León en Uruguay: Anunciar a Cristo a cada quien en su idioma
"Es decir, no dio ni lecciones hipócritas de moral cristiana ni se explayó en críticas también moralizantes. Habló siempre en sentido positivo de lo que tiene y es Uruguay. En positivo"
El Papa León XIV ha comenzado la visita pastoral a Sudamérica con su llegada a Montevideo, Uruguay, donde pasará unas cuarenta y ocho horas entre actos formales y actividades pastorales.
Se lo ha visto sonreír espontáneamente desde que se abrió la compuerta del avión de la empresa que lo trasladó desde Roma.
A la vez que es notable lo que le cuesta lo protocolar aunque sabe soportarlo también con un esbozo de sonrisa, sorprende el parecido con Francisco cuando tiene a la gente cerca, cuando puede saludar, cuando la mirada cansada se relaja y se encuentra con otras.
Y Uruguay es así: sencillo, cercano, familiar, polémico y humano. Es como si dos viejos conocidos se hubieran encontrado.
Pero lo más llamativo y coherente con el Evangelio y la sinodalidad, fue su primer discurso ante las autoridades, frente a la Casa de Gobierno y a la Plaza de la Independencia, presidida por una estatua ecuestre del referente de la identidad uruguaya, el general José Gervasio Artigas.
Luego del discurso del presidente Yamandú Orsi que agradeció los aportes del Papa en estos tiempos y “para todo el mundo”, culminó con un más que expresivo: “Santidad, esta casa es su casa”, fue el turno del Papa León.
Los modos que exige este cambio de época para anunciar a Jesucristo quedaron claramente expuestos en un brillante y categórico discurso.
Desgranando la estatua de Artigas y los frisos en bronce que la rodean y que evocan el doloroso éxodo de 1811, el Papa no cayó en la lógica clericalista y dañina de hacer una catequesis doctrinal, purista, teórica, inútil.
Habló de valores humanos tales como el sentido de servicio de la autoridad, el valor infinito del bien común y de la dignidad humana, el cuidado de los recursos naturales, el trabajo al servicio de hombre, la economía que debe integrar y no separar, el valor de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural en un país donde el aborto y la eutanasia son ley.
Es decir, no dio ni lecciones hipócritas de moral cristiana ni se explayó en críticas también moralizantes.
Habló siempre en sentido positivo de lo que tiene y es Uruguay. En positivo.
Reconociendo en las acciones humanas el valor cristiano. Porque lo que es profundamente humano, es cristiano. La Encarnación es la prueba.
Y lo dijo en un idioma donde cualquier persona, también un agnóstico, comprende sin renegar de la fe ni oponerse a ella sin razón alguna.
Para imagen identitaria de quién es y cuál es su tarea, la de anunciar a Jesucristo, León estaba vestido de Papa, pero hablando “de tu a tu” –como aman los charrúas- sobre valores universales, humanistas y sobre todo posibles.
León mostró que nadie puede ser esclavo. Y menos de lo que cree ni de cómo viste. Sino algo anda mal.
El Papa mostró cómo debe ser una Iglesia que, sin miedo, nade en las aguas de la cotidianeidad y entre la gente. Que no tenga temor de ser criticada o salir lastimada.
Por supuesto que el colofón de su mensaje inaugural de esta visita estuvo referido al Dios que en Jesucristo tomó la condición humana para ser uno más entre ellos –entre nosotros- siendo la Iglesia el medio para anunciar la esperanza a todos, como a todos el Papa León encomendó sin titubear a la Patrona, la Virgen de los Treinta y Tres.
Quizás en esta línea podría comprenderse su homilía durante las Vísperas celebradas en la Iglesia Catedral de Montevideo con consagrados.
Les preguntó: ¿Dónde está nuestro corazón? ¿Qué forma toma? ¿Es la de Jesucristo, Dios hecho hombre en medio de la gente?
Además instó a los obispos de todo el mundo a hacer rezar por las vocaciones. Por todas las vocaciones.
Como el Señor en los Evangelios, el Papa se aseguró de hablar en el idioma que todos entienden: el de apostar por la vida y la esperanza más que de culto vacío y culpa, esa que se pontifica con el dedito levantado.
Si así comenzó, como dijo un querido hermano, preparémonos para disfrutar de un pastor en medio de todos, todos, todos. Sin excepciones.
