Está sentando precedentes Por fin, con Francisco ha llegado el postconcilio
(Josemari Lorenzo).- Después de cincuenta años hemos llegado al postconcilio. El papa Francisco muestra gestos que a todos nos gustan. Le queda mucho por hacer, pero comienzan a llegar las aguas a su cauce. Siempre habrá dos cosas claras: que el dogma no se puede cambiar y que tampoco se puede vivir con la argolla al cuello como todavía se hacía en la primera década del siglo XXI, a causa de la involución en gran parte del mundo católico. El Derecho Canónico será revisado para lograr sea más concorde con el Evangelio y más distante del Derecho Romano y de todos los Derechos Civiles. Muchos serán los cambios. Un gran mérito del Papa Francisco.
Ya no somos muchos quienes vivimos el Concilio de una manera consciente. Yo tenía entonces 29 años. Contemplé con admiración un desfile interminable de obispos en mi televisor parroquial en blanco y negro: jamás hubiera podido imaginar tanto prelado en la Iglesia. Entonces comenzaba yo a madurar algo como persona. La formación recibida en el Seminario nos sacó de aquellos benditos muros como adolescentes que se afeitaban: sin ninguna madurez; repetidores de todas las enseñanzas recibidas y sin apenas capacidad crítica.
Jamás entonces hubiera leído por mi cuenta y riesgo un libro prohibido por la Iglesia. Pero en aquellos años del Vaticano II, ya se había suprimido el "índice" inquisidor y leí una novela muy apreciada y que estuvo hasta entonces en la lista negra, "Los miserables" de Víctor Hugo. Esta obra me ayudó a desprenderme de las muletas con que salí del Seminario. Siempre me preguntaba, ¿cómo es posible que estuviera prohibida bajo pecado la lectura de esta bellísima narración que critica a una sociedad corrupta e hipócrita?
Con el alma esponjada y llena de esperanza para nosotros, los curas jóvenes, transcurrieron los primeros meses de aquella magna asamblea. Martín Descalzo fue uno de los grandes cronistas del evento eclesial más importante del siglo XX. Día a día devorábamos sus artículos, siempre con gozo, casi con gula intelectual. Me sorprendí en una ocasión que un padre había utilizado, en el aula conciliar, un artículo mío de la revista "Incunable", sobre la dirección espiritual del clero. Cada día que pasaba tomaba más importancia el Concilio Ecuménico para nosotros.
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