La espiritualidad (bien entendida) como fuente de liberación

Sumergidos en lo ferozmente tecnológico, reclamamos con la misma intensidad una vuelta a la espiritualidad. Por eso tiene hoy razón de ser el volumen que publicó Juanjo Tamayo titulado Hacia una espiritualidad liberadora

Epiritualidad liberadora
Epiritualidad liberadora
Prof. Dr. Antonio J. Mialdea
29 ene 2026 - 11:19

Vivimos en una época, en un mundo, en el que al mismo tiempo en que estamos plenamente sumergidos en lo ferozmente tecnológico, en la inteligencia artificial, esclavizados a un consumismo que ni siquiera nos cede ya el espacio del ocio de no hacer nada, reclamamos con la misma, o incluso más, intensidad una vuelta a la espiritualidad como el aspecto más noble y esencial del ser humano. Dos mundos contrapuestos pero invocados con la misma energía por los seres humanos. Este retorno a la espiritualidad pretende, a grandes rasgos, que no se pierdan algunas de las dimensiones fundamentales del ser humano como son la corporalidad, la subjetividad, la racionalidad, la creatividad, la alteridad, la libertad. En este sentido, la espiritualidad es el Ungrund (Jakob Böhme) que todo lo sustenta. En palabras actuales de la Física cuántica, el sustrato más profundo de la conciencia humana, de la que tanto nos queda por descubrir.

Pero un retorno a una verdadera espiritualidad no puede caer presa de los espiritualismos vacíos que hoy campan por doquier unidos, la mayoría de las veces, al cruel mercantilismo de lo sagrado. Por eso tiene hoy razón de ser el volumen que publicó Juanjo Tamayo titulado Hacia una espiritualidad liberadora (Herder, 2024).

Juan José Tamayo
Juan José Tamayo

A poco que se conozca la trayectoria teológica de Tamayo, uno cae en la cuenta del progresivo giro que ha dado su pensamiento filosófico y teológico, desde la teología de la liberación muy centrada en sus orígenes latinoamericanos hasta su apertura a nuevas teologías de la liberación que abarcan al resto de continentes y siempre ancladas en la realidad más urgente y apremiante. Por citar algunas, tenemos la teología feminista de la liberación, la ecoteología de la liberación, las teologías del sur global, teología de la liberación de las estructuras patriarcales, la teología de la liberación de los movimientos LGTBIQ+...

Desde la pandemia sufrida por el COVID, Tamayo ha realizado un nuevo ejercicio de concentración de todas estas teologías hallando precisamente el centro en la vuelta a una espiritualidad cuyo fin no puede ser otro que el de alcanzar con ella la liberación plena del ser humano que aún mantiene fortísimas brechas de desigualdad en muchos ámbitos. Por eso, hoy, la teología de la liberación debe ser entendida como una vuelta no solo al origen del Evangelio sino al origen mismo del ser humano en unión con todo el cosmos. Más bien, tendríamos que denominarla en la actualidad: espiritualidad de la liberación que, de alguna forma, es lo que ya el teólogo palentino anuncia en el título de esta obra.

Tamayo, realizando un ejercicio de simbiosis perfecta entre los postulados de Zubiri, Ellacuría y el Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti, afirma que es en la espiritualidad donde el ser humano se juega su verdadera identidad, donde se convierte en un místico de ojos abiertos (Metz) que, sin dejar de mirar lo trascendente, ancla bien fuertes sus pies en la realidad para llevar a cabo una acción transformadora de la misma en la comunicación constante y compasiva con la alteridad. Es lo que reza el dicho Ubuntu: yo soy porque tú eres. En definitiva, la espiritualidad debe encaminarse a elevar el nivel de conciencia de uno mismo a través de la compasión hacia el otro. Y esto es lo que Tamayo ha puesto de manifiesto a lo largo de las páginas de este libro afirmando que si caminamos en este sentido que exponemos, la espiritualidad, la verdadera espiritualidad, siempre integradora y jamás exclusiva ni excluyente, tiene hoy más sentido que nunca en este mundo de consumo, de prisas y de ruido.

Por otra parte, deja bien claro, aunque todavía haya quienes piensan de otro modo, que ni la espiritualidad es algo creado por las tradiciones religiosas ni tampoco es patrimonio de las mismas. Es, más bien, un patrimonio universal que acompaña, y empleo este verbo con toda la intención, al ser humano y que con él debe conformar, en palabras del mismo Tamayo: “un nuevo consenso universal que respete la polifonía cultural, religiosa, étnica, social, política, es decir, que respete todas las dimensiones que configuran la realidad de los seres humanos”.

Espiritualidad
Espiritualidad

Aún no tenemos mucha idea de quiénes somos, de qué es el Universo. Una espiritualidad bien entendida nos puede ayudar mucho en este momento histórico que transitamos en busca de la auténtica libertad a la que estamos llamados.

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