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El laberinto de la derecha con las pensiones: ¿Sostenibilidad real o desmantelamiento silencioso? 

¿Se pueden garantizar las pensiones públicas mientras se promete una bajada masiva de impuestos?… Analizamos las grietas de un discurso que arriesga el bienestar de millones de jubilados

Alberto Núñez Feijoó

¿Se pueden garantizar las pensiones públicas mientras se promete una bajada masiva de impuestos? Los portavoces de la derecha navegan en una constante cuerda floja: defender el poder adquisitivo de los mayores en los mítines mientras sus propuestas económicas y votaciones parlamentarias apuntan hacia el recorte de la indexación al IPC y el desvío de fondos hacia el sector privado. Analizamos las grietas de un discurso que arriesga el bienestar de millones de jubilados. 

La aritmética rota: Menos impuestos, menos pensiones 

El núcleo del discurso económico de los portavoces de la derecha gira en torno a una promesa tan atractiva como peligrosa: una bajada drástica y masiva de impuestos como fórmula mágica para activar la economía. Sin embargo, al trasladar esta receta al tablero de la Seguridad Social, las cuentas simplemente dejan de cuadrar. Las pensiones públicas en España no caen del cielo; tampoco, como pretenden hacernos creer con demagogia algunos políticos, se pueden "sacar de debajo de las piedras" mediante malabarismos contables. El sistema se financia estrictamente a través de las cotizaciones de los trabajadores y mediante transferencias directas desde los Presupuestos Generales del Estado para cubrir los gastos del sistema. 

Cuando los portavoces conservadores plantean reformas fiscales radicales y exenciones masivas, abren una grieta insostenible en la base de financiación del Estado. No se puede vaciar la caja de los ingresos públicos y, al mismo tiempo, asegurar que se va a garantizar la viabilidad de un sistema que atiende a un volumen récord de jubilados. La contradicción es profunda: prometen aliviar la carga fiscal, pero ocultan que desmantelar la capacidad recaudatoria priva a la Seguridad Social de los recursos extraordinarios que necesita para sostener el modelo de reparto. Al estrangular los ingresos del Estado, construyen el escenario perfecto para declarar que lo público está "quebrado" y justificar recortes posteriores. 

Alberto Núñez Feijoó (PP) y Santiago Abascal (VOX)
El sistema se financia estrictamente a través de las cotizaciones de los trabajadores y mediante transferencias directas desde los Presupuestos Generales del Estado para cubrir los gastos del sistema

El fantasma del 0,25% y la trampa de la "sostenibilidad" 

El segundo eje del laberinto conservador es la nostalgia por las fórmulas que debilitan el poder adquisitivo. La memoria parlamentaria es implacable: la reforma de 2013 introdujo el Índice de Revalorización de las Pensiones (IRP), que fijaba un suelo del 0,25% en situaciones de déficit, provocando una pérdida severa de capacidad de compra para millones de mayores frente a la inflación. 

Aunque la legislación actual ha vuelto a blindar la actualización conforme al IPC, el discurso de la derecha insiste de forma recurrente en recuperar el concepto de "factor de sostenibilidad". Tras este tecnicismo se esconde un mecanismo automático que reduce la cuantía de la pensión inicial en función del aumento de la esperanza de vida. Se penaliza al trabajador por el simple hecho de vivir más años, convirtiendo un logro social y médico en un problema contable. En lugar de buscar nuevas vías de ingresos, se opta por la vía fácil del ajuste automático sobre el gasto, lanzando un mensaje desmoralizador a las nuevas generaciones. 

La privatización silenciosa: El negocio contra el derecho 

El último pilar de la estrategia es el fomento agresivo de los planes de pensiones privados mediante incentivos fiscales. Quienes aseguran que "no hay dinero" para la caja común son los mismos que proponen desviar fondos públicos —a través de deducciones— para engordar los productos financieros de la banca. 

El sistema público de pensiones se basa en el principio de solidaridad intergeneracional: los que hoy trabajan sostienen a los que ayer levantaron el país. Sustituir este pacto fraterno por el 'sálvese quien pueda' de los planes privados es desmantelar la justicia social

Como sacerdote de la Iglesia Anglicana en España, en edad de jubilación pero en pleno servicio activo, mi ministerio me permite estar a pie de calle y escuchar las realidades de la gente común. Desde esta perspectiva, la defensa de la dignidad del ser humano no es una opción, sino un imperativo ético. El sistema público de pensiones se basa en el principio de solidaridad intergeneracional: los que hoy trabajan sostienen a los que ayer levantaron el país. Sustituir este pacto fraterno por el "sálvese quien pueda" de los planes privados es desmantelar la justicia social. Convierte un derecho humano en un producto sujeto a la especulación financiera, ensancha la brecha social y ataca la dignidad de las familias. 

Conclusión: Un examen de conciencia político 

Detrás del lenguaje tecnocrático de los portavoces de la derecha no hay una preocupación real por el futuro de nuestros mayores; hay un desprecio hacia lo público. Su laberinto de propuestas no busca salvar el sistema, sino justificar su desmantelamiento silencioso en favor de intereses privados. 

Jubilados
Una sociedad que abandona a sus ancianos a la lógica implacable del mercado, desfinanciando el motor de su bienestar mientras premia a las rentas más altas, es una sociedad que ha perdido su brújula ética

No es una cuestión meramente económica, es una cuestión de decencia. Una sociedad que abandona a sus ancianos a la lógica implacable del mercado, desfinanciando el motor de su bienestar mientras premia a las rentas más altas, es una sociedad que ha perdido su brújula ética. Nos toca a los ciudadanos, y especialmente a quienes defendemos la dignidad inalienable de todas las personas desde una fe comprometida, hacerles frente y exigir que la vejez siga siendo un territorio protegido por la justicia y la solidaridad de todos.

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