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La Iglesia católica y el diálogo interreligioso: se ha avanzado mucho, pero aún queda mucho por hacer

Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia católica ha realizado una labor notable en favor del diálogo interreligioso. Ahora se trata de desarrollar teologías interreligiosas que reflexionen de forma crítica sobre la propia identidad y patologías, aprendiendo a valorar lo verdadero y santo en otras religiones

Diálogo interreligioso
Diálogo interreligioso
Mariano Delgado*
24 oct 2026 - 14:04

La reciente «nota» romana de tres dicasterios (Doctrina de la Fe, Promoción de la Unidad de los Cristianos y Diálogo Interreligioso) pretende reconocer el «cambio profundo en la comprensión y la expresión de la relación de la Iglesia con los creyentes de otras religioness» que ha tenido lugar con el Concilio Vaticano II en general y con su declaración «Nostra aetate» (aprobada por el Concilio el 26 de octubre de 1965 y promulgada por el papa Pablo VI el día 28) en particular. Esta transformación queda plasmada en la frase programática de «Nostra aetate» citada al principio de la «nota»: «La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones es verdadero y santo». 

Un camino de esperanza
Un camino de esperanza

La profundidad del cambio conciliar se aprecia si se tiene en cuenta que, en 1949, Pío XII, mediante una instrucción del Santo Oficio (hoy Dicasterio para la Doctrina de la Fe), condenó el diálogo interreligioso y ecuménico como una puerta abierta al relativismo y al indiferentismo. En 1950, Roma calificó también de «organización indiferentista», que ignora o minimiza las diferencias en la fe y la vida, al ICCJ (International Council of Christians and Jews), que se había reunido en 1948 en la Universidad de Friburgo (Suiza), sobre todo por su programa de «fraternidad intercultural».

Reafirmación del propio camino

La «nota» romana supone una reafirmación del camino recorrido hasta ahora y una expresión de la esperanza de que el diálogo y la fraternidad interreligiosa sigan creciendo. Se mencionan prácticamente todos los textos importantes de la Iglesia al respecto desde el Concilio y se citan sus afirmaciones fundamentales. No sorprende que, en referencia al n.º 13 de «Dominus Iesus» (del 6 de agosto de 2000), en relación con el judaísmo, se recoja esta afirmación: «la Iglesia enseña que Cristo es el único Redentor». Y es que esto ya se afirmó en «Nostra aetate» y forma parte de la identidad cristiana indispensable. Sin embargo, apenas se aborda cómo conciliar esto con la perdurabilidad del judaísmo y de las otras religiones, e incluso con el surgimiento de religiones «poscristianas» como respuesta a la propia historia del cristianismo. 

Se han omitido algunos aspectos del documento de Abu Dabi de 2019

La «nota» omite deliberadamente una afirmación controvertida para los cristianos conservadores del «Documento sobre la fraternidad humana, por la paz mundial y la convivencia común», firmado el 4 de febrero de 2019 en Abu Dabi por el papa Francisco y el gran imán de Al-Azhar (El Cairo), Ahmad Al-Tayyeb: « El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos». Si esto es así, entonces el pluralismo religioso es también una constante estructural de la historia mundial que ninguna religión universal ni una cristianización misionera de todo el mundo puede suprimir, sobre todo porque la propia historia del cristianismo demuestra que la diversidad de las corrientes cristianas no deja de crecer.

Pluralismo religioso
Pluralismo religioso

Los retos ante el pluralismo religioso

Si tenemos que convivir con el pluralismo religioso, como parece enseñar la historia de hecho, entonces el diálogo interreligioso debería centrarse en los siguientes retos: a) en primer lugar y ante todo, en mitigar el potencial de violencia de las religiones y fomentar la fraternidad universal, con el fin de construir juntos un mundo mejor; b) a continuación, en la reflexión crítica sobre la propia identidad religiosa para superar las «patologías» (malas teologías) que en ella se dan; c) y, por último, también en la forma en que esto puede justificarse teológicamente ante el pluralismo religioso ineludible en este mundo.

Pionera en los esfuerzos interreligiosos por la paz

La Iglesia católica se ha tomado muy en serio la primera tarea desde la profunda transformación conciliar. Sobre todo desde la primera «Jornada mundial de oración por la paz en Asís» en octubre de 1986, se ha convertido en pionera de los esfuerzos interreligiosos por la paz. Gracias a su red global, ha podido impulsar encuentros e iniciativas que otras religiones han apoyado con gusto. De este modo, la Iglesia avanza hacia una concepción del papado como «guardián de la familia humana», tal y como han puesto de manifiesto, entre otras, las encíclicas «Fratelli tutti» (2020) del papa Francisco, «Pacem in terris» (1963) de Juan XXIII y «Populorum progressio» (1967) de Pablo VI.

Las demás religiones también deberían desarrollar una teología interreligiosa

La Iglesia también ha asumido intensamente la segunda tarea desde el Concilio, aunque siempre con la preocupación por el relativismo y el indiferentismo, que no solo se percibe claramente en «Dominus Iesus». Si se tiene en cuenta la época anterior al Concilio, son dignos de mención los esfuerzos de la Iglesia católica por reflexionar sobre su propia identidad y su pretensión de verdad en el mundo de las religiones. En lugar de reaccionar con hipersensibilidad (sobre todo por parte judía) ante la «nota» actual, porque falta tal o cual cosa en ella o porque no se ha expresado todo con suficiente tacto, cabría esperar que las demás religiones realizaran un esfuerzo intelectual similar para fundamentar su propia concepción religiosa frente a las demás. Solo cuando esto ocurra, es decir, cuando las demás religiones desarrollen también una «teología del diálogo interreligioso» y digan claramente qué somos «nosotros» para ellas, podrá desarrollarse el diálogo teológico interreligioso.

¿Quién decide qué es verdadero y sagrado en las religiones?

La tercera tarea está relacionada con esto y constituye el verdadero campo de trabajo teológico en el diálogo interreligioso. Sin embargo, en la «nota» apenas se aborda. Hemos dicho que cada religión —partiendo de su propia identidad— debe desarrollar una «teología interreligiosa». Una teología «cristiana» deberá tener en cuenta estos cuatro principios: la voluntad universal de salvación de Dios como Creador; la mediación universal de Cristo como Redentor; la acción universal del Espíritu Santo, tanto dentro como fuera de la Iglesia y desde el principio de la Creación, como consumador de la voluntad universal de salvación; y el papel o el «carácter simbólico» de la Iglesia en la historia al servicio de este plan de salvación. La gran tarea consiste en determinar cómo conciliar todo ello, reconociendo la constante estructural del pluralismo religioso, el papel especial del judaísmo en la historia de las religiones, entendida desde la perspectiva cristiana, el carácter«poscristiano» del islam y la valoración positiva «de todo lo que es verdadero y santo en las demás religiones». Pero, ¿quién decide qué es «verdadero y santo» en las demás religiones? ¿La teología cristiana, en virtud de su forma de pensar, o la teología o filosofía de cada religión? ¿Y en función de qué criterios de lo que constituye una «buena» religión?

Dialogo interreligioso
Dialogo interreligioso

Importancia de la formación en el diálogo interreligioso

En el diálogo interreligioso nos encontramos aún al principio de un largo camino. Por ello, es muy de agradecer que la «nota», sobre todo en lo que respecta a las facultades de teología, los seminarios y los institutos teológicos y pastorales establezca esta tarea: « Ya no basta con proclamar la importancia del diálogo: ahora hay que vivirlo, proporcionar a los fieles las herramientas para participar en él de manera informada, crítica y serena. El conocimiento de las religiones, la historia de las relaciones interreligiosas, la elaboración de directrices para el diálogo y la promoción de la alfabetización religiosa (religious literacy) son factores que favorecen y sostienen el encuentro y el diálogo interreligioso, del mismo modo que es necesario integrar la comprensión de las cuestiones culturales y geopolíticas contemporáneas en la formación cristiana».

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*Mariano Delgado es catedrático emérito de Historia de la Iglesia en la Universidad de Friburgo (Suiza), donde fue dos veces decano y también dirigió el Instituto para el diálogo interreligioso.

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