Fútbol y Mundial: Impactos e hispanidad
"La Roja, al ganar la Final del Mundial se ha convertido, y no lo dudo en absoluto, en algo de lo que cientos de miles hispano-usamericanos están hoy orgullosos. Espero sinceramente que España sepa cultivar en Usamérica ese orgullo tanto cultural como crematísticament"
Reconozco que no soy fan ‘futbolero’, pero sí visioné con mucho interés los partidos en que actuó La Roja y me alegré en el alma de que fuese ella la ganadora de la Final. Más aún, y aunque mis conocimientos futbolísticos son muy, muy limitados, creo que nuestro equipo mereció haber ganado por una goleada bastante mayor. Y me felicito por su elegancia y deportividad al saber ganar sin humillar al perdedor en contra de la tosquedad que me pareció practicó el equipo blanquiceleste. Con esto por delante, paso a comentar algunos aspectos relacionados.
El Mundial, especialmente en lo que se refiere a los partidos jugados en Usalandia, ha servido, sin duda alguna, para que la FIFA-FIFA y las ‘fifitas’ nacionales o regionales descubriesen la ‘mina’ que suponía organizar partidos con una mentalidad usamericana y, por ende, pragmática y sumamente crematística. Aparte los precios elevados de las entradas, las cantidades pagadas por los anunciantes -tengo entendido que se han llegado a pagar 780.000 dólares por 30 segundos de anuncio-, habrán abierto los ojos a los futuros organizadores de eventos futbolísticos del futuro. Además, en USA han descubierto la mina de oro que puede suponer un deporte que, como ha manifestado Emma Hayes, entrenadora del equipo nacional de soccer femenino usamericano, quizás no esté lejano el día en que les haga la sombra al football y el baseball. Leo en prensa de aquel país que muchas familias están pagando cuotas de hasta 1.500 dólares por inscribir a sus retoños en clubes donde les enseñan a jugar al nuevo deporte ya no tan advenedizo.
En cuanto a Europa, dada la bien conocida propensión que tenemos a copiar una gran parte de las ‘americanadas’ que al principio se consideran horteradas, ¿no veremos en un futuro cercano que los descansos para hidratación de los equipos se incluirán poco a poco en los partidos a los que asistamos? Por lo pronto, todos los jugadores y asociados directos de La Roja poseen ya uno de los 2.026 anillos de oro conmemorativos del Mundial que, al más tradicional estilo NFL o NBA, se han fabricado, mientras los otros 1.996 se supone que serán vendidos a los forofos que puedan permitirse el lujo de adquirirlos como objetos de colección. Bueno, 1.995, porque el ínclito lacayo Gianni Infantino ya le ha regalado uno a su amo Trump. Y, siguiendo con lo de copiar, ¿qué decir del letrero que adornaba el lateral del autobús en que recorrieron los nuevos y merecidos héroes las calles de Madrid, Stars Shine Together, que, que yo sepa, no es el idioma que se habla ni en Madrid, ni en Ejea. ni en Calzadilla de los Hermanillos. ¿Tan mal suena LAS ESTRELLAS BRILLAN JUNTAS? Y nadie que me conozca se atreverá a tildarme de ‘anti-americano’ o ‘anti-inglés’, mi segunda lengua y la del país que más amo en el mundo después del mío de nacimiento.
¿Y qué decir del ‘halftime show’ que entretuvo al los 82.000 espectadores durante un descanso bastante más largo que los normales en situaciones parecidas? Apostaría cualquier cosa a que no tardaremos mucho en contemplar algo similar en alguno de nuestros campos de fútbol. ‘Halftime’, de paso, que es normal en USA en la mayoría de los partidos, sean de baseball o de football a nivel universitario o de high school. Me gustaría soñar que, sobre todo en lo relacionado con los partidos de estos dos últimos grupos, se copiara también el hecho de que rarísima vez dejan de comenzar sin que un ministro religioso inicie el evento con una oración que es seguida por el himno nacional de las Estrellas y Barras. Soñar, dicen, es gratis.
Por seguir soñando, ¿por qué tenemos que esperar a que La Roja gane un mundial para que nos sintamos españoles y las banderas de España ondeen por todos los rincones nuestra patria? ¿Y por qué tenemos que presenciar el bochornoso espectáculo de escuchar a todos los argentinos presentes en la Final, jugadores incluidos, cantar a todo pulmón y con entusiasmo su himno nacional, mientras los españoles presentes daban la nota -y nunca mejor dicho- con el ya clásico lalalala lalalalalalala lalalalalá…? ¿Es que no es posible proporcionar de una vez una letra oficial a nuestro himno? Desde este mismo foro defendí hace algunos años que no veía razón para que no se adaptase la letra original que José María Peman compuso en 1928, siete años antes del comienzo de la guerra civil y, por ende, del franquismo?
Como, por razones ilógicas y puramente políticas, esto nunca pasará de ser un sueño, si el asunto se ofreciera a votación popular, hoy por hoy yo votaría por la letra compuesta por el compositor chileno Alejandro Abad, que ya he oído cantar alguna vez en eventos de importancia. Por si algún lector no la conoce, la inserto aquí: “¡Canta, España! / Tus sueños y alegría te acompañarán / a un bello amanecer. / ¡Canta, España! / Tus pueblos y tu historia te protegerán, / te harán siempre crecer. / Juntos, unidos, un mismo latido, / un solo corazón que te amará hasta el fin. / Juntos, unidos, un mismo latido, / un solo corazón que te amará hasta el fin./ ¡Canta, España! / Tus gentes y tu esfuerzo, tu diversidad / son nuestra identidad. / ¡Canta, España! / Tus mares y tus tierras te resguardarán / con generosidad. / Juntos, unidos, un solo latido, / un solo corazón que te amará hasta el fin. / Juntos, unidos, un solo latido, / un solo corazón que te amará hasta el fin.” Como grita un subastador, ¿hay quién dé más? Pues, si lo hay, que lo dé. Y si alguien piensa que es un tanto denigrante que tenga que ser un hermano chileno el autor, le recuerdo que un mexicano, Agustín Lara, lo fue en 1948 de Madrid, quizás el chotis más castizo de los ‘madriles´’. Y eso que Lara no pudo “hacer a su chulapa emperatriz de Lavapiés ”ni alfombrarle de claveles la Gran Vía” hasta 1954, cuando visitó por primera vez la Villa del oso y del madroño, seis años después de haber compuesto el para entonces ya sumamente popular chotis madrileño.
Y ahora vayamos a la Hispanidad.
Las imágenes de los diferentes partidos en que ha jugado La Roja nos permitían ver que en todos los estadios abundaba el rojo español. Y en algunos casos, como en Los Ángeles y New York-New Jersey, la mancha roja era más que impresionante. De hecho, sospecho que en la Final, aunque estoy seguro había más ciudadanos argentinos que españoles, el rojo predominaba sobre el blanquiceleste. Y la simple lógica nos obliga a pensar que el número de españoles que se habían permitido viajar a ver esos partidos no podía ser tan grande como las manchas rojas que veíamos en nuestras pantallas parecían indicar. Sin duda alguna, además de conciudadanos nuestros y luciendo como ellos el rojo, tenía que haber seguidores usamericanos anglos, pues ya abundan los aficionados al soccer entre ellos y, sobre todo, muchos, muchos hispanos, la mayoría de ellos recordando, consciente o inconscientemente, que España es parte de su historia, por más que haya algún que otro intelectualoide político que intente convencerlos de lo contrario. Y, de repente, La Roja era también parte de su historia.
Conozco la mayoría de los países hispanoamericanos; y conozco muy bien la mayoría de los estados usamericanos. Y creo me sobrarían dedos para contar a las personas antiespañolas que he encontrado en mis viajes. Y esos hispanos, que, cuando en los años setenta se intentó introducir el soccer, eran todavía una minoría despreciada, en 2026 no solo son una minoría-mayoritaria en la vida política, social y económica del país, sino que tienen la capacidad económica suficiente para poder pagar una entrada, por cara que sea, para asistir a los partidos del Mundial. España, y por tanto La Roja, es parte de ellos. Y su orgullo hispano se vio reforzado por el triunfo de La Roja. No dudo en absoluto que, de haber ganado Argentina, la reacción de los hispano-usamericanos, no hubiera sido tan entusiástica como lo ha sido al haber terminado como ganador La Roja. Y aunque cada vez se sienten más fuertes, política y económicamente hablando, el triunfo del equipo español ayudará a muchísimos hablantes de español a sentirse orgullosos de su idioma materno -aunque también hablen inglés perfectamente- y del hecho de que son más ricos culturalmente que sus vecinos anglos, por mantener vivas dos magníficas culturas y lenguas.
La señora Claudia Sheinbaum (apellido azteca, sin duda alguna) y algunos de sus secuaces podrán decir las estupideces que quieran, aunque a la hora de la verdad se derritan de emoción al recibir en privado al rey de la España que denigran en sus alocuciones públicas, pero la realidad es que el ‘pueblo llano’ de Mexico y de todos los países hispanos, sigue pensando que sus lazos históricos, lingüísticos y culturales van mano en mano con lo que muchos aún reconocen como la Madre Patria. Lo que me recuerda una anécdota que viví personalmente.
Allá por los principios de los 70 del siglo pasado, la organización que presidía, Spanish Heritage-Herencia Española, patrocinaba todos los años a una tuna universitaria que, con enorme éxito, solamente actuaba en universidades y high schools (institutos) de toda Usamérica. Los estudiantes universitarios de origen hispanos o chicanos eran en aquellos años una muy pequeña minoría en cualquier universidad. Desde México, algunos ‘intelectuales’ estaban influyéndoles con ideas parecidas a las hoy proclamada por la presidenta de ese querido país. Se había fundado una organización universitaria con un nombre tan flambeante como MECHA, (Movimiento Estudiantil Chicano de Aztlán), fundada en 1969 y dedicada, entre otras cosas, a promover la identidad cultural chicana, o sea indígena mexicana, cuyos miembros se reunían en el Club Hispano de la universidad, normalmente una pequeña sala con una mesa, unas pocas sillas y una ‘biblioteca’, consistente en unos pocos libros en español, ni uno solo en náhualt, otomí o chichimeca.
Yo acompañé a la tuna de turno, si mal no recuerdo la de Ingenieros de Camino de la Universidad de Madrid, en algunas de las apariciones en universidades californianas, presentándolos como parte de la cultura musical universitaria española. Pues bien, en alguna universidad se nos previno de que los estudiantes chicanos iban a intentar reventar la actuación de los tunos gachupines. Efectivamente, antes del comienzo de la actuación y desde el escenario era fácil reconocer, normalmente en una esquina, a los alumnos hispanoamericanos, de origen mexicano la mayoría. Pedí a los tunos que, tras la presentación que yo haría, comenzasen a cantar las canciones más ‘verdes’ y con letras de doble sentido que, como toda tuna, tenían en su repertorio. Y así lo hicieron. Las carcajadas inmediatas del grupo chicano, que entendía la letra de las canciones, eran imparables. La sorpresa de los estudiantes ‘sajones,’ al ver que sus colegas chicanos no paraban de reírse al oír a los tunos, indescriptible. Y el orgullo de los ‘reventadores’ al descubrir que eran más ricos culturalmente, al menos en lo que a conocimientos lingüísticos se refería, que sus colegas angloamericanos, inefable.
Acabada la actuación, y en una universidad tras otra, los estudiantes chicanos se volcaban con los gachupines, se convertían en sus guías, y organizaban en su honor todo tipo de jolgorio. En un viaje a Madrid, pude convencer a los Ministros de Educación y de Turismo de que, del enorme almacén de libros españoles que había en los sótanos de lo que creo recordar era entonces el Museo de América en el campus de la Complutense, se hiciera una buena y numerosa selección en que abundasen los autores hispanoamericanos y se enviase una ‘biblioteca’ hispana a los Clubes de Español de las universidades por donde habían pasado los tunos. Eso sí, insistí en que en todos los ejemplares y en la primera página figurase la leyenda: Obsequio de España o del Gobierno de España. Y el proyecto se llevó a cabo unas cuantas veces. Ignoro si MECHA todavía existe, pero estoy seguro de que muchos de sus antiguos socios chicanos cambiaron de opinión al descubrir personalmente durante la visita de los tunos que su herencia era en parte española. Y seguro que hoy, cuando ya peinan canas, siguen pensando igual.
La Roja, al ganar la Final del Mundial se ha convertido, y no lo dudo en absoluto, en algo de lo que cientos de miles hispano-usamericanos están hoy orgullosos. Espero sinceramente que España sepa cultivar en Usamérica ese orgullo tanto cultural como crematísticamente. No olvidemos que, la Casa Blanca, que ya ha tenido una vez como inquilino a un nieto de posibles esclavos negros, un día no muy lejano tendrá a otro que se apellide Fernández, Rodríguez, García o Rubio.