"Izquierdas" y "derechas" en América
"La falta de modelos de izquierda de verdadera democracia y progreso y el 'fenómeno Trump' proponiendo orden explican el actual reparto en el continente y el que las mayorías pobres hayan votado contra sus propios intereses"
Llevo poco más de medio año en España (después de más de 50 años en Perú) y no puedo menos que pensar en “mi América Latina” de la que regresé para vivir definitivamente en León-España. En las vacaciones de agosto no faltó quien me recordara el dicho popular -acuñado según creo en el sur de España- “Eres más tonto que un obrero de derechas”. El dicho da por supuesto que un obrero tiene que ser de izquierda (lo otro sería “tirar piedras a su propio tejado”).
(Y voy a seguir usando la expresión clásica de izquierda-derecha, aún a sabiendas que hoy tiene sus matices y muchos prefieren no usarla). Según esa expresión, netamente serían de “izquierda democrática” en América los gobiernos de Brasil (gigante bajo Lula, que está repitiendo) y Uruguay (pequeñito país que no habría olvidado el mensaje y el ejemplo del indiscutible e indiscutido Pepe Mugica). Dejamos al margen la “eterna dictadura” de Cuba y los nunca aceptados como de izquierda en América Latina -salvo para los muy interesados en ponerlos como malos ejemplos- de Venezuela y Nicaragua. El resto de países, a mediados de 2026, estarían gobernados por la centro-derecha, la derecha y la extrema derecha. Así de sencillo, para aclararnos.
Tenemos, por otro lado, un continente donde campean las diferencias económicas y las mayores injusticias. Y un país paradigmático (Estados Unidos), que sincera y honestamente no puede ser considerado por nadie como modelo a seguir. Con un presidente (Mr Trump), considerado por muchos como un “loco” y con metidas de pata nacionales e internacionales a cada rato. Es decir, una extrema derecha, que, en principio, no invitaría a ser seguida.
La pregunta es obvia: ¿qué ha pasado en nuestro continente para dejar de lado ese color rojo característico de la izquierda? Y, es lógico, comenzamos la respuesta por unos modelos de izquierda habidos, con todo o cierto poder, en la práctica, que no resultan atractivos para las mayorías, Y pienso en la Izquierda peruana, cuyo ejemplo ha sido pésimo, salvo en muy contadas excepciones. Creo la experiencia podría generalizarse: los regímenes de izquierda, no han sido ni atractivos ni ejemplo de progreso real y democrático para el continente, en la mayoría de los casos. Entonces -volviendo al dicho español- no es que los obreros y los campesinos sean tontos, sino que no se les ha ofrecido ejemplos que arrastren, que hagan evidente el dicho popular.
Y no creo que haya que despreciar, sin más, el atractivo, el imán, de Mr Trump. Puede parecer loco, pero muestra a las claras que “quiere poner orden” y eso es importante para muchas personas: la mayoría no quiere que cada uno haga lo que le dé la gana, lo que quiera. Yo mismo he criticado en Perú un modelo que combina a la perfección el autoritarismo brutal (justificando la dictadura de un Fujimori) con la libertad plena en las cosas de cada día, en las que, aparentemente, no tienen importancia … ¡No se puede hacer un monumento a la informalidad y seguirla como norma! (algunos, astutamente, se aprovecharán de ello y tenemos claros ejemplos).
Esos dos elementos combinados (la falta de modelos de izquierda de verdadera democracia y progreso y el “fenómeno Trump” proponiendo orden) creo explican el actual reparto en el continente y el que las mayorías pobres hayan votado contra sus propios intereses. Esa “tontera” (real y objetiva en América) no es tal subjetivamente. Hay razones. Y de una manera muy simple trato de ofrecer dos.
No olvido, por supuesto, que la derecha cuenta con dinero y tiempo para “comprar y manipular votos” y con los medios informativos (hoy poder real esencial) para manipular propagandísticamente a las masas de votantes. No soy tan ingenuo. Hay otras causas, por supuesto, pero me he limitado a las que creo más importantes, a las que explican el que, efectivamente, los pobres (la mayoría en todos los países de América Latina) viva “tirando piedras a su propio tejado”.
