"Yo vi el rostro del Cristo en la cruz durante la agonía y muerte de las víctimas, pero también su infinita misericordia en los brazos de los urdeños"

"Quizá sea lo único bueno que comporte un hecho de esta magnitud. La gente da hasta lo que no tiene y más en los pueblos. En esa España rural que nadie quiere, pero sigue lenta, muda y quieta habitando los silencios solitarios"

El Cristo de Urda, en el funeral
El Cristo de Urda, en el funeral | Efe
Javier Ruiz, director regional de Onda Cero Castilla-La Mancha
01 nov 2026 - 12:16

Lo primero que pensé cuando supe por la radio que el choque de trenes se había producido en Urda fue: “Anda, donde el Cristo”. Después, di inmediatamente la vuelta en Talavera y me dirigí hacia el lugar de los hechos. Lo que hemos vivido estas horas de dolor, tragedia y sufrimiento no lo olvidaré en la vida, de igual manera que tampoco puedo soslayar el impresionante trabajo hecho por la mayoría de compañeros en los medios de comunicación, fundamentalmente la radio, que acudieron de forma inmediata a los acontecimientos. En mi caso, partí hacia el polideportivo de Urda donde se abordaba el triaje de los heridos. Y pude comprobar al instante cómo un pueblo entero se volcaba sin mirarlo hacia el prójimo. “Tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber”. Quizá sea lo único bueno que comporte un hecho de esta magnitud. La gente da hasta lo que no tiene y más en los pueblos. En esa España rural que nadie quiere, pero sigue lenta, muda y quieta habitando los silencios solitarios.

        Urda es el pueblo de la peregrinación manchega por excelencia. Cada 29 de septiembre es una fiesta a la que acuden miles de peregrinos de todas partes. Como lugar santo hacia el que ir, cuando la fecha de los arcángeles cae en domingo, se proclama el Año Santo. El mismo que ahora vivimos en Toledo con el VIII Centenario de la Catedral, templo que servirá de escenario para el funeral de Estado. ¿Por qué el Cristo permitió la tragedia? Es una pregunta que martillea la cabeza. En realidad, todo creyente se enfrenta en algún momento al averno de la maldad. ¿Por qué Dios consiente el mal? Evidentemente, no lo sé. Y creo que no hay respuesta para el interrogante. Quizá por ello hubiese que cambiar la pregunta. ¿Y qué hace Dios en una tragedia tremenda? En el supuesto que exista Dios, claro. La verdad no la tiene nadie y quizá sólo haya forma intuitiva de acercarse al asunto. Creo que es la única manera posible y habla directamente al corazón.

¿Por qué Dios consiente el mal? Evidentemente, no lo sé. Y creo que no hay respuesta para el interrogante. Quizá por ello hubiese que cambiar la pregunta. ¿Y qué hace Dios en una tragedia tremenda?

        Escribí el día de la tragedia que el Cristo volvió su rostro a la tragedia, pero extendió su manto de solidaridad en las manos de los urdeños. Una vez más, comprobamos que el hombre es capaz de lo sublime en sólo unos peldaños. Cuando la vida lo lleva a las fauces del monstruo. Sale lo mejor y lo peor de cada uno, sin duda. Por eso, yo vi el rostro del Cristo en la cruz durante la agonía y muerte de las víctimas, pero también su infinita misericordia en los brazos de los urdeños. Hemos hecho una vida sin muerte este siglo XXI, olvidándonos que Cristo resucitó… pero antes murió. El dolor y el sufrimiento forman parte diaria de la vida de miles de personas, pero no sale en los medios de comunicación. Lo hemos silenciado por ser sinónimo de fracaso. Pero hay que bajar al infierno para subir a la gloria, como hizo Dante en su Divina Comedia.

Tragedia en Urda
Tragedia en Urda | Ismael Herrero/Efe

        Finalmente, queda el razonamiento del ateo o el agnóstico. Sobre el primero no incidiré, porque ya está definido en su oposición, tan intuitiva como la del creyente. En realidad, son cuestiones radicadas en la fe o su ausencia. Pero quien se pregunta y duda, está en camino. Quien palpa la oscuridad, se agarra a sus pliegues para encontrar firmeza. Quizá por eso sea creyente. En el túmulo de los años, la figura de Cristo me pareció esencial a través de sus obras. Porque lo que construyó el cristianismo no ha sido igualado por ninguna otra corriente de pensamiento o espiritual. Si uno se fija, Cristo lo puso fácil. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Y a partir de ahí, comienza a pensar, vivir, palpar, sentir, correr. Por eso soy cristiano. Débil, enfermizo, pero cristiano. Y volveré a Urda para ver el rostro del Cristo, mecido sobre su barca en el mar inmenso de la Mancha y su bondad. Y a rezar por los muertos. Descansen en paz.

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