"La propuesta de diálogo de Andrés Torres Queiruga es muy valiosa y la comparto" Por un diálogo inter humano y posreligional

Posteísmo
Posteísmo

"El posteísmo es pues la negación de cualquier representación unívoca y manipulable de ese misterio ineludible en la conciencia humana, y da la puntilla a la religión en su pretensión de conocerlo y poseerlo en una confesión fuerte"

"La propuesta de diálogo de Andrés Torres Queiruga es muy valiosa y la comparto. Responde a toda su trayectoria de reflexión sobre la actualización de la sabiduría evangélica al mundo de hoy"

"Muy pocos teólogos se han atrevido a poner en cuestión los supuestos de su misma religión, a incorporar la ciencia en la fe y la fe en la ciencia, invirtiendo el tradicional esquema de primero la Revelación y luego el conocimiento empírico que cuadre con ella"

"Ese literalismo y afán de verdad absoluta es el que ha traicionado la vivencia de lo que pudo significar Jesús de Nazaret"

Recibo con satisfacción y agradecimiento el artículo tan moderado de Andrés Torres Queiruga y me sumo a la necesidad del diálogo en el debate sobre posreligión y posteísmo. Y por eso, voy a exponer algunos matices al disenso que comenta y anteponer para mayor claridad lo que yo entiendo por posteísmo.  

Puede decirse muy bien que el posteísmo es una constelación donde hay múltiples posturas. No todas dicen lo mismo ni tienen la misma consistencia. Por mi parte lo entiendo como el asentimiento a esas palabras del Deuteronomio “No te harás imagen alguna de Dios, oirás su voz”. Y la imagen de un Ente Supremo todopoderoso que gobierna el mundo y vela por él, incluso cualquier imagen unívoca, cristalizada como definición de Dios, por muy fecunda que sea como la de Padre, Persona o Amor, incurren también en esa advertencia del Deuteronomio. 

Torres Queiruga
Torres Queiruga

El posteísmo es pues la negación de cualquier representación unívoca y manipulable de ese misterio ineludible en la conciencia humana, y da la puntilla a la religión en su pretensión de conocerlo y poseerlo en una confesión fuerte. En la medida en que se afirma un ser así se le pierde pues es inasible. Cuanto más teístas somos más blasfemos, más ateos.

Por eso la forma de creer hoy día, débil y crítica, pasa a ser más un respeto por el misterio o enigma de la realidad que una confesión fuerte de un Ente Supremo. Somos nosotros quienes hemos creado a ese Ser Supremo aunque también hemos sido creados por esa fértil idea o sentimiento. Se trata de un círculo virtuoso en el que nosotros creamos al Dios que nos crea y no sabemos por dónde empieza y donde acaba esa mutua creación.

Por este camino de respeto llegamos al agnosticismo racional, al simbolismo místico y a una praxis y esperanza universalistas. El posteísmo no es teísta o ateísta, no sustantiva dicho anhelo en un algo o alguien más poderoso y frente a nosotros. Más bien constituye el estado mental previo a una decantación que siempre resultará escasa de justificación dada su naturaleza opcional tan libre. Se trata de un agnosticismo creativo, esperanzado, que responde más a una postulación, a un ojalá, que a una certeza o una descripción metafísica. 

El posteísmo como “espíritu de una época” o clima cultural remplaza tanto el reino de la religión como el de la insignificancia. Abre un ámbito común a toda la humanidad, un espacio no condicionado por una forma concreta de la sublimidad o incondicionalidad ni por el nihilismo que acompaña a una vida sin sentido. Responde al clima cultural de las sociedades modernas caracterizadas por el pluralismo religioso e ideológico, por el pensamiento débil, la ética pluralista e indolora y los grandes anhelos de paz y felicidad que cada vez se van extendiendo más dada la globalización y la proximidad entre las personas y las culturas.

Camino
Camino

Y aprovecha ese lugar común de todos y de nadie en particular para construir una internacional de la esperanza y una praxis de justicia global. El posteísmo constata la carencia de sentido tras la muerte de Dios en esta “edad de la nada” en la que los anhelos de plenitud adquieren formas tanto más consistentes cuanto mayor es la pobreza o la desgracia. Y le abre la puerta a esta tierra de todos.

La propuesta de diálogo de Andrés Torres Queiruga es muy valiosa y la comparto. Responde a toda su trayectoria de reflexión sobre la actualización de la sabiduría evangélica al mundo de hoy. Es un reconocimiento para aquellos teólogos que vienen trabajando desde hace tiempo por estos planteamientos posreligionales. Y es también un pequeño coscorrón para nosotros porque algunas veces nos hemos podido expresar i

El dialogo sobre el posteísmo, respondo a Andrés, no se ha dado con mayor fluidez y diligencia por el foso tan enorme entre lo que Andrés llama el paradigma de Calcedonia y la ciencia, la realidad social, la perspectiva ecológica y de género y la acomodación del cristianismo a la derecha moral y política.  El paradigma cristiano ya iniciado con Pablo y reelaborado en Nicea, Calcedonia, Trento y tantos otros concilios es una dramática metáfora para comprender el misterio del mal y de la muerte y colmar los anhelos de plenitud. 

Lamentablemente se ha explicado literalmente, se presenta como la verdad empírica del mundo, y además absoluta y de ahí vienen todos los choques con la ciencia y la sensibilidad modernas. Este paradigma calcedonio entiende la realidad como un Gran Misterio de Salvación sin distinguir lo que es una explicación científica y una metáfora de sentido. Interpreta el mundo, la historia y al ser humano como dentro de una serie temporal de grandísimos milagros: preexistencia del Logos en forma de Jesucristo, creación del mundo por un Ente Supremo todopoderoso, segunda y primera persona de una Trinidad espiritual-real, encarnado y muerto como un Dios Redentor, etc.etc. 

Domingo de la Santísima Trinidad
Domingo de la Santísima Trinidad

El mundo sobrenatural es una solución imaginativa muy efectiva al problema del mal y una convincente propuesta de esperanza, resuelto todo ello de un modo dualista o desdoblado. Pero cada vez más resulta inaudible a la persona de hoy. Este relato instituye una religión más, relativa, particular que no puede fundar sola un “Reino de Dios” universal. Por eso el paradigma calcedonio, debe ser rechazado de lleno si queremos que sea creíble. Se trata de un reinicio que no pierda el sistema operativo y que recupere y admita programas viejos y nuevos. 

   Dice también el autor “que muchas teólogas y teólogos vienen —venimos— trabajando en la reinterpretación y actualización de la fe cristiana con no menor radicalidad que la supuesta en esas descalificaciones”. Así es y gracias a todos por ayudarnos a llegar hasta aquí desde una infancia y primera juventud tan cerradas en nuestras generaciones. Lo mismo nos pasó con la teología de la liberación. Pero estos teólogos no son tan mayoritarios ni tan claros. No se atreven a decir que los contenidos religiosos son de naturaleza simbólica y se pasan la vida tratando de conciliarlos con la cultura y la ciencia en el mismo nivel explicativo de éstas. 

 Muchos teólogos han realizado importantes avances en la perspectiva social, han suscitado una renovación a fondo de elementos religiosos, la liturgia, la moral, el el autoritarismo, etc., han abandonado su tradicional vinculación a la derecha económica y política, han ahondado en el dialogo entre ciencia y fe, incluso han caminado hacia una teología no patriarcal, sobre todo por parte de las mujeres y han reinterpretado la tradición bíblica a favor de la ecología. Pero no han trabajado tanto en esta dirección posreligional.  

Muy pocos se han atrevido a poner en cuestión los supuestos de su misma religión, a incorporar la ciencia en la fe y la fe en la ciencia, invirtiendo el tradicional esquema de primero la Revelación y luego el conocimiento empírico que cuadre con ella. Muy pocos se han atrevido a llegar hasta el final en la desmitologización del Jesús de los evangelios persistiendo en esa convicción de un Jesús histórico realmente descrito en los evangelios para a continuación divinizarlo al estilo judío y a partir de allí justificar con su autoridad todo el sistema piramidal y dualista que caracteriza al cristianismo.   

Posteísmo

  Y te preguntas: “¿Realmente algunos teólogos o teólogas entre los que suponen esa comprensión de la fe “teísta”, la han vivido ellos o ellas mismas y como adultos medianamente instruidos, de manera tan incurablemente deformada como la presentan hoy?”

 Quizás los teólogos no, pero sí se ha inculcado a la gente sencilla y a los ciudadanos en general librándose ellos de tomárselo al pie de la letra como instruidos que podían ser. Y más en nuestro nacionalcatolicismo todavía persistnte. Hemos confundido la invitación con la obligación, la autoridad con la constricción de las conciencias, la comunicación con la confesión y la obediencia, la alegría de la vida con el pesimismo de la culpa original. Cuantos símbolos y ritos mágicos, cuantos fetiches como expresiones de la divinidad, qué atrevimiento para decir sin ningún miramiento quién o cómo es Dios. 

Avisas con tino de los peligros del insuficiente cultivo de los problemas gnoseológicos y hermenéuticos y la propensión a cabalgadas históricas. Pero no somos nosotros, son los estudios e investigaciones de la comunidad científica quienes lo exponen con rigor. Basta leer lo contrario de nuestra doctrina, que eso no es salirse de la fe. Además no es un peligro exclusivo de la posreligión. Todavía el siglo XXI está impregnado de la epistemología y ontologías premodernas, no ha oído hablar del emergentismo, piensa dualistamente, no acepta la incertidumbre y la relatividad, etc.

 Al inicio de la “Santa Misa” o en la homilía de las renovadas eucaristías se debería decir que todo lo que allí se habla con un carácter realista no es sino un conjunto de símbolos, narraciones y metáforas que nos acercan al misterio de la realidad incluso si se quiere al misterio de Dios dada la polisemia de este término.  

Jesucristo
Jesucristo

Pues ese literalismo y afán de verdad absoluta es el que ha traicionado la vivencia de lo que pudo significar Jesús de Nazaret.  

Me he alargado. De nuevo las gracias a todos los teólogos heterodoxos que me habéis acercado a la sabiduría evangélica y al fondo de mi ser. 

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