójicamente, también en su momento fue su lucha, pero que entienden que ahora, muerto el perro ya no tiene mucho sentido combatir contra la rabia, aunque esa rabia haya dejado a muchos sin trabajo, sin hogar, apartados de la fe, expulsados de las parroquias, alejados de las catequesis, exiliados a otras diócesis, marginados en la esquina de los señalados, dañados en la creencia de una iglesia unida y justa, desilusionados en lo más hondo… ¡qué poca memoria tenemos! Preferimos rezar al Dios de las alturas a mirar al Jesús de las trincheras.

Aceptar la propuesta no es volver al ministerio sin más. Aceptar la propuesta, como digo, tiene letra pequeña.

Aceptar la propuesta es además admitir que todo lo que denunció Rafael Vez no era cierto. Aceptar la propuesta es señalarse como un mentiroso. Aceptar la propuesta es confirmar que el obispo Zornoza, al que señala, tenía todo el derecho a ejecutar todas y cada una de las acciones que llevó a cabo durante su episcopado, en la forma y en el fondo, y que cuestionarlas fue un error por su parte. Aceptar la propuesta es ser incongruente con su fe. Aceptar la propuesta es señalarse como un hipócrita que habla de cuidar al marginado pero que agacha la cabeza y se desdice de lo denunciado. Aceptar la propuesta es renunciar a la defensa del oprimido. Aceptar es negar que la verdad nos hace libres. Aceptar es tapar, mirar a otro lado, encubrir, ocultar, silenciar, esconder, tergiversar,… Aceptar la propuesta es transformarse en lo mismo que denuncia.

Realmente la tibieza es uno de los pecados más descarnados que existen. Nos diluye en la apatía más absoluta, lenta y silenciosamente. Nos acomoda en una religión infantil, con la profundidad justa para sentirnos bien sin implicarnos demasiado en las acciones incómodas. Paraliza nuestras creencias y nos transforma en católicos laxos, de oraciones elevadas, lengua rápida y viperina y manos estáticas.

Criticar la decisión del P. Rafael Vez sin ni tan siquiera indagar un poco, no digo en profundidad, todo lo que este proceso arrastra, todo los entresijos que lo conforman, la gran maraña que esconde y que realmente es tan difícil de esclarecer como de entender, es a mi modo de ver, como mínimo, una gran osadía. 

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