"Para muchos es todavía la única manera con que saben andar" Josemari Lorenzo: "Cuando dejé el celibato, andaba con muletas"

Celibato
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"El año 71, cuando dejé el celibato con todas las de la ley,  se me planteó esta cuestión: '¿Puede celebrar la Eucaristía el sacerdote secularizado?'"

Acudí por escrito al famoso canonista padre Regatillo S.J. y me respondió (pienso que con muy mal talante) con estas palabras escuetas: “Confórmate con poder ir a Misa y comulgar”

Todavía tienen sus recelos con el tema algunos sacerdotes (casados o célibes, viejos e incluso algunos jóvenes) que fueron educados en el miedo y en la dependencia de los “superiores”

¿Ni siquiera la Misa en una ermita?

En el seminario nos enseñaron a andar con muletas. Hace ya mucho tiempo, el año 71, cuando dejé el celibato con todas las de la ley,  se me planteó esta cuestión: ¿Puede celebrar la Eucaristía el sacerdote secularizado?” Por supuesto que mi deseo era decir la Misa  en privado, en familia o en grupos bien mentalizados al respecto.  Pero como nuestra  formación fue muy  restrictiva y autoritaria nos veíamos constreñidos a consultar todo; ¡incluso casos que de suyo nos parecían evidentes! Fabricamos el "prestigio" de unos cuantos canonistas y moralistas que eran nuestras muletas. 

Acudí por escrito al famoso canonista padre Regatillo S.J. y me respondió (pienso que con muy mal talante) con estas palabras escuetas: “Confórmate con poder ir a Misa y comulgar”.  Aquella respuesta me indignó y me movió a estudiar la cuestión de la misa en el sacerdote secularizado. Y la estudié a fondo. Leí muchos libros, investigué, y fruto de ello es la tesina que publiqué y que ahora está en las  redes.

Esta tesina o estudio ha servido a muchos cientos de personas para ayudarles a formar su conciencia. Me costó unos doce años de trabajo dentro de mis tiempos libres. Y soy consciente hoy de que  una persona "normal", culta, con nuestra formación, lo soluciona en no muchos minutos. Ahora no lo veo nada complicado. ¿Qué me ocurría entonces? Que  yo, demasiado tuciorista, quería dejar todo atado y bien atado.

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Y es que la formación recibida, hasta el postconcilio, ha sido de una total dependencia de los “sabios”. Necesitábamos el apoyo de un Regatillo, Noldin, Arregui, Ferrer, o al menos del profesor de moral o del obispo o del vicario general... Nos  enseñaron a andar con muletas y para muchos es todavía la única manera con que saben andar. Parecen ignorar que ellos tienen suficientes medios para decidir en conciencia.

Recuerdo que en los años 80 mandé mi tesina o estudio a todos los obispos de España, y nadie me contestó. ¡Buena señal!  El hecho de que ningún obispo se atreviera a ponerme objeciones, ya es significativo. Porque si hubieran visto algo fuera de tono me habrían replicado.

            ¿Por qué escribo esto? Porque todavía tienen sus recelos con el tema algunos sacerdotes (casados o célibes, viejos e incluso algunos jóvenes) que fueron educados en el miedo y en la dependencia de los “superiores”. ¡Y todavía, después de tantos años, encuentro a amigos y compañeros que no se atreven a dejar las muletas! Necesitarían que el mismo papa les diera el “permiso” personalmente.

Y para formar la conciencia nos bastamos nosotros mismos: hemos estudiado abundante teología, moral y cánones. No hace falta que venga a asesorarnos un obispo o un doctor en Derecho  (fuera de casos muy complicados), como me decía un compañero.

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Mientras tanto hay otros que se pasan de laxos: forman la conciencia por su simple parecer o conveniencia: y así hoy existen cristianos que ellos mismos son “el dios o la iglesia”, que crean sus propios dogmas, quitan los dogmas que les molestan, admiten  solo algunos.  Pero esto es un tema distinto.

            Personas muy meticulosas, santas y leguleyas, cuando me oían que algunas veces celebraba yo en casa la Eucaristía, me decían: "haz un sacrificio, y no la celebres..." Pero desde el momento en que leían despacio mi tesina, cambiaban de opinión. Algunos hasta han concelebrado conmigo, no en templos, claro.  

Y es que nuestra conciencia bien formada está reconocida por los derechos humanos, el Concilio Vaticano II, el Catecismo de la Doctrina Católica y el sentido común: que mi madre, mujer inteligente y bien formada como cristiana, pero sin grandes estudios me decía: “Te has salido de cura pero el sacerdocio imprime carácter y puedes decir misa cuando quieras”. Pero yo entonces, ni de mi madre me fiaba. ¡Y pensar que todavía hay “educadores” con talante de los años 40…

 Josemari Lorenzo Amelibia 

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