"Tus hijos te quieren a ti" El día del Padre

El día del Padre
El día del Padre

Necesitamos reescribir la historia para hacer visible la buena paternidad, aquella que se corresponde con nuestra condición humana

El padre fue convertido en un ser ausente y lejano, cuando se le industrializó a comienzos del siglo XIX. Se le sacó del entorno doméstico y se le metió largas jornadas en las fábricas, seis días a la semana, sin vacaciones

Es el día del padre, día de que impulsemos una paternidad capaz de poner el amor en el centro de la civilización. Lo más importante que tiene que hacer un padre no es mostrar a sus hijos e hijas un modelo, darles consejos, entrenarles para la vida o traerles el mundo, sino amarles incondicionalmente. Todo lo demás surge por añadidura. Como padre, tos hijos no quieren tu dinero ni tus historias ni tu educación ni tu casa ni tus consejos ni tu ejemplo ni tus juegos ni actividades. Te quieren a ti mismo. Te quieren a ti y a mí. Por eso es la entrega de uno mismo lo que define a un buen padre. Pero ha habido épocas en que el padre no ha podido expresar abiertamente ese amor incondicional. Ha habido épocas en que no era fácil sentir el amor que había detrás de tanta entrega, a veces distante y difícil de ver desde el interior del hogar.

El padre fue convertido en un ser ausente y lejano, cuando se le industrializó a comienzos del siglo XIX. Se le sacó del entorno doméstico y se le metió largas jornadas en las fábricas, seis días a la semana, sin vacaciones. A la vez que el hombre era remodelado para la producción, a la mujer se le consagró al hogar para la reproducción. Se creó así una rígida separación funcional en dos esferas que redefinió lo masculino y lo femenino. Además, extendió la teoría de que eso era lo natural, que se había dado siempre y era universal. Pero no es así.

Nuestra investigación en el libro “La revolución del padre” demuestra que los padres antes del siglo XIX eran mucho más comunicativos, tiernos y sentimentales, cooperaban más con sus esposas y con los hijos, estaban más implicados en su educación práctica. Se ha escrito una historia de la paternidad que ha ocultado la bondad de la paternidad. El padre apareció como más como un patriarca y un patrón, que como hombre de amor.

Abraham y el sacrificio de Isaac

Hombres programados para ser padres

Y, sin embargo, los varones estamos biológicamente programados para ser buenos padres. No ha sido hasta la primera década del siglo XXI, que se han descubierto los notables cambios hormonales que experimentan los padres desde el mismo momento en que saben que van a serlo. En “La revolución del padre” os hemos contado todos esos cambios en la testosterona, la prolactina, la oxitocina, el cortisol, etc. Las investigaciones biomédicas siguen avanzando y descubriendo cambios incluso en la configuración cerebral. Desde el origen del ser humano, el cuerpo y psique del hombre es preparado para ser un buen padre.

Necesitamos reescribir la historia para hacer visible la buena paternidad, aquella que se corresponde con nuestra condición humana. Descubrir la historia de la paternidad, nos reconecta con nuestra propia historia personal y con nuestra historia con nuestro padre y nuestros abuelos. Por eso hemos comenzado a rescatar las historias de los padres de verdad.

En el nuevo libro “El día del padre”, contamos la experiencia de cuatro padres que son las primeras grandes referencias que hemos encontrado en la historia sobre paternidad: Abraham, el fararón Akhenatón, el mito de Dédalo y Confucio. Ninguno de ellos fueron padres perfectos, no son héroes, pero los cuatro revolucionaron a su modo la paternidad.

Ícaro y Dédalo

Abraham y la libertad

Abraham introdujo la libertad absoluta en la relación entre padres e hijos. Akhenatón hizo esculpir en piedra la ternura con sus hijas e hijos, en aquel intento de cambiar Egipto con una revolución del amor. En ellos dos resalta la relación equitativa con sus parejas. Abraham no era un patriarca sino un fratriarca, compartía con Sara la propiedad y gobierno de sus bienes y la familia. Akhenatón y Nefertiti compartieron la corregencia de Egipto y construyeron en igualdad su familia.

Dédalo es un caso especial, no existió realmente, pero representa a los artesanos griegos. Metió a su hijo en un tremendo laberinto. Podríamos decir que todos nacemos dentro de los laberintos de nuestros padres. Desde luego, nacemos en los laberintos del mundo de nuestros padres. Dédalo hizo lo imposible por liberar a su hijo de ese laberinto: volar. Y la clave para volar no estaba en las alas mecánicas que le dio a su hijo, sino otra cosa mucho más importante para dar: confianza. Confianza, ese valor que puede hacernos volar.

Abraham, Akhenatón, Dédalo y Confucio, cuatro hombres que desde el fondo de los siglos conectan con nuestros actuales desafíos y alegrías como padres. Cuando leáis el libro estoy seguro que os sentiréis conectados con ellos, con la historia y con vuestra propia historia. “El día del padre” es un libro para pensar y un libro para celebrar. Gracias por uniros al Día del Padre.

Fernando Vidal es autor de El Día del Padre: cuatro hombres que revolucionaron la paternidad (San Pablo)

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