Ceuta nos interpela: Cuando el miedo no puede convertirse en odio

La reflexión de una mujer de Ceuta que vive en Xestoso ante la manifestación de hoy: "No entiendo en qué nos convertimos las personas cuando hay tanta rabia y odio"

Ceuta
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Luis Rodriguez, cura de Xestoso
02 sep 2026 - 17:03

Hay momentos en los que una sociedad tiene que detenerse y preguntarse qué está pasando dentro de nosotros.

La situación que está viviendo Ceuta es extraordinariamente compleja. La llegada masiva de migrantes ha generado miedo, preocupación, problemas de convivencia y una enorme presión sobre una ciudad que, por sus especiales características geográficas y sociales, soporta una situación que no puede ser contemplada con indiferencia desde el resto de España.

Los ceutíes tienen derecho a sentirse preocupados y a reclamar soluciones. Tienen derecho a pedir seguridad, organización, recursos, respeto a sus barrios y a sus espacios públicos y una respuesta eficaz de las administraciones.

Pero hay una línea que nunca deberíamos cruzar: convertir la preocupación en odio y el miedo en violencia.

Esta reflexión me la hacía una mujer ceutí que hoy vive en nuestra parroquia de Xestoso, en Monfero. Le pregunté sencillamente:

«¿Qué dices tú de la manifestación de hoy en Ceuta? ¿Y los tuyos te dicen algo?»

Su respuesta, sencilla y espontánea, merece ser escuchada:

La manifestación se va a aprovechar por PP y Vox, y espero que no la líen. Respecto a mi familia, mis hermanas están de los nervios de ver la situación. Y lo que no me ha gustado de los ceutíes es que les cerraran el camino a los de Cruz Roja para el reparto de comida, y también que les quemaran las chabolas de la playa. Es inhumano. Pero más inhumano veo que salgan los fachas encapuchados a pegarles palos a los emigrantes. No entiendo en qué nos convertimos las personas cuando hay tanta rabia y odio. Para mí son personas vacías
Isabel Laguna/Efe

No hace falta compartir todas las palabras de esta mujer para entender el fondo de su mensaje.

Está preocupada por Ceuta. Está preocupada por su familia. Pero también está preocupada por lo que el odio puede hacer con una sociedad.

Y ahí está, probablemente, una de las cuestiones fundamentales.

Podemos discutir sobre inmigración. Podemos discutir sobre fronteras. Podemos exigir al Gobierno de España una política migratoria eficaz. Podemos reclamar a Marruecos que asuma sus responsabilidades. Podemos exigir más medios para Ceuta. Podemos hablar de seguridad, de acogida, de devoluciones conforme a la ley, de menores, de convivencia y de recursos públicos.

Todo eso se puede y se debe discutir.

Lo que no podemos aceptar es que una persona deje de ser considerada persona porque ha cruzado una frontera.

Ni podemos aceptar que quien ayuda a alguien que pasa hambre sea convertido en enemigo.

Cruz Roja no debería convertirse en objetivo de la ira colectiva por repartir alimentos. Y una persona que duerme en una playa, aunque haya llegado irregularmente a España, no pierde por ello su dignidad humana.

Las informaciones de estos últimos días reflejan precisamente una escalada preocupante de tensión en Ceuta, con protestas, bloqueos y episodios de violencia contra asentamientos de migrantes.

Y mientras tanto, la crisis corre el riesgo de convertirse también en campo de batalla política.

Las concentraciones convocadas para hoy cuentan con el respaldo del Partido Popular y Vox, que las utilizan además para exigir responsabilidades al Gobierno de España.

Pero Ceuta es demasiado importante como para convertir su sufrimiento en munición partidista.

Ceuta necesita soluciones, no trincheras.

Necesita seguridad, pero también humanidad.

Necesita una frontera controlada, pero también respeto a los derechos humanos.

Necesita que el Gobierno de España responda.

Necesita que Marruecos asuma sus responsabilidades.

Necesita que Europa no mire hacia otro lado.

El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo (d), y el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas (i), durante su reunión en el Palacio de la Asamblea de Ceuta, a 24 de agosto de 2026, en Ceuta (España)
El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo (d), y el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas (i), durante su reunión en el Palacio de la Asamblea de Ceuta, a 24 de agosto de 2026, en Ceuta (España) | Marcos Moreno/Ep

Y necesita, sobre todo, que quienes viven allí puedan seguir conviviendo sin que la religión, el origen o el color de la piel se conviertan en motivo de enfrentamiento.

Porque Ceuta ha sido históricamente una ciudad de convivencia entre diferentes culturas y religiones. Precisamente por eso sería una tragedia que esta crisis terminara rompiendo aquello que durante generaciones ha sido posible construir.

NO TODO VALE EN NOMBRE DE LA INDIGNACIÓN

Una sociedad puede estar indignada y seguir siendo humana.

Puede reclamar orden sin pedir violencia.

Puede defender sus fronteras sin deshumanizar al extranjero.

Puede exigir responsabilidades políticas sin convertir al inmigrante en enemigo.

Y puede expresar su solidaridad con Ceuta sin utilizar el sufrimiento de los ceutíes para alimentar el enfrentamiento político.

Me quedo con una frase de esta mujer que vive entre nosotros en Xestoso:

«No entiendo en qué nos convertimos las personas cuando hay tanta rabia y odio».

Esa pregunta debería hacérsela hoy toda España.

Porque cuando comenzamos a mirar al otro como alguien que merece ser golpeado, expulsado de cualquier manera o dejado sin comida, quizá el problema ya no está solamente en la frontera.

El problema empieza a estar dentro de nosotros.

No podemos permitir que el miedo nos quite la humanidad.

No podemos permitir que la rabia nos convierta en aquello que decimos combatir.

Y no podemos permitir que Ceuta, una ciudad española que hoy necesita la solidaridad de todos, termine convertida en el escenario de una guerra política entre españoles.

Ceuta necesita que la escuchemos.

Ceuta necesita soluciones.

Ceuta necesita seguridad.

Pero Ceuta también necesita humanidad.

Humanidad
Humanidad | Jesús Torres / Europa Press

Y quizá desde una pequeña parroquia de Galicia, desde Xestoso, una mujer ceutí nos está recordando algo que nunca deberíamos olvidar: detrás de cada cifra migratoria hay una persona. Y detrás de cada persona hay una historia, una familia y una dignidad que nadie debería poder quemar, golpear ni pisotear.

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