De la cautela ante Hitler a la tibieza ante Vox y Le Pen: ¿está la Iglesia repitiendo errores del pasado?
Mientras los obispos alemanes levantaron en 2024 un “muro cortafuegos” contra la Alternativa para Alemania (AfD), sus homólogos españoles y franceses optan por una postura más dialogante y prudente ante Vox y la Rassemblement National. Casi un siglo después del ascenso del nazismo, cuando la jerarquía católica alemana priorizó el Concordato y la cautela sobre la condena frontal, surge de nuevo el debate: ¿es esta tibieza pastoral una legítima caridad evangélica o una omisión peligrosa que podría convertir a la Iglesia en cómplice indirecta ante posibles violaciones de derechos humanos?
La historia de la Iglesia católica en el siglo XX está marcada por episodios complejos de relación con los totalitarismos. Uno de los más debatidos es la actitud de los obispos alemanes durante el ascenso y consolidación del nazismo en los años treinta. Casi un siglo después, las conferencias episcopales europeas enfrentan nuevos desafíos con partidos de derecha nacionalista y populista.
La comparación revela evoluciones significativas, pero también diferencias notables según el contexto nacional, y plantea con fuerza la cuestión de si algunas posturas actuales pueden considerarse tibias e incluso generar complicidad moral.
Los obispos alemanes ante el nazismo: cautela y concordato
En los primeros años de la década de 1930, los obispos católicos alemanes no emitieron una condena unánime y frontal contra el Partido Nacionalsocialista. Aunque algunos prelados, como el cardenal Michael von Faulhaber, habían advertido contra el racismo neopagano y el culto a la raza, la jerarquía adoptó en general una postura prudente.
Tras la llegada de Hitler al poder en enero de 1933 y la firma del Reichskonkordat en julio de ese año, los obispos levantaron las prohibiciones previas a la militancia católica en el partido. El acuerdo buscaba proteger escuelas, asociaciones y la autonomía eclesial. Las razones fueron el miedo al comunismo ateo, el sentimiento nacionalista compartido y la esperanza de que el régimen respetara el pacto. Solo en 1937, con la encíclica Mit brennender Sorge de Pío XI, se produjo una condena explícita. Esta aproximación priorizó la defensa institucional, algo que ha sido muy criticado posteriormente como una forma de complicidad pasiva ante el antisemitismo y los crímenes que vendrían.
La posición actual de los obispos alemanes: un “muro cortafuegos” contra la Alternativa para Alemania (AfD)
En marcado contraste, en 2024 la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) declaró la incompatibilidad entre el apoyo a la Alternativa para Alemania (AfD) y la militancia católica, levantando un “muro cortafuegos” organizativo y moral. Esta dureza refleja el trauma histórico del nazismo y una clara voluntad de no repetir errores pasados.
La postura de los obispos en la Unión Europea: diálogo antes que condena
Según informó la Katholische Nachrichten-Agentur (KNA) el 21 de mayo, los obispos de la Unión Europea, a través de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE), no planean una declaración de incompatibilidad similar a la alemana. Manuel Barrios Prieto, secretario general de COMECE, señaló tras reunirse con el papa León XIV que el tema del populismo surgió y el Pontífice instó a “proclamar claramente el Evangelio”. Sin embargo, ni la “remigración” ni la decisión alemana contra la AfD fueron mencionadas como modelo. Barrios reconoció que la AfD es un “caso especial”, aunque otros partidos como Vox en España también defienden ideas inaceptables para la Iglesia, pese a tener vínculos con sectores católicos.
Los obispos franceses: escuchar para convencer
En Francia, la línea es aún más dialogante. Antoine Hérouard, arzobispo de Dijon y vicepresidente de COMECE, indicó que no buscan regulaciones comparables respecto a la Rassemblement National (RN) de Marine Le Pen. Reconocen “ideas no compatibles” con el Evangelio, pero prefieren escuchar los miedos y motivaciones de los católicos que votan o militan en estas formaciones, para luego explicar las contradicciones con el mensaje cristiano. Hérouard vinculó la dureza alemana al peso de la historia nazi, mientras que en Francia prima el enfoque pastoral. Esto coincide con el mensaje del papa León XIV: los obispos no son políticos, sino anunciadores del Evangelio.
Los obispos españoles frente a Vox: confrontación abierta pero ¿tibia?
En España, la relación con Vox es más tensa. La Conferencia Episcopal Española ha rechazado la “prioridad nacional” en políticas migratorias, calificándola de discriminatoria. Han respondido con dureza a acusaciones de Santiago Abascal y varios obispos han calificado de xenófobos o incompatibles con el cristianismo ciertos discursos del partido. El papa León XIV ha expresado preocupación por el auge de la ultraderecha en España.
¿Puede considerarse tibia esta posición? En cierta medida, sí. Aunque los obispos españoles han sido verbalmente firmes en defensa de la doctrina social (acogida al migrante y dignidad universal), no han emitido una declaración formal de incompatibilidad como los alemanes con la AfD, ni han aplicado medidas disciplinarias organizativas. Mantienen canales de diálogo abiertos y evitan una confrontación total.
¿Puede esa tibieza convertir a los obispos en cómplices de violaciones de derechos humanos?
Algunos analistas y críticos argumentan que sí, al menos indirectamente. Los argumentos principales son:
- Normalización de discursos radicales: Al no marcar límites claros y organizativos, los obispos podrían contribuir a que ideas como la “remigración” masiva, la prioridad étnica/nacional extrema o la estigmatización generalizada de inmigrantes se vuelvan socialmente aceptables, incluso entre católicos. Esto podría facilitar políticas concretas de devoluciones forzadas, detenciones prolongadas o externalización de asilo que, según organizaciones como ACNUR o Human Rights Watch, conllevan riesgos reales de refoulement (devolución forzada a lugares inseguros) y violaciones de la dignidad humana.
- Abandono de los más vulnerables: Muchos inmigrantes, especialmente los más pobres o perseguidos, forman parte del “prójimo” que el Evangelio exige defender. Una postura excesivamente prudente y dialogante podría interpretarse como indiferencia moral ante el sufrimiento real de estas personas, dejando sin voz profética a los débiles.
- Paralelo histórico: Al igual que la prudencia de los obispos alemanes en los años treinta contribuyó indirectamente a la consolidación del nazismo al no oponerse con mayor firmeza desde el principio, la tibieza actual podría tener costes morales graves si las políticas migratorias se endurecen hasta cruzar umbrales éticos claros.
Reflexiones finales
La Iglesia de hoy actúa en un contexto muy distinto al de los años treinta: no enfrenta una amenaza totalitaria comparable. Esto permite, en teoría, adoptar posturas más firmes y decididas. Sin embargo, la tibieza percibida en España y especialmente en Francia plantea un dilema clásico: ¿cómo equilibrar la profecía evangélica con la caridad pastoral y la prudencia? Y, más gravemente aún, ¿en qué punto la prudencia se convierte en omisión culpable?
El papa León XIV parece marcar una vía media: proclamar el Evangelio sin ambigüedades ante ideologías que reducen a la persona a categorías étnicas excluyentes, pero sin convertir a la Iglesia en un actor político partidista. La historia muestra que la prudencia excesiva también tiene costes elevados. En una Europa polarizada por la inmigración, la seguridad y la identidad, la voz de los obispos sigue siendo observada con especial atención. El desafío sigue siendo el mismo: discernir con coraje profético, evitando tanto el silencio ante posibles injusticias como el activismo ideológico que ignora realidades complejas. La lección del pasado invita a la Iglesia europea a no repetir acomodaciones que luego resulten costosas, pero también a no olvidar que su misión principal no es ganar batallas políticas, sino anunciar a Cristo con verdad y caridad integral.
La Iglesia tiene el deber ineludible de proteger con firmeza a quienes puedan ser objeto de discriminación o exclusión por parte de partidos ultraderechistas, especialmente migrantes, minorías religiosas y personas en situación de vulnerabilidad. No se trata solo de proclamar principios generales, sino de levantar la voz con claridad profética cuando discursos y políticas ponen en riesgo la dignidad inviolable de todo ser humano, sin excepciones. La lección dolorosa de los años treinta no es solo evitar el silencio ante el mal, sino recordar que la omisión ante el sufrimiento de los más débiles termina convirtiéndose en complicidad histórica. En una Europa cada vez más polarizada, la Iglesia no puede permitirse ambigüedades estratégicas. Su misión es ser luz y sal: defender sin titubeos la dignidad de todos, especialmente de los descartados, aunque ello implique perder simpatías políticas o fieles. La verdad del Evangelio no es negociable.
