Tras unas elecciones históricas, Brasil saldrá adelante si todos, también la Iglesia, arriman el hombro
El papel de la jerarquía católica ha sido fundamental. Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, así como muchos laicos y laicas se han posicionado en defensa de la Constitución y de la Democracia, que muchos veían amenazadas por las propuestas de Bolsonaro
El proceso electoral en Brasil siempre ha sido una especie de novela de la Globo (la televisión más vista en el país, especialmente la novela de la nueve). Pero no cabe duda de que la realidad supera a la ficción: el niño nacido en la extrema pobreza, que con siete años viajó durante trece días en un camión junto a su madre y sus hermanos para poder sobrevivir en la periferia de São Paulo, a quien el sufrimiento se le ha pegado como una lapa a lo largo de su vida, ha seguido haciendo historia.
Una remontada nunca vista
A sus casi 81 años, que ha cumplido dos días después de la segunda vuelta, ha conseguido ser elegido presidente por cuarta vez y ha dado la vuelta a los resultados de la primera vuelta, donde había acabado segundo. Nunca en la historia democrática de Brasil había sucedido eso, nadie gobernó el gigante sudamericano durante cuatro mandatos y la tradición decía que quien ganaba en la primera vuelta, lo hacía en la segunda.
A ello se une que, en el mismo día en que Lula celebraba su cumpleaños, menos de 48 horas después de perder las elecciones, el candidato derrotado, Flavio Bolsonaro, se ha fugado del país. Una huida que pone en grave riesgo el futuro del bolsonarismo, dado que Jair Bolsonaro esta cumpliendo la pena a la que fue condenado por diversos crímenes, entre ellos tentativa de golpe de Estado, Eduardo Bolsonaro, también indiciado por la justicia brrasileña vive en Estados Unidos bajo el amparo de Donald Trump, y su hermano Flavio ha seguido el mismo camino y, probablemente, destino.
Ha habido algunos factores para que Lula consiguiese 10 millones de votos más en la segunda vuelta que en la primera. Entre ellos cabe destacar la implicación de los jóvenes, que se han movilizado para voto a voto ir dando la vuelta a un resultado que amenazaba una catástrofe social imprevisible. También el voto de los ancianos, que han ido a votar en un porcentaje nunca visto. En Brasil el voto es obligatorio entre los 18 y los 70 años, pero han sido muchos los votos de hombres y mujeres mayores de 70 que marcaron el número 13 (en Brasil cada candidato tiene un número y este se digita en una máquina). Algo que Lula agradecía en su primer discurso tras la victoria electoral.
Un voto dividido por territorios
Un mapa de Brasil que recoge los resultados electorales nos muestra que la región Nordeste ha sido la mayor despensa de votos de Lula, con ciudades que ha superado el 90 por ciento de los votos a su favor. Un porcentaje que menor en la región Norte y en el estado de Minas Gerais, donde la victoria del actual presidente ha sido vista como fundamental para alcanzar el resultado final en el conjunto del país.
Pero podemos decir que la religión también ha jugado un papel fundamental en estas elecciones. En un análisis muy general podemos decir que Bolsonaro gozaba de mayor apoyo entre los evangélicos y Lula era la preferencia de los católicos. En ese sentido, el papel de la jerarquía católica ha sido fundamental. Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, así como muchos laicos y laicas se han posicionado en defensa de la Constitución y de la Democracia, que muchos veían amenazadas por las propuestas de Fabio Bolsonaro.
Mensajes de los obispos de Amazonas y Roraima
La vida de las parroquias y las redes sociales se han visto inundadas por mensajes en los que, más allá de pedir el voto para un candidato concreto, se defendían posturas acordes al Evangelio y a la Doctrina Social de la Iglesia. El primer gran mensaje, lanzado en la segunda quincena de septiembre, que rápidamente se extendió por todo el país, fue de los obispos de Amazonas y Roraima, donde animaban a votar y elegir bien, haciendo ver que la participación garantiza la democracia y es ejercicio de ciudadanía.
Advertían contra la compra de votos y la corrupción electoral, contra candidatos que ya han sido condenados o corruptos, contra la manipulación religiosa que pide votos en nombre de Dios, invitando a conocer la historia personal de los candidatos y sus propuestas, a votar en defensa de la Amazonía, de sus florestas, aguas y pueblos, muchas veces tratados como mercancía, votar en quien defiende los territorios indígenas y comunidades tradicionales, en quien está a favor de la soberanía de Brasil, de la Amazonía y de las riquezas del país.
Dejaban claro que la Iglesia católica no tiene partido y que defiende las causas de Jesucristo y del Evangelio, que quiere que cuidemos de los más vulnerables y empobrecidos, paz, justicia, perdón y reconciliación, defensa y protección de los más pequeños. Un voto que tiene que llevar a controlar el trabajo de quien es elegido, asumiendo la política como una de las formas más elevadas de la caridad, que busca el bien común, el bien de todos, asumiendo las consecuencias del voto.
Pocos días antes de la segunda vuelta, 47 obispos divulgaron una nota en la que, sin citar el nombre de ninguno de los dos candidatos, criticaban las políticas de devastación del medio ambiente llevadas a cabo por Jair Bolsonaro, padre de Fabio, y que una de las candidaturas amenazaba puntos centrales de la Doctrina Social de la Iglesia, como la existencia de la democracia, la soberanía nacional y la práctica del bien común. Así como la propuesta que hacía uno de los candidatos de liberar el uso de armas en el país.
Posicionamiento de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil
El conjunto de los obispos del país, a través de diversos organismos de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, principalmente la Presidencia, se han ido manifestando a lo largo del proceso electoral. El 21 de octubre, pocos días antes de la segunda vuelta, el Consejo Permanente de la CNBB pedía para el país «trabajo digno, alimentación, sanidad, educación y seguridad de calidad», así como «cuidar el medio ambiente, garantizar los derechos humanos y promover la paz». Son exigencias que, sin decir el nombre de ningún candidato, se decantan por el programa del ganador de las elecciones.
Una vez pasadas unas elecciones que muchos consideran históricas, es necesario dar continuidad a la gobernabilidad del país. Una tarea que no será fácil, ni en el Congreso y el Senado, ni en la calle. La polarización y el enfrentamiento abierto se palpan en la vida cotidiana. Las agresiones verbales y físicas son comunes y la convivencia se ha deteriorado hasta límites insospechados pocos años atrás.
A quienes han sido elegidos, la presidencia del episcopado les ha dicho en nota publicada una vez concluido el proceso electoral, que «el ejercicio de la autoridad pública encuentra su razón de ser en el ejercicio del bien común», y les pide «espíritu democrático, integridad, transparencia, diálogo, respeto a las instituciones y compromiso con la dignidad de cada persona humana», más allá de intereses, partidos o sectores particulares.
El episcopado pide «responsabilidad para la superación de la pobreza y del hambre, la reducción de las desigualdades, la promoción del trabajo digno, el acceso a la sanidad, a la educación y la vivienda, a la protección de las familias, la seguridad pública, el cuidado de la Casa Común y la defesa incondicional de la vida y de la dignidad humana, desde la concepción hasta su fin natural».
Dada la tensión en que se vive, los obispos piden a los representantes elegidos, «fortalecer la convivencia democrática, rechazar la violencia, la intolerancia, la desinformación y toda forma de discriminación», así como «convergencia en todo aquello que es esencial para la vida y dignidad del pueblo brasileño». Una Iglesia que más allá de cuestiones partidarias, asume su responsabilidad de «colaborar para una sociedad en la cual nadie sea privado de las condiciones necesarias para una vida digna».
Compromiso de la Iglesia
En otra nota, dirigida al presidente Lula y su vicepresidente Geraldo Alckmin, se les pide «responsabilidad frente a todo el pueblo brasileño, inclusive a aquellos que eligieron diferente en las urnas». También «espíritu democrático, integridad, transparencia, diálogo, respeto a las instituciones y compromiso con la dignidad de cada persona». Así como superar el hambre, reducir las desigualdades, promover el trabajo digno y el acceso a la sanidad, educación y vivienda, entre otras cuestiones.
Una postura de la Iglesia católica que es de fundamental importancia, dada su trayectoria histórica marcada por el compromiso social y la defensa de los vulnerables. Los desafíos que Brasil enfrenta, un país profundamente dividido, son grandes, de ahí la necesidad de un empeño común, en el que la Iglesia católica, una vez más, está dispuesta a arrimar el hombro.