Qué decir de la estrategia teológico-pastoral que cuenta solo o preferentemente con presbíteros extranjeros y extradiocesanos

"Urge inscribir la presencia de estos presbíteros en una estrategia pastoral que permita prever un futuro -a pesar de todo- de pequeños oasis, es decir, de grupos que, dejando de ser “restos” y “rescoldos”, se vayan convirtiendo -poco a poco- en comunidades vivas y estables"

Sacerdotes inmigrantes
Sacerdotes inmigrantes | Archivalencia

En las aportaciones anteriores, dedicadas a estudiar y evaluar la estrategia teológico-pastoral de contar con presbíteros solo y preferentemente extranjeros y extradiocesanos, he dedicado, la primera de ellas, a exponer las decisiones posibles en las que puede cuajar esta estrategia (https://www.religiondigital.org/opinion/Contar-presbiteros-extranjeros-extradiocesanos-curas_0_2820017978.html). En la segunda, me he ocupado de estudiar una de las cinco modalidades posibles: la colaboración “fraterna y desinteresada” y la “cooperación misionera” (https://www.religiondigital.org/opinion/modalidades-contar-presbiteros-extranjeros-extradiocesanos_0_2829317045.html). Y, en la tercera, he resumido una investigación más detallada sobre “la contraprestación e instrumentalización de los presbíteros extranjeros y extradiocesanos” (https://www.religiondigital.org/opinion/contraprestacion-instrumentalizacion-presbiteros-extradiocesanos-iii_1_1436751.html).

Ahora me corresponde ofrecer -como había adelantado- una valoración sobre esta apuesta. Lo hago respondiendo a esta cuestión: contar solo, o preferentemente, con presbíteros extranjeros y extradiocesanos ¿es una estrategia teológico-pastoral que permite afrontar con esperanza la caída en picado de las parroquias y abre a un futuro razonablemente sensato a los actuales “restos parroquiales” o “rescoldos comunitarios”?

Obispo de Vitoria con curas africanos
Obispo de Vitoria con curas africanos

Si bien es cierto que puede ser -y es, en la mayoría de las ocasiones- un admirable ejercicio de colaboración entre iglesias hermanas y, por ello, una magnifica experiencia de catolicidad y multiculturalidad, también es innegable que presenta unas cuantas sombras.

Las primeras de ellas, directamente conectadas con la preocupación de estas líneas, son las referidas a la situación personal de los presbíteros -en particular, extranjeros- ya sea en la modalidad de “cooperación misionera” o en la de colaboración “desinteresada” “Fidei donum”. Y las segundas de las sombras, referidas a la idoneidad de esta estrategia para afrontar la caída en picado de las parroquias y su posible reconversión en comunidades vivas y con futuro, en el caso de que hayan decidido constituirse en “restos parroquiales” o “rescoldos comunitarios”.

1.- Cuando no se presta la debida atención a los presbíteros extranjeros y extradiocesanos

Centrando la atención, en primer lugar, en la valía de esta estrategia pastoral para la formación y cualificación de los presbíteros -extranjeros y extradiocesanos- directamente concernidos por ella o evaluando la calidad pastoral de la cooperación prestada, no me canso de compartir con mons. Jorge Carlos Wong la importancia de que estos ministros ordenados -y en su caso, los bautizados y bautizadas- cuenten con un acompañamiento -académico y pastoral- en las diócesis de acogida; algo que, salvo alguna honrosa excepción, apenas existe.

Y comparto también el toque de atención del teólogo y obispo de Odienné (Costa de Marfil), Alain Clément Amiézi, sobre la idealización del catolicismo y de los presbíteros africanos en muchas diócesis del primer mundo, al menos, en las que conozco. Y me parece oportuno manifestar que lo comparto porque, a diferencia de lo que sostiene este obispo y teólogo, he llegado a escuchar a un prelado que el futuro de la Iglesia -también de la europea- se encuentra en África.

Me quedo con el parecer de mons. Alain Clément Amiézi y con sus advertencias porque creo que explican algunos de los muchos problemas que tienen bastantes de los presbíteros africanos que reciben encomiendas pastorales de parroquias y que se “rebelan” contra la secularización de occidente y acusan a sus críticos de ser “racistas” o “colonialistas”.

Y creo que explican, igualmente, la lamentable desertificación pastoral en que viene cuajando la apuesta por esta estrategia sin contar con una parte notable del pueblo de Dios y del presbiterio diocesano, cuando no, directamente enfrentados a ellos. Es una desertificación pastoral que no se puede ocultar con una política de información mediática, blanqueadora de la gestión pastoral que lidera el prelado de la diócesis o con una escenificación de “normalidad” diocesana en la que también están obligados a participar los “cooperadores misioneros”, los presbíteros “Fidei donum” y los extradiocesanos bajo amenaza de expulsión.

Encuentro de la OCSHA en Santo Domingo
Encuentro de la OCSHA en Santo Domingo

Pero, de manera particular, creo que no se puede ignorar la denuncia -manifestada en reiteradas ocasiones- por el cardenal Ignace Bessi Dogbo, arzobispo de Abiyán (Costa de Marfil) sobre la creciente negativa de estos presbíteros -en particular, de los africanos- a regresar a sus diócesis de origen. Es una denuncia que, aceptado el déficit de acompañamiento, plantea muchos interrogantes a las iglesias locales de acogida: al evidenciar el incumplimiento de los acuerdos firmados, cuestiona seriamente la colaboración fraterna -y, con ella, la catolicidad- entre iglesias hermanas.

Y, por si eso pareciera poca cosa, resulta que algunas diócesis españolas, económicamente más ricas, pero ministerialmente más pobres, tienen dificultades -al parecer insuperables- para no caer en la tentación de desvestir de presbíteros -y, si se tercia, de laicos y laicas, religiosos y religiosas- a las económicamente más pobres, pero no necesariamente, más ricas desde el punto de vista pastoral y ministerial. Poco o nada que ver con las deseables catolicidad y multiculturalidad y sí mucho que ver con lo que se podría tipificar como un “expolio ministerial” y, probablemente, también pastoral.

Algunas diócesis españolas, económicamente más ricas, pero ministerialmente más pobres, tienen dificultades -al parecer insuperables- para no caer en la tentación de desvestir de presbíteros -y, si se tercia, de laicos y laicas, religiosos y religiosas- a las económicamente más pobres, pero no necesariamente, más ricas desde el punto de vista pastoral y ministerial

Por tanto, la evaluación de esta estrategia pastoral, atendiendo a su incidencia teológica, espiritual y pastoral en los presbíteros extranjeros y extradiocesanos, cuestiona radicalmente su procedencia, al menos, tal y como se viene implementando en las diócesis que yo conozco. Y, por eso, creo que hay razones de peso para proponer una radical revisión de su presencia en tales diócesis y de la misma estrategia en cuanto tal atendiendo a las observaciones críticas del cardenal Alain Clément Amiézi, de los demás obispos antes citados y a las facilitadas en anteriores aportaciones.

2.- Cuando no se presta la debida atención a los “restos parroquiales” o a los “rescoldos comunitarios”

Pero a esta primera valoración, atenta a la situación personal de los presbíteros extranjeros y extradiocesanos y a los objetivos propios de la colaboración entre iglesias hermanas, ha de seguir la que preside la redacción de las presentes líneas: diagnosticar la valía de esta estrategia cuando se trata de reconducir o encauzar la caída en picado de muchas de las actuales parroquias que -tras un tiempo suficiente de iniciación- puedan ser reconocidas como comunidades vivas, estables, misioneras y con futuro, además de corresponsables. He aquí la segunda perspectiva valorativa, la que toca poner en juego seguidamente.

Y puesta en juego, creo que, con lo expuesto y argumentado en las aportaciones anteriores -a las que he remitido en el inicio de estas líneas- queda suficientemente probado que, si no se cuida debidamente la manera de contar con presbíteros extranjeros y extradiocesanos, es ineficaz e, incluso, contraproducente porque puede acelerar la caída de los “restos parroquiales” o “rescoldos comunitarios” que todavía puedan subsistir.

Curas extradiocesanos en Barcelona
Curas extradiocesanos en Barcelona

De hecho, los está acelerando, primero, en las zonas rurales y, un poco más tarde, en las urbanas. Estas últimas -a diferencia de las rurales- dejarán de ser -pasado no mucho tiempo- “parroquias refugio” tanto para los presbíteros extranjeros y extradiocesanos como para los diocesanos y acabarán convirtiéndose -como una buena parte de las rurales- en “residuos pastorales”.

Pero esto no es afirmar que sea totalmente desaconsejable contar con presbíteros extranjeros o extradiocesanos. Nada de eso. Quiere decir que hay que contar con ellos cuando sean necesarios y, sobre todo, cuando su servicio ministerial sea, ciertamente, cultual, pero, a la vez, evangelizador, promotor de la caridad y la justicia, así como de la corresponsabilidad ministerial.

Y cuando, sobre todo, se integre en la estrategia pastoral que coloca en el centro la creación de equipos ministeriales de base y propiciando la presencia de un modelo de presbítero apostólico, itinerante y “barquero” (Ch. Theobald)  que nada tiene que ver con el clericalista o solo cultualista que, anclado en el concilio de Trento, se complace en vivir de espaldas o torpedear el aprobado en el Vaticano II.

En definitiva, la colaboración puede ser necesaria y preciosa si se inserta en otra estrategia pastoral: la que acompaña a las actuales parroquias (en caída libre o no) en la andadura que las permita ser -cuanto antes- comunidades vivas y con futuro.

Las diocesis que no estén dispuestas a transitar esta ruta -u otra parecida- tendrán que finalizar aceptando un futuro particularmente problemático, con riesgo de acabar reducidas a su mínima expresión. Y, sobre todo, si se limitan a contar con presbíteros extranjeros y extradiocesanos al servicio de un modelo de iglesia contrarreformista y tridentina, clericalista y solo cultual o, lo que es lo mismo, caduco.

Entiendo que urge inscribir la presencia de estos presbíteros en una estrategia pastoral que permita prever un futuro -a pesar de todo- de pequeños oasis, es decir, de grupos que, dejando de ser “restos” y “rescoldos”, se vayan convirtiendo -poco a poco- en comunidades vivas y estables.

Esa es la apuesta pastoral que tenemos por delante y que creo que no va a quedar más remedio que implementar. De eso, habrá que hablar en otra ocasión y momento.

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