Antonio Aradillas Los dolores de don Braulio

Antonio Aradillas
Antonio Aradillas

Alguno de los casos más sonoros y sobrecogedores registrados en la historia de la Iglesia española de los últimos tiempos, está avecindado en la diócesis de Salamanca, precisamente cuando su sede estaba ocupada por él, comprobándose que la única medicina con la que se sirviera entonces, fue la del “discreto” traslado de su protagonista.

Reciente la información documentada de que son Braulio, ex obispo de Salamanca y después de Valladolid, forma parte de la docena de prelados que en mayor proporción han contribuido en los últimos cuarenta años al mantenimiento –“conservación y defensa”- de curas abusadores.

Resulta dramáticamente triste y deshonroso, que periódicos de cualquier formato o procedencia, hayan tenido y tengan, que dedicarle una sección permanente al tema “religioso” intitulado “sacerdotes abusadores”. En uno de ellos, acabo de informarme acerca de las penúltimas declaraciones de don Braulio, arzobispo de Toledo, primado de las ex Españas, algunos de cuyos párrafos merecen ser destacados con leves y discretas referencias a su contenido.

“Duelen mucho los sacerdotes culpables de abusos a menores…” es la cabecera que arzobispalmente campea en las distintas versiones y presentaciones informativas. Partiendo del dato de que la RAE define el término “dolor” como “sentimiento grande de pena, de destreza o de pesar”, es fácilmente comprensible la confesión de don Braulio de que, desde su condición jerárquica, lo esté pasando mal. Rematadamente mal. Y no solo por lo de los “menores”, sino también por lo de los “mayores”, dado que las agencias de prensa no se ahorran proporcionar datos documentados referidos a monjas, “religiosas”, a laicos y laicas, con certeras formulas globales de no pocos abusos, conocidos ya, o todavía por conocer…

Pero es palpable que a don Braulio tal dolor le pueda afectar aún más, dada la infeliz coincidencia de que alguno de los casos más sonoros y sobrecogedores registrados en la historia de la Iglesia española de los últimos tiempos, está avecindado en la diócesis de Salamanca, precisamente cuando su sede estaba ocupada por él, comprobándose que la única medicina con la que se sirviera entonces, fue la del “discreto” traslado de su protagonista a otras parroquias o actividades pastorales salmanticenses. Y es que, por encima de todo, había que salvaguardar el buen nombre de la Iglesia “oficial”, aún a riesgo del “caiga quien caiga”, seguros además de que con la terapia del traslado “por razones pastorales” lo único que se conseguía, y se consigue, es trasladar el problema, enconado, a otras latitudes, con víctimas nuevas y distintas.

Curas abusadores

Don Braulio califica el problema que causa el dolor de “crimen universal”, con la etiqueta gramatical y politicoide de “transversal”, que no significa otra cosa sino la de “por todos lados”, o “por donde quiera que se mire”. Lo añadido por el prelado, como excusa piadosa, de que “tales casos se verifican en casi todas partes”, se corresponde con el falso convencimiento y proclamación jerárquica de que, lo que está pasando en la Iglesia, con cardenales incluidos, ocurre aún en las “mejores familias”. A favor de don Braulio hay que reconocer su propia convicción que dice tener, de “la gravedad del problema por razones tan obvias como las de que “contrastan con la autoridad moral y credibilidad ética de la Iglesia”.

Al redactar don Braulio el diagnóstico, y apuntar hacia la etiología de tan horrendo problema intra- eclesiástico, apunta a “la mala educación sobre la sexualidad humana cada vez más necesaria” impartida dentro de la familia y de los seminarios”…,”necesitada de orientaciones y de normas precisas, aunque no se trata solo de buenas, sino de las mejores prácticas”…

De verdad que resulta ininteligible este último párrafo redactado por don Braulio, y menos en el contexto de la pedagogía seminarística, en la que intenta situar tal adoctrinamiento y praxis. Consulté con algunos de mis colegas, y a la conclusión que llegaron, con una pizca de humor, fue a la de que jerárquicamente habían sido confundidos los términos “educación” con el de “educastración”, biológica o de la otra, sistema seguido en todos los planes de estudio y en la ascesis de los seminarios. (“Ascesis” -la RAE dixit”- es “el conjunto de reglas y de prácticas encaminadas a la liberación del espíritu y al logro de la virtud.

En las citadas declaraciones insiste don Braulio en que, a la solución del problema contribuirá “la selección y formación de los candidatos al sacerdocio…”. Ah, pero ¿es que todavía hay seminarios en todas las diócesis y en los mismos es posible la educación para la vida y para ejercer en ella pastoralmente el ministerio, al margen, o sobre, las orientaciones litúrgicas, canónicas y ritualistas? ¿Acaso el bendito papa Francisco no descalificó severamente el sacerdocio como “carrerismo”? Tal y como predican las estadísticas y los expertos, ¿considera don Braulio el sacerdocio como una profesión, con más “salidas”, “dignidades” y emolumentos en su catedral primada, que en otras “diocesillas” periféricas…? ¿Cuál fue –y es- su experiencia “rouconiana”?

Silencio cómplice

“Es justo, equitativo y saludable” para la Iglesia en general y, en este caso, más para la “Provincia Eclesiástica de Extremadura”, que uno de los dolores más certeramente diagnosticados por sus autoridades civiles, eclesiásticas y por todo el pueblo de Dios, es el de que su patrona, Santa María de Guadalupe, siga exiliada de la Comunidad Autónoma extremeña, administrada, con todas sus consecuencias –también económicas-, por don Braulio, el arzobispo de la capital de Castilla-La Mancha.

Por muy absurdo, y nada razonable, que humana y divinamente, sea y lo parezca, así son las cosas en la “pobre” Extremadura, con inclusión de la participación activa, o consentida, de Nuestra Santa Madre la Iglesia, al menos la jerárquica, encarnada todavía en don Braulio, el condenador de los abusos, siguiendo pautas de comportamientos heredados de sus antecesores, los inquisidores cardenalicios.

Reciente la información documentada de que son Braulio, ex obispo de Salamanca y después de Valladolid, forma parte de la docena de prelados que en mayor proporción han contribuido en los últimos cuarenta años al mantenimiento –“conservación y defensa”- de curas abusadores en sus distintas y abominables versiones, resulta aún más explicable y certero lo del título de “Los dolores” de esta reflexión “piadosa, aunque alguien piense lo contrario.

Y conste que no se trata de un solo caso salmanticense, sino de varios. Quede bien claro además que los gazofilacios de Guadalupe, de las dos catedrales salmantinas, ni el de la “dives toletana” podrían contribuir efectivamente a paliarles el problema a las víctimas y a sus familiares. ¿Pero cuando se jubila de verdad don Braulio?.

Virgen de Guadalupe

Volver arriba