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Catequistas para la Cultura de la IA: Cuatro competencias indispensables para quienes acompañan la iniciación cristiana

La formación de catequistas requiere hoy incorporar competencias específicas para discernir, utilizar e integrar técnica y pastoralmente tecnología y asistentes de inteligencia artificial, preservando y fortaleciendo aquello que hace insustituible su servicio eclesial

La formación catequética ante la Cultura de la Inteligencia Artificial

La formación catequética ante la Cultura de la Inteligencia Artificial

La formación de catequistas constituye una responsabilidad decisiva de las Iglesias particulares. La preparación bíblica, doctrinal, litúrgica, espiritual, pastoral y pedagógica sostiene a quienes acompañan a niños, jóvenes y adultos en procesos de iniciación cristiana y preparación sacramental. Ese importante fundamento conserva toda su vigencia y, en la Cultura de la Inteligencia Artificial, necesita enriquecerse con nuevas capacidades. El desafío que veo y propongo es sencillo pero vital: la formación de los catequistas que acompañan procesos de iniciación en la fe y preparación sacramental requiere hoy incorporar competencias específicas para discernir, utilizar e integrar técnica y pastoralmente tecnología y asistentes de inteligencia artificial, preservando y fortaleciendo aquello que hace insustituible su servicio eclesial.

En estas páginas la atención se concentrará deliberadamente en el catequista que acompaña la iniciación cristiana y la preparación a los sacramentos. Esta delimitación no pretende reducir el significado más amplio que el Magisterio atribuye al catequista, cuya misión abarca diversas etapas de la transmisión y maduración de la fe. Permite, en cambio, formular con precisión una pregunta pastoral inmediata, ¿qué necesita aprender hoy quien acompaña sacramentalmente a personas que ya buscan información, aprenden, producen contenidos y formulan preguntas dentro de ambientes mediados por inteligencia artificial?

La delimitación sacramental es teológicamente significativa. Catechesi tradendae recuerda que la catequesis está intrínsecamente vinculada a la acción litúrgica y sacramental y que una forma eminente de catequesis es precisamente la que prepara a los sacramentos.[1]

León XIV firma su esncíclica Magnifica humanitas

Hoy día, y quizás siempre lo fue, preparar a personas para el Bautismo, la Eucaristía, la Confirmación, el Matrimonio o cualquiera de los procesos de iniciación de adultos implica mucho más que transmitir conceptos religiosos, supone introducir en una forma de vida creyente, en la oración, en la comunidad eclesial y en una comprensión vital de los signos sacramentales. La llegada de la IA toca directamente este proceso porque modifica las mediaciones cognitivas y comunicativas con las que las personas se aproximan a esos contenidos y experiencias.

El papa Francisco había advertido en Christus vivit que el ambiente digital afecta profundamente la percepción de uno mismo, de los demás, del tiempo y del espacio, así como los modos de comunicar, aprender, informarse y relacionarse. La presentación oficial del Directorio para la Catequesis llevó esta constatación directamente al campo catequético al describir la “Cultura Digital” como un fenómeno global que transforma la identidad, las relaciones y los modelos de comunicación y formación.[2] La inteligencia artificial intensifica ese proceso. Conviene recordar que, Magnifica Humanitas afirma que la digitalización y la IA están transformando rápidamente nuestro mundo y que los planes formativos concebidos para otra época pueden quedar pronto desactualizados.[3]

La cuestión pertenece ya al presente. Los catequistas acompañan hoy a personas que viven dentro de esta cultura, por lo tanto, la respuesta pastoral más fecunda consiste en enriquecer su formación para que puedan habitarla cristianamente, aprovechar sus posibilidades y ayudar a otros a discernirlas.

De los principios a las competencias: una propuesta formativa para la catequésis

Francisco, al instituir el ministerio laical de Catequista mediante Antiquum ministerium, pide para quienes lo reciben una adecuada formación bíblica, teológica, pastoral y pedagógica. Aunque el documento se refiere específicamente al ministerio instituido, su criterio formativo ilumina una convicción más amplia: la competencia catequética requiere formación integral y permanente.[4]La alfabetización en IA Generativa puede incorporarse transversalmente a ese horizonte.

Es importante tener como principio fundamental que por “alfabetización en IA Generativa” se debe entender por algo mucho más exigente que solamente aprender a formular una consulta. Esta formación mínima indispensable debe incluir comprender de manera elemental cómo operan los sistemas generativos, saber interactuar críticamente con ellos, saber evaluar y verificar sus respuestas, reconocer límites y sesgos, proteger datos personales, discernir cuándo su utilización favorece el proceso catequético y en que partes del proceso o metodología es adecuado prescindir de ella.

Prefiero hablar de “asistentes de inteligencia artificial generativa” porque el término describe mejor la interacción contemporánea que la imagen de una herramienta pasiva.

La expresión es funcional, es decir, no atribuye personalidad ni agencia moral al sistema. Antiqua et nova recuerda que la responsabilidad moral pertenece a la persona humana y que los sistemas de IA reciben de seres humanos sus fines y condiciones de utilización.[5]

UNESCO ofrece un precedente útil mediante su AI Competency Framework for Teachers, que organiza quince competencias en cinco dimensiones:

- perspectiva centrada en el ser humano.

- ética de la IA.

- fundamentos y aplicaciones,

- pedagogía de la IA

- utilización de la IA para el aprendizaje profesional.[6]

Evidentemente, la catequesis posee identidad y finalidad propias, pero este marco dado por la UNESCO puede considerarse complementario y confirma una intuición relevante, ya que, quienes acompañan procesos formativos necesitan hoy competencias específicas para actuar responsablemente en ambientes mediados por IA.

Desde esta perspectiva, básica, pero indispensable sugiero que la formación diocesana de catequistas tenga como mínimo 4 competencias que permitan traducir convicciones teológicas en capacidades que pueden enseñarse, ejercitarse y evaluarse sin convertir la catequesis en una lógica meramente técnica, ni una mini teología sistemático doctrinal, por lo que cada competencia integra conocimiento, juicio, práctica y disposición espiritual.

Cristo e IA

1. Competencia relacional, testimonial y comunitaria: encuentro, testimonio y pertenencia eclesial

La finalidad de la catequesis es radicalmente Cristocéntrica: conducir a la persona hacia la comunión y la intimidad con Jesucristo y acompañarla en una vida sacramental realmente comprendida y vivida. Esta centralidad constituye el centrum et fundamentum de toda auténtica acción catequética.[7] Precisamente por ello, aun tratándose de una afirmación fundamental, resulta necesario reiterarla cuando determinadas debilidades en la formación de los catequistas pueden contribuir a desdibujar la centralidad de Cristo y, con ello, a alterar la comprensión misma de la identidad y finalidad de la catequesis. Antiquum ministerium describe al catequista como “testigo de la fe, maestro y mistagogo, acompañante y pedagogo”,[8] una formulación que sitúa la dimensión relacional, testimonial y mistagógica en el corazón mismo de su identidad y de su servicio eclesial.

Un asistente de IA puede colaborar en la preparación de una sesión, sugerir preguntas, reorganizar una explicación, adaptar un lenguaje, proponer una dinámica o adaptar la metodología. El catequista aporta la experiencia creyente, el conocimiento concreto de las personas, la comunión eclesial y el testimonio desde el cual esas posibilidades reciben orientación pastoral. La fórmula puede expresarse con sencillez, cuanto mayor sea la capacidad tecnológica disponible, mayor debe ser el cuidado de la calidad del encuentro humano, la compatibilidad y complementariedad debe pasar a ser algo de suyo propio o realmente natural.

La IA puede contribuir eficazmente a organizar, explicar y ampliar contenidos acerca de Jesucristo, potenciando los recursos ya disponibles para la formación, pero es el catequista quién está llamado a dar testimonio de una vida transformada por el encuentro con Él y a acompañar desde esa experiencia creyente y testimonial el camino de quienes le ha sido confiado donde se da el cumplimiento de la ecuación en nuestra actual era.

Esta competencia posee además una dimensión mistagógica. Quien prepara para los sacramentos acompaña a reconocer en signos, palabras, gestos, comunidad y celebración una realidad que desborda la información disponible. El asistente está listo para contribuir a explicar el significado de un símbolo, reconstruir un contexto bíblico o sugerir una actividad, la integración espiritual de esos elementos acontece dentro de una experiencia eclesial sostenida por la presencia, la escucha y el testimonio. Precisamente por ello, una mejor asistencia tecnológica puede liberar tiempo y energía para aquello que exige mayor presencia humana y que es el trasfondo fundamental de la catequesis.

Esta competencia posee también una dimensión explícitamente comunitaria, ya que en una cultura donde numerosas formas de aprendizaje e interacción pueden realizarse individualmente mediante dispositivos y entornos digitales, la catequesis debe fortalecer deliberadamente la experiencia presencial de comunidad. La catequesis sacramental debe favorecer que quienes recorren juntos un itinerario de iniciación no concluyan su vinculación eclesial con la celebración del sacramento, sino que sean motivados y acompañados a incorporarse progresivamente a pequeñas comunidades y espacios estables de vida parroquial.

Quienes participan en la preparación bautismal, puedan incorporarse a grupos de padres, padrinos o familias vinculados a la vida parroquial,[9] los niños que reciben la Primera Comunión pueden encontrar continuidad en grupos pastorales infantiles, los adolescentes que celebran la Confirmación, en comunidades prejuveniles o juveniles. De este modo, la preparación sacramental se integra en un proceso permanente de evangelización, pertenencia, maduración y compromiso con la fe y la comunidad eclesial. Por lo tanto, esta será una excelente oportunidad para que las diócesis formen a catequistas y responsables pastorales para saber cómo generar, acompañar y sostener estas transiciones comunitarias, evitando que entre una etapa sacramental y otra se produzcan vacíos pastorales que debiliten la vinculación con la comunidad eclesial.

2. Competencia de interacción crítica con asistentes de IA generativa: potenciar sin delegar

La pregunta formativa central sería, ¿qué puede hacer mejor el catequista mediante esta asistencia, conservando personalmente aquello que pertenece a su responsabilidad espiritual y pastoral?

Las posibilidades son amplias. Puede solicitar alternativas para grupos de edades diferentes, adaptar ejemplos al contexto cultural, explorar nuevas dinámicas, comparar formulaciones, preparar preguntas para el diálogo, facilitar traducciones o buscar modos de integrar a personas con necesidades diversas de aprendizaje y estas respuestas responden a las más comunes preguntas que los catequistas suelen tener en sus programas de formación. También puede utilizar un asistente como punto de partida para su formación permanente, identificando documentos, autores o cuestiones que después deberá estudiar en sus fuentes originales, incluso vale consignar en este apartado que puede descubrir aquellas que no sabe, que le so confusa o que tiene información incompleta para poder buscar aquello que le complementara lo inacabado. La finalidad es potenciar iniciativa, creatividad y capacidad de preparación.

Esta competencia incluye también el aprender a detener la asistencia. El pensamiento, la oración, el discernimiento, la escucha de la Palabra, el juicio pastoral y la responsabilidad por lo enseñado permanecen indivisiblemente en el catequista. Magnifica Humanitas formula un criterio de particular importancia: educar en el uso de la IA significa también educar para decidir “cuándo y para qué no utilizarla”.[10] Esa libertad frente al asistente constituye una señal de madurez y de buena alfabetización tecnológica.

3. Competencia de verificación y discernimiento: verdad, fuentes y responsabilidad

En catequesis, la calidad formal de una respuesta jamás puede funcionar como criterio suficiente de verdad. Antiqua et nova advierte que los sistemas actuales pueden producir información distorsionada o fabricada y explica el fenómeno de la “alucinación”, en el que un contenido plausible no corresponde a la realidad.[11]Por ello, la formación catequética necesita incorporar una disciplina explícita, nunca confundir o dar por sentado una respuesta bien escrita con una respuesta verdadera.

Pero esto se debería estar haciendo siempre, por ejemplo, una cita bíblica se comprueba confirmándola en la Escritura, una afirmación magisterial, en el documento correspondiente; una frase patrística o teológica, en una fuente verificable. Damos por hecho que lo mismo vale para datos históricos, imágenes, estadísticas e interpretaciones.

Este hábito puede convertirse además en una oportunidad catequética, enseñar a los catequizando a preguntar de dónde procede una afirmación, qué fuente la sostiene, qué interpretación adopta y cómo puede comprobarse. Por lo tanto, la Cultura de la Inteligencia Artificial puede fortalecer así una pedagogía cristiana de la verdad, la responsabilidad intelectual y el discernimiento.

4. Competencia inclusiva y misionera: accesibilidad, protección e intergeneracionalidad

Los asistentes de IA pueden ampliar las posibilidades de adaptación lingüística, diversificación de explicaciones y preparación de materiales para comunidades culturalmente plurales. Esta capacidad resulta especialmente prometedora en parroquias donde conviven generaciones, lenguas, experiencias migratorias y niveles muy distintos de alfabetización digital e incluso de alfabetización general básica.

La formación puede convertirse además en una experiencia intergeneracional donde catequistas jóvenes familiarizados con entornos digitales pueden acompañar a catequistas de mayor edad en el aprendizaje tecnológico, incluso no catequistas, también acá hay un espacio de coparticipación para los de la pastoral con adolescente o juvenil, ya sean miembros o el liderazgo, estos pueden compartir experiencia pastoral, memoria eclesial, naturalidad del uso, prudencia y conocimiento de la comunidad. Este intercambio va a fortalecer la corresponsabilidad y evitara que la alfabetización tecnológica produzca nuevas periferias dentro de la propia comunidad.

Esta competencia exige también protección. Quienes acompañan a menores necesitan criterios claros sobre privacidad, datos personales y salvaguardia, conforme a las normas civiles y eclesiales aplicables. Magnifica Humanitas concede una atención particular a la responsabilidad de los adultos y de las instituciones ante la vulnerabilidad de niños y jóvenes en ambientes digitales.[12] La inclusión tecnológica auténtica requiere que la ampliación de capacidades vaya unida al cuidado concreto de las personas más vulnerables.

León XIV invita a formarnos para vivir humanamente en el mundo digital “como parte integrante de la educación en la fe” y lo presenta como un “nuevo continente por evangelizar”. En su saludo a los misioneros digitales había formulado además un criterio decisivo: “No se trata simplemente de generar contenido, sino de crear un encuentro entre corazones”.[13] Esta orientación ofrece una medida propiamente catequética de toda innovación.

De las competencias a la responsabilidad diocesana permanente

Las consecuencias para la formación diocesana son concretas. El paso de principios generales a competencias ofrece a los responsables de formación una arquitectura aplicable, cada diócesis puede y debería definir niveles iniciales y progresivos, establecer criterios mínimos de verificación y salvaguardia, ofrecer prácticas acompañadas y revisar periódicamente sus contenidos a medida que evolucionen los sistemas. La propuesta no exige uniformidad mundial, sino que exige capacidad institucional de actualización que conserve estable el núcleo de la fe y mantenga flexible la mediación pastoral.

Los itinerarios iniciales y permanentes pueden integrar estas cuatro competencias mediante ejercicios reales, preparación de una sesión con asistencia de IA, comparación entre una respuesta generada y las fuentes oficiales, adaptación de un mismo contenido para edades, lenguas o necesidades diferentes, identificación de datos que nunca deberían introducirse en un sistema y discernimiento de momentos en los que la presencia, el silencio, la oración o la conversación personal requieren dejar el asistente a un lado.

Magnifica Humanitas pide formación continua capaz de dialogar de manera positiva, responsable, crítica y creativa con las nuevas tecnologías.[14] Para la catequesis sacramental esa llamada tiene carácter inmediato. La Cultura de la Inteligencia Artificial amplía, potencia y enriquece el horizonte formativo del catequista precisamente porque exige desarrollar con mayor profundidad su capacidad de acompañar, discernir, verificar, crear e incluir.

La oportunidadhistórica que tenemos hoy consiste en que debemos tener programas que hoy ya sean capaces de formar catequistas usando eficientemente los asistentes de IA sin delegar su vocación, catequistas técnicamente más eficientes y espiritualmente más conscientes, catequistas que sepan acceder proactivamente a más recursos y, al mismo tiempo, mirar mejor el rostro concreto de quien acompañan, porque la evangelización ocurre hoy, los sacramentos se preparan hoy y las personas a quienes servimos ya están viviendo en esta cultura.

Formar a personas para el encuentro con Cristo exige formar también a quienes las acompañan para habitar la actual Cultura de la Inteligencia Artificial con inteligencia, esperanza, creatividad y madurez cristiana, manteniendo en el centro aquello que da identidad a toda catequesis, el encuentro con Cristo, la vida de la comunidad eclesial y la experiencia sacramental de la fe.

Comprobación

Bibliografía

Dicasterio para la Doctrina de la Fe y Dicasterio para la Cultura y la Educación. Antiqua et nova: Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana. 28 de enero de 2025. https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_ddf_doc_20250128_antiqua-et-nova_sp.html.

Francisco. Antiquum ministerium: Carta apostólica en forma de motu proprio con la que se instituye el ministerio de Catequista. 10 de mayo de 2021. https://www.vatican.va/content/francesco/es/motu_proprio/documents/papa-francesco-motu-proprio-20210510_antiquum-ministerium.html.

Francisco. Christus vivit: Exhortación apostólica postsinodal a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios. 25 de marzo de 2019. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20190325_christus-vivit.html.

Juan Pablo II. Catechesi tradendae: Exhortación apostólica sobre la catequesis en nuestro tiempo. 16 de octubre de 1979. https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae.html.

León XIV. Magnifica Humanitas: Carta encíclica sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. 15 de mayo de 2026. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html.

León XIV. “A los influencers y misioneros digitales.” 29 de julio de 2025. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/july/documents/20250729-missionari-digitali.html.

Miao, Fengchun, and Mutlu Cukurova. AI Competency Framework for Teachers. UNESCO, 2024. https://www.unesco.org/en/articles/ai-competency-framework-teachers?hub=66903.

Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. “Conferencia de presentación del Directorio para la Catequesis elaborado por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.” 25 de junio de 2020. https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2020/06/25/pontif.html.

Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. Directorio para la Catequesis. Libreria Editrice Vaticana, 2020. https://evangelizacion.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2022/11/DIRECTORIO-PARA-LA-CATEQUESIS-2022.pdf

Notas

[1] Juan Pablo II, Catechesi tradendae: Exhortación apostólica sobre la catequesis en nuestro tiempo (16 de octubre de 1979), n. 23.

[2] Francisco, Christus vivit: Exhortación apostólica postsinodal a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios (25 de marzo de 2019), n. 86; Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, “Conferencia de presentación del Directorio para la Catequesis”, 25 de junio de 2020.

[3] León XIV, Magnifica Humanitas: Carta encíclica sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial (15 de mayo de 2026), nn. 4, 145.

[4] Francisco, Antiquum ministerium, n. 8; Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Directorio para la Catequesis, nn. 131, 135.

[5] Dicasterio para la Doctrina de la Fe y Dicasterio para la Cultura y la Educación, Antiqua et nova: Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana (28 de enero de 2025), nn. 39-45.

[6] Fengchun Miao and Mutlu Cukurova, AI Competency Framework for Teachers (UNESCO, 2024).

[7] Juan Pablo II, Catechesi tradendae, nn. 5, 23.

[8] Francisco, Antiquum ministerium, n. 6.

[9] Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Directorio para la Catequesis (Libreria Editrice Vaticana, 2020), nn. 88-89, 370.

[10] León XIV, Magnifica Humanitas, n. 140.

[11] Dicasterio para la Doctrina de la Fe y Dicasterio para la Cultura y la Educación, Antiqua et nova, nn. 84-86.

[12] León XIV, Magnifica Humanitas, nn. 141-42.

[13] León XIV, Magnifica Humanitas, n. 238; León XIV, “A los influencers y misioneros digitales”, 29 de julio de 2025.

[14] León XIV, Magnifica Humanitas, n. 145.

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