“A Dios rogando y con el mazo dando”: rogativas y terremotos en Granada
En estos tiempos ¿tiene sentido este tipo de manifestaciones? ¿Cómo es la fe de los cristianos del siglo XXI? ¿Qué imagen de Dios alimenta este tipo de propuestas? ¿Es esta la respuesta que el mundo necesita y espera de los creyentes?
El arzobispo de Granada anuncia para el mes de septiembre una rogativa para pedir protección por los terremotos. ¿En qué Iglesia estoy? ¿En qué mundo vivimos? En estos tiempos ¿tiene sentido este tipo de manifestaciones? ¿Cómo es la fe de los cristianos del siglo XXI? ¿Qué imagen de Dios alimenta este tipo de propuestas? ¿Es esta la respuesta que el mundo necesita y espera de los creyentes?
“Dios es un Padre providente que hace salir el sol sobre buenos y malos” (Mt.5,45), pero respeta en todo nuestra libertad. Él no actúa en el mundo si nosotros no lo dejamos actuar y la única manera que tiene de hacerlo es a través de su Espíritu que habita en nosotros (1Cor.3,16s). Somos templos del Espíritu (1Cor.13,16) y “Él nos sugiere en cada momento lo que hemos de pedir”(Rm.8,26s): “tener los mismos sentimientos que Cristo Jesús” (Flp.2,1-11) y lo que debemos de hacer: “que en todo se haga lavoluntad del Padre” (Lc.22,42). El Espíritu es el que nos capacita para el bien y nos acompaña en la lucha contra el mal para “hacer presente el proyecto humanizador del Reino aquí en la tierra”(Mt.6,10).
Más que para que Dios nos proteja los cristianos rezamos diariamente para poder colaborar con Él en la tarea santificadora del mundo (Mt.6,33).
- Varias veces al día rezamos la oración del Padre Nuestro que contiene todo lo que necesitamos para afrontar la vida y crecer integralmente. Pedimos a Dios que venga su Reino y en todo se haga su voluntad, que nos acompañe en la tarea de velar por la justicia (el pan de cada día) y la paz en el mundo (la capacidad de perdón y reconciliación) que nos mantenga firmes para no caer en la tentación de poner el dinero en el lugar de Dios y que nos libre del maligno.
- Cuando rezamos confesamos que nuestra vida está en sus manos y que “Todo sucede para bien de los que creen” (Rm.8,28).
- La oración, espacio de encuentro en el que los cristianos nos vamos configurando con Jesús, el obrero de Nazaret, de modo que la confianza, la gratitud y la capacidad de servicio deberían de ser nuestras señas de identidad, así como nuestra identificación con la causa los pobres.
Como creyentes, los terremotos nos han hecho experimentar la pequeñez y fragilidad de la vida, así la experimentan cada día millones de personas en el mundo, y nos han permitido poner nuestra confianza en la misericordia infinita de Dios
Como creyentes, los terremotos nos han hecho experimentar la pequeñez y fragilidad de la vida, así la experimentan cada día millones de personas en el mundo, y nos han permitido poner nuestra confianza en la misericordia infinita de Dios.
A la vez, estas experiencias nos invitan a reconocer que nuestros gobiernos, ya hace tiempo, decidieron aplicar leyes que pretenden hacer frente a estos peligros y construir viviendas teniendo en cuenta las características de esta tierra y en lo posible evitar las catástrofes. Motivo por el cual podemos y debemos de dar gracias a Dios.
Deberíamos también dar gracias por la rápida intervención y buena labor realizada por los bomberos, policías, personal sanitario y protección civil, etc. Medios institucionales que son de todos y sostenemos entre todos y que cumplen con profesionalidad la tarea encomendada.
También es buena ocasión para expresar nuestra acción de gracias por la solidaridad que en estos momentos difíciles se genera entre los vecinos y que nos permite dar lo mejor de nosotros mismos gratuitamente.
Es una buena ocasión para pensar en el valor y la importancia de la vivienda para el desarrollo de las personas, una vivienda digna a la que hoy muchos jóvenes no pueden acceder por las condiciones de trabajo que soportan y los altos costes que supone acceder a una de ellas. Ante esta situación deberíamos de ser capaces de reivindicar el derecho a una vivienda digna para todos.
Y en la misma línea caer en la cuenta de las personas que en nuestras ciudades viven en la calle, concretamente en Granada alrededor de 300 personas desprotegidas, a las que ignoramos y a las que la sociedad les niega el derecho a tener una casa digna donde vivir.
Jesús dijo: “Si dos o más se ponen de acuerdo para pedir algo al Padre en mi nombre Él os lo concederá” (Mt.18,19-21) ¿Nos lo creemos? Y si es así ¿En nombre de Jesús somos capaces de salir a la calle para rezar y comprometernos por estas causas? y cumpliendo aquel refrán cristiano que dice: “A Dios rogando y con el mazo dando” ¿somos capaces de salir a las calles a pedir a nuestros gobernantes actuaciones y medidas que ayuden a combatir las causas que no hacen posible que la vivienda sea un derecho para todos sino un privilegio para unos y un lujo inalcanzable para otros?
Caer en la cuenta de las personas que en nuestras ciudades viven en la calle, concretamente en Granada alrededor de 300 personas desprotegidas, a las que ignoramos y a las que la sociedad les niega el derecho a tener una casa digna donde vivir
Y con respecto a la crisis migratoria y a la situación de indefensión de tantas personas obligadas a salir de sus tierras buscando una vida más digna, arriesgándolo todo y pasando por situaciones graves de peligro y de muerte ¿no tenemos nada que decir y hacer frente a esos que se atreven a llamarse cristianos y no tienen entrañas de misericordia con los más desfavorecidos? ¿Dónde quedan las palabras de Aquel que dijo: “Fui forastero y me acogisteis? (Mt.25,43-45).
El culto verdadero consiste en la compasión, la misericordia y la justicia practicadas día a día en nuestras decisiones y relaciones, ¿Cuánto tiempo, oraciones, encuentros y energíasdedicamos a ello? “No se enciende una luz para esconderla sino para que alumbre a todos los de casa, alumbre así vuestra luz ante los hombres” (Lc.11,33-35).
