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Infovaticana, esa cosa

El periodista contesta en este artículo a las acusaciones del pseudo medio y los ataques contra el Papa por recibir a Gareth Gore. "Es un nido de serpientes"

Pedro Salinas, con el Papa
Pedro Salinas, con el Papa | Vatican Media
Pedro Salinas, periodista y autor de “La verdad nos hizo libres. Historia de los abusos y de la caída del Sodalicio” (Debate, 2025)
21 mar 2026 - 20:49

Cada quien tendrá sus ideas sobre esa cosa bautizada como Infovaticana, la mía es que es un nido de serpientes. De serpientes en plan la boa Kaa de la versión Disney, si me apuran. De pronto, se acordaron de mí y se dedicaron en los últimos días a etiquetarme como alguien de “extrema izquierda”, “controversial”, “abiertamente izquierdista”, “no católico”, “enemigo público del candidato a la presidencia del Perú, miembro del Opus Dei”, entre otras cosas.

El autor de estas líneas, este pequeño servidor, periodista peruano y coautor junto a Paola Ugaz de “Mitad monjes, mitad soldados” (Planeta, 2015), publicación que destapó la cultura de abuso de poder de la exsociedad de vida apostólica Sodalitium Christianae Vitae, fundada por Luis Fernando Figari, en Perú, en 1971, y que fue disuelta por el papa Francisco, ya dejó el caso hace tiempo.

Paola Ugaz y Pedro Salinas en la presentación de 'La verdad nos hizo libres'
Paola Ugaz y Pedro Salinas en la presentación de 'La verdad nos hizo libres' | @PanchoR65 .

No obstante, de un tiempo a esta parte, los espacios de la fachosfera católica, esa nueva Inquisición cibernética, han vuelto a salir de cacería de brujas. Y como las cosas ya están pasando de castaño oscuro, pues aquí me tienen, dándole de nuevo a la tecla, aunque me da mucha pereza volverle al trapo, la verdad. 

A ver. Así va la cosa. Un día, el papa León XIV aparece en mi correo para pedirme que lo ayude a organizar una reunión con el periodista británico Gareth Gore, autor de “Opus” (Planeta, 2024). Y yo, adivinarán, contacté a Gareth, a quien conozco en el contexto de las investigaciones sobre la desaparecida secta peruana. Le puse un mensaje de wasap, primero, y luego hablamos por teléfono. Fin de la historia para mí. La audiencia con el pontífice se llevó a cabo el pasado lunes 16 de marzo.

Por cierto. No es que me escriba todos los días con el líder espiritual de los católicos. No. No es así. Pero, puestos a sincerarse, existe una relación con él desde el año 2018, cuando lo conocí a través del entonces nuncio apostólico en Lima, Nicola Girasoli, en una reunión privada. Fue ahí que supe que Robert Prevost -en esa época era obispo de Chiclayo, segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) y encargado de la Comisión de Escucha de la CEP- estaba siguiendo de cerca lo que se denominó en mi país el Caso Sodalicio. Prevost, el cardenal Pedro Barreto, el arzobispo de Lima Carlos Castillo Mattasoglio, el obispo de Caravelí, Reynaldo Nann, y monseñor Kay Schmalhausen (el segundo y último obispo que tuvo el Sodalicio), fueron los únicos prelados que se compraron el pleito de las víctimas, desde un inicio. A diferencia de sus colegas, que confundieron la cabronada con la solidaridad, y a quienes los sobrevivientes les importó un carajo.

Pedro Salinas, Paola Ugaz, cardenal Prevost y Elise Ann Allen
Pedro Salinas, Paola Ugaz, cardenal Prevost y Elise Ann Allen

El papel de Prevost en la historia de esta transnacional multimillonaria y arrogante, de fachada católica, fue crucial. Eso está relatado por este servidor, dicho sea de paso, en sendos artículos (acá, en RD, pueden encontrar algunos) y en podcasts y en mis dos últimas publicaciones sobre el tópico. Por eso es que, desde aquellos tiempos, pese al perfil discreto y cuasi clandestino que adoptó el tenaz y corajudo Robert Prevost, el arriba firmante le tiene aprecio, respeto, admiración y mucha, muchísima gratitud. Todavía quedan en mi memoria los ecos profundos y notables de alguien que tuvo gestos humanitarios y de cercanía en lo que significó una interminable búsqueda de la verdad.

Para quienes lo detestan disimuladamente, o lo toleran a regañadientes, o lo consideran un idólatra por valorar respetuosamente tradiciones como la Pachamama, sin importarles un nabo la verdad, y encima dicen profesar una fe más rígida que tuerca de submarino, prefieren inventarse historias conspiranoides y delirantes, armar la de Dios es Cristo, y tonterías por el estilo

Eso es. Qué más quieren que les diga. Si el papa me pide un favor, lo voy a hacer. Punto. Pero claro. Para quienes lo detestan disimuladamente, o lo toleran a regañadientes, o lo consideran un idólatra por valorar respetuosamente tradiciones como la Pachamama, sin importarles un nabo la verdad, y encima dicen profesar una fe más rígida que tuerca de submarino, prefieren inventarse historias conspiranoides y delirantes, armar la de Dios es Cristo, y tonterías por el estilo.

Son los nuevos tiempos, lo sé. En los que Donald Trump es una muestra de cómo la estupidez se ha normalizado, y vaya que le han salido seguidores incondicionales, que ahora pasan por articulistas infovaticanos, que intentan exhibirse como maestros en echar cortinas de humo y derrochar bulos y paparruchas y fake news a raudales. Como hacen, por si no se entendió, en esa cosa llamada Infovaticana donde destilan demagogia todoterreno y fantasean y embrollan sin ninguna vergüenza.

A estos Goebbels de plastilina, que creen que repitiendo mil veces una mentira, un dato falso, una fábula decorada de merengue, como cenutrios para quienes la verdad es tan inasequible como el esperanto, con empanadas mentales en la cabeza y vocación de pintores de Altamira, cada vez les tengo menos paciencia

Todo esto viene a cuento porque uno de los que aparentemente vive de trapichear con la prédica de campanario de pueblo, un tal Miguel Escrivá (el único que se ha atrevido a firmar uno de los innumerables textos escritos contra mí en estos años, todo hay que decirlo), me achaca, faltaba más, una sarta de tonterías de una grisura y una cortedad de vista y con argumentos cagones, que no sabía si contestar o no, porque hace meses que no escribía ni una puñetera línea, y me daba mucha flojera.

Pero nada. Por eso redacto hoy este texto. Porque de todos los infundios, el más notorio y risible es la etiqueta de “izquierdista” que tratan de endilgarle como sea a este liberal en lo político, en lo económico y en lo social. Lo cual, creo, me ubica en el espectro de derechas.

Como sea. Allá cada quien con su forma de ganarse la vida. Pero lo cierto es que, a estos Goebbels de plastilina, que creen que repitiendo mil veces una mentira, un dato falso, una fábula decorada de merengue, como cenutrios para quienes la verdad es tan inasequible como el esperanto, con empanadas mentales en la cabeza y vocación de pintores de Altamira, cada vez les tengo menos paciencia. Pues eso.

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