"Espero que se disculpe. Aguardo por su pública retractación" En legítima defensa: Pedro Castelao ante el ataque personal del sr. Moreno en Infocatólica

Pedro Castelao y Bruno Moreno
Pedro Castelao y Bruno Moreno

"Entiendo las discrepancias, las críticas y los desacuerdos en cuestiones de pensamiento, pero no comprendo ni apruebo los insultos personales. Nadie tiene derecho a la ofensa, la vejación y la humillación"

"Escudarse en una pretendida defensa de la fe católica es una lamentable contradicción pragmática. Pues insultar y maltratar a alguien no es defender la fe, sino insultar y maltratar a alguien. Y nada hay más contrario a la santa y evangélica fe que presuntamente se desea defender que insultar y maltratar al prójimo"

"El sr. Moreno traspasa la línea roja de la más elemental caridad cuando me insulta con reiteración y vehemencia. Es eso lo que no le puedo permitir y es por eso por lo que quiero llamarle la atención"

"El sr. Moreno no parece interesado en buscar pacífica y conjuntamente la verdad, sino que está absolutamente seguro de poseerla en su totalidad y por eso humilla, insulta y veja a quien, sencillamente, no piensa como él"

Ignoro la razón por la que el Sr. Bruno Moreno Ramos, miembro del consejo de redacción de Infocatólica, ha escrito contra mí un texto con tal cantidad de acusaciones, descalificaciones, displicencias, burlas e insultos. 

No lo conozco personalmente, ni él me conoce a mí de nada. Nunca nos hemos encontrado. Nunca hemos hablado. No tengo conciencia de haber faltado jamás contra él ni contra su medio digital. No media entre nosotros ningún tipo de desencuentro ni de ofensa previa

Desconozco, pues, cual es el motivo de este ataque personal que —he de reconocerlo— me ha dejado perplejo por el tamaño y la desproporción de su violencia verbal. El lector interesado puede ver el texto referido aquí

Entiendo las discrepancias, las críticas y los desacuerdos en cuestiones de pensamiento, pero no comprendo ni apruebo los insultos personales. Nadie tiene derecho a la ofensa, la vejación y la humillación. Y escudarse en una pretendida defensa de la fe católica es una lamentable contradicción pragmática. Pues insultar y maltratar a alguien no es defender la fe, sino insultar y maltratar a alguien. Y nada hay más contrario a la santa y evangélica fe que presuntamente se desea defender que insultar y maltratar al prójimo. 

Blog de Bruno Moreno
Blog de Bruno Moreno

En un artículo clásico sobre el ecumenismo, el cardenal Bea, citando a San Agustín, apuntó: odisse errores, sed diligere errantes. 

Sr. Moreno: no le exijo tanto, sólo le pido respeto. El mismo que a usted le gustaría recibir, aún en la discrepancia, si alguien decidiese refutar los errores teológicos —por cierto, bien numerosos— que encuentre en su pensamiento. 

Haciendo uso, pues, de mi derecho a la legítima defensa quisiera compartir con quien esté interesado unas cuantas reflexiones que, tal vez, puedan resultar iluminadoras sobre este desafortunado desencuentro. Porque hay varias cosas que aclarar.

Primero, lo obvio: el sr. Moreno no ha escrito un artículo propio en el que exponga su posición teológica acerca del mejor modo de comprender la acción de Dios en el mundo. Lo que ha hecho es glosar un sencillo artículo mío de divulgación, referido a un tema puntual, fragmentando y desmembrando su estructura interna, reaccionando visceralmente a cada uno de sus párrafos, como si en ellos hubiese una tesis propia que ha de ser refutada en cada caso. 

Esto denota una grave deficiencia metodológica: el sentido de un breve artículo de divulgación, igual que la figura de un mosaico, no se capta aferrándose a sus minúsculas partes separadas, sino comprendiendo la idea principal que el todo del trabajo quiere transmitir. El sr. Moreno se entretiene con pequeñas teselas, pero muestra una sorprendente incomprensión del conjunto que tan vehementemente quiere refutar. Por eso no refuta nada. 

Mafalda

La incomprensión de la idea global del texto por parte del sr. Moreno y la tergiversación de su sentido es manifiesta desde las primeras líneas introductorias de sus glosas: «Pedro Castelao se ríe de las oraciones para pedir la lluvia y de la oración de petición en general como cosas ridículas y “supersticiones anticientíficas”». 

Si el amable lector o lectora ha podido ver mi texto sin glosas se dará cuenta, inmediatamente, de que, no sólo jamás me he reído de la oración de nadie, sino de que, de forma clara y explícita, salvaguardo y defiendo siempre la buena voluntad, la noble intención y la autenticidad religiosa de todo tipo de oración. 

También en el caso de las oraciones que piden la lluvia. ¡Faltaba más! Pues yo no me erijo en examinador de la fe de nadie y mucho menos en su escarnecedor, sino que modestamente me limito a ofrecer una reflexión sobre la objetividad de unas determinadas concepciones teológicas, por la sencilla razón de que llevo algunos años estudiándolas. 

Percibirá el lector atento que diferencio entre fe y teología. Se trata de un detalle que, según parece, el sr. Moreno o borra o no advierte, aunque es, precisamente, en esa obliteración donde se encuentra el germen de sus más graves errores teológicos. 

Que el sr. Moreno comience sus glosas diciendo que me río de la oración ad petendam pluviam, cuando es completamente falso, no es un asunto menor, pues si lo que me atribuye ya desde el inicio es diametralmente opuesto a lo que en verdad sostengo, se hará una idea, quien esto leyere, de cuál será el rigor de aquello de lo que, de aquí en adelante, el sr. Moreno me culpa. 

Libro de Pedro Castelao

Para tener una visión no distorsionada de mi trabajo, el lector interesado puede ver mi artículo sin glosas aquí

Pero esto no es, con todo, lo más presuntamente injurioso. Porque quien no haya leído los comentarios del sr. Moreno tal vez piense que exagero cuando digo que me convierte en objeto de acusaciones, descalificaciones, displicencias, burlas e insultos

Presento una breve y no exhaustiva selección de sus improperios. Las extracto tal y como aparecen en su texto:

«analfabetismo teológico»; «hace gala de su ignorancia»; «pervertidor de la fe»; «escandalizador de los pequeños que creen en Cristo»; «abusar del cargo que le ha encomendado la Iglesia para negar la fe de la forma más burda»; «mente retorcida»; «ha demostrado no saber nada del asunto»; «le vendría bien un cursito básico de lógica»; «no ha aprendido nada»; «si hubiera estudiado un poquito, solo un poquito de la más básica teología católica»; «incapacidad de razonar»; «ausencia de fe católica»; «no tiene fe católica»; «teologuillo moderno»; «no entiende nada de nada»; «propone un ateísmo práctico»; «nos exhorta a no tener en cuenta cómo Dios se ha revelado a nosotros y cambiarlo por sus elucubraciones»; «cara de cemento armado».

Junto a estos insultos personales se encuentran en sus glosas otras descalificaciones de mi pensamiento no siempre fácilmente diferenciables de las ofensas a mi persona:

«tremendas contradicciones y faltas de lógica de su argumentación»; «sarta de despropósitos»; «tonterías que hay que leer»; «“reflexiones” ayunas de pensamiento racional»; «burda cronolatría»; «penoso nivel de argumentación»; «carece por completo de contenido lógico»; «puro disparate»; «una tontería»; «flagrante falta de lógica»; «desagradable tendencia que comparte con Amoris Laetitia»; «disparatada idea que tiene de Dios»; «veneno que nada tiene de católico».

Esforcémonos por diferenciar lo que él mezcla sin distinción alguna y digamos que, aunque me parecen de mal gusto y completamente faltas del más mínimo nivel de cortesía intelectual, puedo aceptar todo cuanto el sr. Moreno me dice en el plano de la argumentación teológica. Si esa es la impresión que le produce mi artículo, lo lamento. Intentaré hacerlo mejor la próxima vez. Descalifique, pues, mi pensamiento cuanto quiera y de la forma que a usted mejor le parezca.

Dialogar, no insultar

Ahora bien, convendrán conmigo en que el sr. Moreno traspasa la línea roja de la más elemental caridad cuando me insulta con reiteración y vehemencia. Es eso lo que no le puedo permitir y es por eso por lo que quiero llamarle la atención. Contradígame en todo cuanto le parezca, pero, por el amor de Dios, compórtese y no me insulte. Ni a mí, ni a nadie.

En relación con la tergiversación inicial, hay otro asunto que no quiero dejar pasar. 

Hay un pasaje de mi artículo en el que, después de reiterar literalmente que mantengamos la buena voluntad de las oraciones que piden la lluvia, propongo al lector o lectora que analicemos juntos la objetividad de lo que se pide. Y, a continuación, formulo una serie de preguntas lógicamente vinculadas con esa tesis que sostiene que, para que llueva, los cristianos tenemos que pedirle a Dios que haga llover puntual y deliberadamente en algún lugar que a nosotros nos interesa. Preguntas como esas y otras muchas por el estilo las escuché la misma semana en la que redacté el artículo en dos programas de radio regresando de la facultad a casa. Y fueron proferidas por un físico y un meteorólogo. Todos los contertulios se mofaron unánimemente de la religión y de sus «supersticiones anticientíficas»

Cuando digo, pues, en mi texto sin glosas, que «no es extraño que físicos, meteorólogos y medios de comunicación sonrían con sarcasmo haciendo burla de la religión y sus supersticiones anticientíficas» no soy yo el que, motu proprio, cualifica con tales términos tan despectivos un tipo de oración —lo repetiré cuantas veces sea necesario— que respeto como muestra de una fe sincera, sino que me hago eco de una situación cultural real que, lamentablemente, está más generalizada de lo que a todos nos gustaría. El hacer frente a ese descrédito actual de la fe en medios públicos que crean opinión es una de las cosas que me movió a escribir rápidamente ese artículo de divulgación que tanto desagrada al colaborador de Infocatólica. El sr. Moreno dice que reacciono contra «físicos de [mi] imaginación». Ojalá tuviese razón. Pero no la tiene.

El Papa denuncia a los 'haters'
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Adviértase, pues, el grado de desacierto de las interpolaciones del sr. Moreno cuando atribuye a mi intención aquellos términos burlescos y descalificaciones de la religión y la oración que, precisamente, quiero contrarrestar con la reflexión global que aporto en ese artículo. 

Hay algo en lo que lleva razón y es justo reconocerlo: cuando al final de mi apresurada reflexión nombro la Laudato Si’ y digo que la verdadera causa de las sequías y las inundaciones se debe al impacto de la acción humana en el desequilibrio del clima, el sr. Moreno corre a mofarse e insultarme nuevamente para terminar señalando algo obvio y acertado: antes de que hubiese seres humanos ya había sequías e inundaciones. Cierto. Debí haber escrito «las sequías y las inundaciones actuales». 

Sobre el resto de su reflexión huelgan comentarios, pues no es sencillo —y tal vez sea en vano— dialogar sobre serias y profundas cuestiones teológicas con quien, de hecho, no parece interesado en buscar pacífica y conjuntamente la verdad, sino que está absolutamente seguro de poseerla en su totalidad y por eso humilla, insulta y veja a quien, sencillamente, no piensa como él

Estoy seguro de que no alcanzaremos un acuerdo en nuestros puntos de vista a la hora de concebir la acción de Dios en el mundo. Manejamos claves teológicas diferentes, aunque compartimos la misma fe. En el plano de la teología es legítima y hasta sana la discrepancia serena y la discusión honesta. 

No obstante, los ataques personales y los juicios sumarísimos están completamente fuera de lugar. 

Espero que se disculpe. 

Aguardo por su pública retractación.

Bruno Moreno

Primero, Religión Digital

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