La encíclica, un programa para el pontificado, o cómo posicionarse para participar en la salvación del mundo
Publicada hace una semana, la primera encíclica de León XIV plantea cuestiones, señala etapas y esboza perspectivas que se proyectan sobre todo el pontificado, mucho más allá del tema, aunque crucial, de la inteligencia artificial (IA)
Publicada hace una semana, la primera encíclica («Magnifica humanitas») de León XIV plantea cuestiones, señala etapas y esboza perspectivas que se proyectan sobre todo el pontificado, tanto en lo que respecta a las relaciones de la Iglesia católica romana con el mundo —y, por tanto, mucho más allá del tema, aunque crucial, de la inteligencia artificial (IA)— como a los cambios estructurales y pastorales que se impondrán en su propio seno.
LaIA, nacida hace unas décadas como un pequeño e inocuo nicho de técnicos y que ahora se ha desbordado en muchos ámbitos de la vida personal, familiar, asociativa, industrial e incluso militar, plantea problemas gigantescos, como bien ha señalado Robert Francis Prevost: de hecho, como cualquier otro invento humano, es «ambigua»: puede abrir posibilidades de enormes consecuencias positivas, hasta ayer inimaginables, para mejorar la vida en el planeta, en la agricultura o en el tratamiento de numerosas enfermedades; pero, por el contrario, también puede servir para provocar destrucciones inmensas, hasta ahora imposibles, y guerras, incluso nucleares, de una terribilidad inaudita. Todo dependerá, precisamente, del uso que se haga de la IA: ¿para ayudarnos a vivir mejor, a erradicar el hambre del mundo, a hacer florecer la biodiversidad en el planeta, a salvar los océanos? ¿O para arrasar la tierra de nuestros «enemigos», o hacer inhabitables continentes enteros?
León lanza un grito: cuidado: o la IA nos hace más humanos, o será nuestra ruina
León lanza un grito: cuidado —dice a todos, pero sobre todo a los gobernantes—, la IA debe servir para hacernos más capaces de humanidad, para salvar el planeta, para que reine la paz fruto de la justicia. Por lo tanto, el suyo es un llamamiento a la conciencia que cada uno de nosotros debe tener, por la parte de responsabilidad que le incumbe personalmente. En pocas palabras: o la IA nos hace más humanos, o será nuestra ruina, señala el Papa. Se abre, pues, un arduo camino para defender la IA de posibles abusos. Y, para cada religión o Iglesia (y León es el máximo guía de la católica romana), comienza el tiempo de la renovación, en su interior, para afrontar mejor la empresa.
El pontífice ensalza una Iglesia 'sinodal'; nos parece el anuncio formal del compromiso de intentar hacer que 'su' comunidad sea capaz de debatir sobre 'cómo' posicionarse para participar en la salvación del mundo
En esta perspectiva, el pontífice ensalza una Iglesia «sinodal». No se trata de un adjetivo al viento: nos parece el anuncio formal del compromiso de intentar hacer que «su» comunidad sea capaz de debatir sobre «cómo» posicionarse para participar en la salvación del mundo. Por eso, los cambios pastorales y estructurales que se ciernen sobre la Iglesia romana no son en absoluto «cosas de sacristía» insignificantes: son el precio que hay que pagar para prepararla en este momento dramático de la historia. Y, entonces —¿queremos poner un ejemplo?—, ¿por qué no a las mujeres en todos los ministerios ordenados? ¿Por qué están ellas fuera del cónclave (como lamenta también monseñor Joseph Grünwidl, arzobispo de Viena)? ¿Por qué aplazar un replanteamiento evangélico radical de la relación entre clero y laicado?
El haber puesto a la Iglesia romana al frente, al menos en el mundo cristiano, de quienes quieren que la IA florezca plenamente, salvándola de posibles desviaciones, tal vez impulse al Papa a reformar «su» Comunidad, para afrontar el inmenso desafío que le espera.