"Violar el cuerpo de una mujer es herir al mismo Cristo" El cuerpo femenino, un espacio sagrado

El cuerpo femenino, un espacio sagrado
El cuerpo femenino, un espacio sagrado Ellen Brenneman

"Si presentáramos el cuerpo femenino como un espacio sagrado, ¿qué pasaría?"

"El cuerpo femenino es sagrado y necesita ser cuidado, respetado y valorado. Nos resulta muy difícil romper con este sistema patriarcal que margina y violenta el cuerpo de las mujeres, sobre todo en el ámbito religioso"

"Más allá de una impugnación, buscamos el diálogo, la deconstrucción del sistema opresor, la aceptación y el cuidado de nuestros cuerpos. Queremos dignidad, igualdad y valoración"

"Tenemos un largo y accidentado camino para superar esta mentalidad, pero somos mujeres de la esperanza, de la utopía y de la iniciativa. ¡Y realmente necesitamos desafiar esta realidad, nuestros cuerpos son sagrados, sí, hermosos!"

Cuando reflexionamos sobre la dimensión de lo sagrado en nuestra vida, pensamos inmediatamente en los santos, en la Iglesia y en la Eucaristía como presencia de Cristo vivo entre nosotros, lo cual es un consenso entre los católicos y aporta una hermosa dimensión de la manifestación de la fe y del respeto que tenemos por lo que tiene valor en la espiritualidad y en la vida.

Pero si presentáramos el cuerpo femenino como un espacio sagrado, ¿qué pasaría? Desde el punto de vista de la mayoría de los hombres y de algunas mujeres, se consideraría una herejía, para algunos, una idea innovadora y para muchas mujeres una oportunidad de vivir con más dignidad, libertad y respeto.

Cristo se convirtió en alimento para compartir, su cuerpo se convirtió en el sustento de la misión y de las luchas por la justicia y la igualdad. En cada Hermana o Hermano que sufre, Cristo está presente, y ¿por qué el cuerpo de la mujer no puede ser este espacio sagrado?

El cuerpo femenino es sagrado y necesita ser cuidado, respetado y valorado. En cada mujer que sufre violencia, prejuicios y no tiene garantizados sus derechos, el propio cuerpo de Cristo está herido. Los dolores del cuerpo de las mujeres son sentidos por Dios que es Padre y Madre y que es solidario con ellas.

Pensemos en los cuerpos de las mujeres negras, indígenas, ribereñas, periféricas, migrantes y trans y en lo mucho que las hiere la intolerancia, la violencia y las violaciones de derechos... ¿podemos ver en cada una de estas mujeres la presencia de Dios como espacio sagrado? ¿O preferimos juzgar, condenar y excluir a estos cuerpos "no estándar"?

La construcción de lo sagrado pasa por dimensiones culturales y espirituales, en cada cultura o creencia tenemos diferentes formas de experimentarlo, y en la mayoría de las religiones lo femenino termina siendo inferiorizado, en favor de lo masculino que es sobre exaltado. Nos resulta muy difícil romper con este sistema patriarcal que margina y violenta el cuerpo de las mujeres, sobre todo en el ámbito religioso, ¡que incluso justifica y naturaliza estas relaciones de poder desiguales!

Patriarcado

Violar el cuerpo de una mujer es herir al mismo Cristo. ¡Sentimos nuestro cuerpo herido por la violencia física, psicológica, verbal y virtual cuando nos acosan en la calle, en el trabajo y en las iglesias, por no tener un lugar donde hablar, o el derecho a ocupar espacios que son legítimos incluso en los ministerios que nos niegan!
Nuestros cuerpos claman por la libertad, no pertenecemos al sistema capitalista de consumo, somos templos de la presencia de Dios con rostro amoroso y femenino, que quiere la vida de su pueblo (Cfe. Esther 7, 3).

¡Necesitamos urgentemente realizar una hermenéutica feminista de lo sagrado! Aventurarnos en nuevos caminos, sugerir posibilidades y permitirnos ser un cuerpo sagrado, reconociendo en cada mujer lo divino que habita en su interior, su corporeidad expresada de manera integral y libre.

Considerar el cuerpo femenino como un espacio sagrado es innovador y liberador, tanto para las mujeres como para los hombres, que desgraciadamente están condicionados por una masculinidad tóxica, un poder machista y anticuado y la cosificación de la mujer.

Queremos respeto, tener derecho a salir a la calle con tranquilidad, a estudiar, a trabajar, a tener un salario justo, a ocupar espacios de decisión, a poder elegir un atuendo sin pensar en el acoso, cosas tan sencillas que no logramos porque tenemos un cuerpo femenino, que no es considerado sagrado por eso, puede ser violado, usado y desechado

Más allá de una impugnación, buscamos el diálogo, la deconstrucción del sistema opresor, la aceptación y el cuidado de nuestros cuerpos, ninguna mujer "merece ser violada", como tantas veces escuchamos en el sentido común, queremos dignidad, igualdad y valoración.

¡Sabemos que tenemos un largo y accidentado camino para superar esta mentalidad, pero somos mujeres de la esperanza, de la utopía y de la iniciativa de procesos colectivos y transformadores, cada pequeña conquista es un motivo de alegría, y anhelamos cambios estructurales en la sociedad y en la iglesia que creemos son posibles!

Presentar el cuerpo femenino de esta manera se convierte en una provocación. ¡Y realmente necesitamos desafiar esta realidad, nuestros cuerpos son sagrados, sí, hermosos, presentan la ligereza de la libertad y la fuerza, que nos empodera para hacer esta experiencia tan importante de reconocer que la Ruah Divina habita en nuestro ser y nos mueve a atrevernos, luchar y resistir!

Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator

O Corpo Feminino um Espaço Sagrado!

Quando refletimos a dimensão do sagrado em nossas vidas, logo pensamos em santos, Igreja, e na Eucaristia, como presença do Cristo Vivo entre nós, isso é consenso entre católicos e traz uma dimensão bonita da manifestação da fé e do respeito que temos pelo que tem valor na espiritualidade e na vida.

Mas se apresentássemos o corpo feminino como um espaço sagrado, o que aconteceria? Pela visão da maioria dos homens e de algumas mulheres, seria considerado uma heresia, por alguns, uma ideia inovadora e para boa parte das mulheres uma oportunidade de viver com mais dignidade, liberdade e respeito!

Cristo se fez alimento para ser partilhado, seu corpo tornou-se sustento da missão e das lutas por justiça e igualdade. Em cada Irmã ou Irmão que sofre Cristo está presente, e porque não pode ser o corpo de uma mulher esse espaço sagrado?

O corpo feminino é sagrado e precisa ser cuidado, respeitado e valorizado. Em cada mulher que sofre violência, preconceito e que não tem os seus direitos garantidos, o próprio corpo de Cristo é machucado. As dores dos corpos das mulheres são sentidas por Deus que é Pai e Mãe e se solidariza com elas.

Pensemos nos corpos das mulheres negras, indígenas, ribeirinhas, periféricas, migrantes, trans, e no quanto são feridos pelas intolerâncias, violências e violações de direitos... conseguimos ver em cada uma dessas mulheres a presença de Deus como espaço sagrado? Ou preferimos julgar, condenar e excluir esses corpos “fora do padrão”!

A construção do sagrado perpassa as dimensões cultural e espiritual, em cada cultura ou crença temos diferentes formas de vivenciá-las, e na maioria das religiões o feminino acaba sendo inferiorizado, em prol do masculino que é superexaltado. Temos muita dificuldade em romper com esse sistema patriarcal que marginaliza e violenta o corpo das mulheres, particularmente no campo religioso, que inclusive justifica e naturaliza essas relações de poder desiguais!

Violentar o corpo de uma mulher é ferir o próprio Cristo! Sentimos nosso corpo ferido por violências físicas, psicológicas, verbais, virtuais, quando somos assediadas na rua, no trabalho e nas igrejas, por não termos o lugar de fala, ou o direito de ocupar espaços que nos são legítimos inclusive nos ministérios a nós negados!
Nossos corpos clamam por liberdade, não pertencemos ao sistema capitalista de consumo, somos templos da presença de Deus com rosto amoroso e feminino, que deseja a vida do seu povo! (Cfe. Ester 7,3).

Necessitamos urgentemente realizar uma hermenêutica feminista do sagrado! Nos aventurar por caminhos novos, sugerir possibilidades e nos permitir ser um corpo sagrado, reconhecendo em cada mulher o divino que habita o seu interior, a sua corporeidade expressa de maneira integral e livre.

Olhar o corpo feminino como espaço sagrado é inovador e libertador, tanto para as mulheres, quanto para os homens, que infelizmente são condicionados por uma masculinidade tóxica, machista e ultrapassada de poder e objetificação da mulher.

Queremos respeito, ter o direito de sair na rua com tranquilidade, estudar, trabalhar, ter um salário justo, ocupar espaços decisórios, poder escolher uma roupa sem pensar num assédio, coisas tão simples que deixamos de fazer, porque temos um corpo feminino, que não é considerado sagrado por isso, pode ser violado, usado e descartado

Para além de uma contestação, buscamos o diálogo, a desconstrução do sistema opressor, a acolhida e o cuidado pelos nossos corpos, nenhuma mulher “merece ser estuprada”, como escutamos tantas vezes no senso comum, queremos dignidade, igualdade e valorização.

Sabemos que temos um longo e conturbado caminho para a superação desta mentalidade, mas somos mulheres da esperança, da utopia e da iniciativa de processos coletivos e transformadores, cada pequena conquista é motivo de alegria, e ansiamos por mudanças estruturais na sociedade e na igreja que acreditamos ser possível!

Apresentar o corpo feminino desta forma torna-se uma provocação! E realmente precisamos polemizar essa realidade, nossos corpos são sagrados sim, belos, apresentam a leveza da liberdade e da força, que nos empodera para fazer essa experiência tão importante de reconhecimento que a Divina Ruah faz morada em nosso ser e nos move a ousar, lutar e resistir!
Ir. Michele da Silva, ICM

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