Curas guerrilleros: En memoria y homenaje

Desde la Asturias de Gaspar García Laviana que, como Camilo Torres Restrepo, fue cura y guerrillero, recordar a los curas guerrilleros de aquella época. Creo que se lo merecen

Camilo Torres Restrepo
Camilo Torres Restrepo
José María Álvarez Rodríguez
27 ene 2026 - 18:28

En este momento en el que parece que se han encontrado los restos del sacerdote guerrillero colombiano Camilo Torres Restrepo, caído en combate el año 1969, me parece oportuno que desde la Asturias de Gaspar García Laviana, que como él fue cura y guerrillero, recordar a los curas guerrilleros de aquella época. Creo que se lo merecen. En aquellos años, pongamos entre 1960-90, hubo también otros sacerdotes que asumieron ese mismo compromiso, pero pocos fueron los nombres que quedaron en la memoria del pueblo cristiano al que pertenecieron. Mas bien fueron condenados a un injusto ostracismo, apartados deliberadamente.

Me parece interesante, aprovechando el momento, intentar hacer una reflexión sobre el hecho de que un sacerdote llegue a tomar las armas para entrar en una lucha donde hay muertes a un lado y otro. Lo primero que se me ocurre es mirar la historia de la Iglesia para ver si tal hecho fue algo ocurrido sólo en ese momento o si por el contrario hubo otros clérigos que también tomaron las armas en el pasado. Y sí, efectivamente, los hubo ya en el medievo, clérigos, obispos, papas que empuñan la espada para defender sus posesiones o agrandarlas. En las “Cruzadas”, guerras que se hicieron “en nombre de Dios”, se mataba con el fin de conquistar los Santos Lugares, aunque también había a la par fines económicos y políticos. Hubo Órdenes Militares. Conocemos también Guerras de Religión, en las que se mata por defender posturas religiosas. El cura Merino, igual que el fraile Asensio Nebot lucharon para expulsar a los invasores y reponer en el trono al rey depuesto Fernando VII. Un objetivo eminentemente político que, una vez alcanzado, de poco le serviría al pueblo. Luego se provoca la Guerra Civil Española (1936-1939), que fue un levantamiento en contra de la República, el régimen legalmente constituido. Se le dio el nombre de Cruzada con el fin de declarar aquella guerra como justa y santa, no sólo en sus orígenes sino también en los resultados posteriores de la larga dictadura franquista. Todas las muertes de guerra y posguerra fueron cubiertas por el santo palio eclesiástico.

El cura Merino
El cura Merino

Los curas guerrilleros modernos

Hay que resaltar en primer lugar que los Curas Guerrilleros modernos empuñaron las armas y entraron en guerra por motivos muy distintos a los nombrados anteriormente. Esta dura decisión que tomaron algunos clérigos estuvo impulsada, por una parte, por el contexto económico, social y político en que vivían sus parroquianos: los mismos obispos latinoamericanos en su famoso Documento de Medellín hablan de la situación “de subdesarrollo en que vivían las gentes de sus países, delatada por fenómenos masivos de marginalidad, alienación y pobreza”; “la gran mayoría del pueblo latinoamericano” vive en un “contexto de pobreza y aún de miseria”. Ven “formas de opresión de grupos y sectores dominantes”, “desigualdades excesivas entre ricos y pobres, entre poderosos y débiles”. Incluyen también entre los males que aquejan a la población las deficiencias de la administración judicial que a menudo ocasionan “serios males”. El episcopado latinoamericano denuncia en repetidas ocasiones esta lamentable e irritante situación social que sufrían sus pueblos. A ello hay que añadir la situación política: la mayoría de los Estados de Latinoamérica están gobernados por dictaduras militares, tristemente famosas por la inmensidad de crímenes perpetrados por ellas.

Por otra parte, que un cura entrase en un movimiento revolucionario armado se explica por un nuevo modo de ver la evangelización: tanto la figura del misionero como el mensaje cristiano se entendían ahora de manera muy diferente a como se había hecho en el pasado, debido ello al impacto del Concilio Vaticano II y a la Teología de la Liberación, que estaba surgiendo entonces. Las ya citadas conclusiones del episcopado latinoamericano en su Asamblea de Medellín (Colombia), año 1968, reflejan estos importantes cambios producidos en la Iglesia Latinoamericana.

Los prelados dejan bien claro que en las circunstancias en las que se vivía no se puede decir que hubiera paz. Los que están sufriendo explotación, opresión y represión viven en violencia continua, y por consiguiente en estado de guerra. Es necesario “crear un orden social justo, sin el cual la paz es ilusoria”, y ello “es una tarea eminentemente cristiana”. Así pues, los mismos obispos latinoamericanos están invitando a todos los fieles a participar en una deconstrucción de la sociedad. La misma caridad nos lleva a la “solidaridad con los pobres. “Esta solidaridad significa hacer nuestros sus problemas y sus luchas, saber hablar por ellos”. Es en este contexto cuando nace la Teología de la Liberación, cuya mística y moral asumen los curas-guerrilleros, al igual que otros seglares cristianos que se integran en los movimientos de liberación nacional. Hubo muchos que no estuvieron en el Frente, pero ayudaron todo lo que pudieron en retaguardia. Estaban en la misma lucha, pero de modo diferente.

Camilo Torres
Camilo Torres

Camilo Torres

El primer cura guerrillero fue el colombiano CAMILO TORRES, sacerdote diocesano, que cayó en su primer combate, año 1966, a los 37 años. Coincide su muerte con el año en el que GASPAR GARCÍA LAVIANA, misionero asturiano del Sagrado Corazón (MSC), termina sus estudios y comienza su actividad pastoral. En el año 1970 es destinado a Nicaragua, Tola y San Juan del Sur. El año 1975 entra en el Frente Sandinista y en 1978 también él caerá en combate a la misma edad que Camilo. Ambas muertes tuvieron gran repercusión.

Camilo Torres Restrepo nace en una familia de clase media. En esto se diferencian ambos curas guerrilleros, pues Gaspar es hijo de un minero de la cuenca del río Nalón. Camilo, después de ordenarse sacerdote, hace estudios de sociología en la Universidad de Lovaina. En París toma contacto con grupos cristianos que colaboraban clandestinamente en la lucha por la independencia de Argelia. Fue allí donde Camilo descubrió que era compatible el cristianismo con las convicciones de la gente que empuñaba las armas por la causa de una liberación popular. La opción de las armas de Camilo Torres y el triunfo de la revolución cubana tuvieron mucho eco en ese momento en Latinoamérica.

Al principio Camilo Torres se dedica a la acción social, -igual que hará Gaspar cuando llega a Nicaragua-, y a propagar sus ideas desde sus cargos en el Instituto de Reforma Agraria siendo profesor en la Universidad Nacional y capellán universitario. Pero cuando se conoce la radicalidad de su postura, el cardenal arzobispo de Bogotá lo retira de su capellanía y de sus clases en la Universidad Nacional. Se le acusa de ser “un peligroso comunista”. 

Así las cosas, Camilo comienza a contactar con la guerrilla colombiana: las FARC y el ELN. Él intentará aglutinar un amplio movimiento político, el Frente Unido. En octubre de 1965 entra en el ELN y dos meses más tarde Camilo anuncia su presencia en las filas guerrilleras desde donde llama a todos los colombianos a participar en una guerra total contra el poder del Estado. El 15 de febrero de 1966 muere en su primera acción militar en un enfrentamiento con una patrulla del Ejército Nacional. De la misma manera muere en Nicaragua el comandante “Martín”, Gaspar, el misionero guerrillero español.

Conclusión

¿Qué pensar de unos curas como Camilo Torres, Gaspar García Laviana y otros que toman las armas para participar en una guerra de guerrillas donde necesariamente hay muertes de por medio? Lo primero que hay que decir es que la circunstancia de que sean curas no puede afectar a la moralidad del acto. Ello es irrelevante. No pertenece a lo sustancial. El cura en cuanto tal no ha hecho ningún voto especial al respecto. Estamos en una cuestión de ética, no de estética. “Es muy feo”, dicen algunos, ver a un cura con el fusil. En realidad, sí lo es, siempre y en cualquiera.

Lo que sí creo que hay que considerar son otras circunstancias comunes a todos aquellos curas guerrilleros: existía una situación de sufrimiento popular generalizado, pueblos explotados y oprimidos. El motivo de su decisión era el mismo: conseguir la liberación de quienes vivían en una situación tan injusta y pudiesen así disfrutar de una paz a la que todos tenemos derecho. ¿Pero, este fin justifica hacerse guerrillero? En general decimos que el fin no justifica los medios, pero a veces sí. Una excepción es la legítima defensa. El fin de defender la propia vida legitima el empleo de la violencia dentro de unas ciertas limitaciones. Así veían ellos la lucha revolucionaria.

Gaspar Garcia Laviana
Gaspar Garcia Laviana

Yo creo que todos y siempre debemos ser pacifistas, pero hemos de serlo ya desde el primer momento en que comienzan las guerras, que no suele ser cuando se llega a las armas. Antes de la guerra está “la causa de guerra”. Algunas guerras las empiezan quienes pagan salarios de miseria, quienes arrebatan las tierras a los campesinos, quienes amañan las leyes, quienes obligan a trabajar horas y horas para poder tener algo de pan y techo, quienes quitan las libertades a la gente para impedir que puedan defenderse etc. Hay que rechazar ya esta primera violencia social y política, que no derrama sangre, pero sí produce dolor y sufrimiento sin límite. No vale que el rechazo de la violencia se produzca cuando los explotados y oprimidos se levantan para defenderse de las agresiones que están sufriendo. En este momento la guerra, cuando no hay otro medio, se justifica como legítima defensa. hay que añadir que generalmente los curas se hacen guerrilleros no sólo por solidaridad con los violentados, sino que ellos mismo fueron perseguidos y privados de derechos y libertades. Participaron en la guerrilla en defensa propia y en defensa solidaria de sus hermanos los empobrecidos, los hambrientos y sedientos, enfermos y encarcelados…, de los que dice la Iglesia que son sus preferidos, porque lo han sido de Jesús de Nazaret.

Mantener viva la memoria de quienes son ejemplo de comportamiento cívico y cristiano es una obligación de la sociedad y de la Iglesia. Aquí en Asturias algunos intentamos mantener viva la memoria de Gaspar García Laviana, a quien recuerdan asociaciones, instituciones, calles, algún monumento… que llevan su nombre y libros que se publican sobre él. En el año 2024 fue declarado Hijo Predilecto del Ayuntamiento donde nació, San Martín del Rey Aurelio, y en el 2025 Hijo Adoptivo del de Langreo, municipio donde vivió gran parte de su vida. Esperamos que este año el Principado de Asturias le haga un reconocimiento institucional. ¿Y la Iglesia? Ahora lo tiene más difícil, pero las circunstancias pueden cambiar. Hubo santos perseguidos y condenados que luego fueron rehabilitados y hasta canonizados.

Las noticias de Religión Digital, todas las mañanas en tu email.
APÚNTATE AL BOLETÍN GRATUITO

También te puede interesar

Lo último

stats