Luis Alfonso Zamorano: "No se puede poner en cuestión el compromiso de Bertomeu hacia las víctimas, probado en mil crisoles"
"Sembrar cizaña y desconfianza es la estrategia preferida del diablo, y publicar unos audios sueltos, sin texto completo ni contexto, no es búsqueda de verdad sino mala leche y vendetta"
Esta mañana, un gran amigo, víctima y superviviente de abusos por parte de un sacerdote, me reenviaba una noticia que para él – estoy seguro que no fue el único, - suponía un terrible jarro de agua fría. El portal Infovaticana publicaba con bombo y platillo unos audios del conocido Monseñor Jordi Bertomeu, oficial del Dicasterio de la Doctrina de la Fe, en los que se le escucha decir que «con los medios que tenemos, tenemos que intentar proteger a la Iglesia en primer lugar». Esta expresión, sacada además de todo contexto, ha dado cancha para que este medio, infiera que, en realidad, Jordi no es sino un peón más de toda la mafia encubridora de la Iglesia (esa que vergonzosamente ha archivado el caso del obispo Zornoza), que ha priorizado siempre el (supuesto) bien de la institución por encima del bien de la víctima.
Sin embargo, he de decir, que nada más lejos de la realidad. Si he visto, desde que sigo sus pasos en Chile, una persona sensible al sufrimiento de las víctimas y comprometida con la justicia y la reparación ha sido precisamente Jordi. Lleva a sus espaldas miles de horas de escucha a víctimas y a sus familiares. ¿Cuántas, por cierto, llevan los señores de Infovaticana? La terrible ironía es que esta noticia le sorprende en Perú, donde lleva días escuchando el clamor de decenas de víctimas del Sodalicio: «He visto miradas vacías, vidas muy rotas...», decía conmovido cuando los medios del Perú le entrevistaban sobre tu trabajo.
Es obvio que hay que tratar de proteger a la Iglesia, pero ¿de qué y de quién? Estoy seguro que si tuviéramos el audio completo Jordi se estaría refiriendo a proteger de los abusadores y sus encubridores, para que no lleguen a hacer daño, y que, si lo hacen, que no puedan seguir haciéndolo y reciban la pena correspondiente por su delito. Así se lo he escuchado decir innumerables veces, tanto en los cursos de CEPROME como en la Gregoriana, donde coincidimos colaborando en el diplomado que allí se imparte sobre prevención.
Puedo asegurar que Jordi no está pensando en encubrir al agresor o en evitar a toda costa que la noticia salte a los medios de comunicación. Él sabe muy bien, desde lo vivido en Chile y otros lugares, que la cultura del encubrimiento que lamentablemente sigue tan presente en muchos sectores de la Iglesia, termina generando un escándalo mayor e irreparable. Y también sabe, que, en muchos casos, solo cuando la Iglesia ha visto sus vergüenzas en los medios, ha medio reaccionado. Eso no significa que, evidentemente, no pueda equivocarse como todos. Pero lo que no se puede poner en cuestión es su compromiso hacia las víctimas, probado en mil crisoles.
La otra expresión por la que se rasgan las vestiduras los señores de Infovaticana es cuando se escucha decir a Jordi que «por encima de la persona está el bien de la Iglesia». Nuevamente, estoy seguro que con persona, no se refiere a la víctima, sino al agresor o al obispo o superior negligente de turno. ¡Claro que hay que proteger a la Iglesia, y sobre todo a los más pequeños, del escándalo que genera el abusador y la cultura del encubrimiento! Y claro que «tenemos un problema cuando el delito está prescrito en lo civil», porque entonces el Estado ya no puede sancionar y hacer justicia a la víctima, pero eso no significa que la Iglesia se tenga que quedar de brazos cruzados y que no pueda castigar al culpable. Y claro que «hay que proteger a la Iglesia»: ¿no es acaso la persona vulnerada la primera piedra viva de la Iglesia a la que hay que proteger en la comunidad de los discípulos de Jesús? Y si lo miramos desde ahí: ¿algo que objetar?
Trato de estar lejos de las polémicas y los chismes. Pero hay dos razones por las que me he animado a escribir estas líneas. Una porque sentí que se estaba cometiendo una injusticia, y si yo estuviera en el lugar de Jordi, también me gustaría ser defendido. Pero, sobre todo, si me animé a escribir es porque sentí que esto estaba provocando un terrible daño a ciertas víctimas para las que Jordi ha sido su única puerta de esperanza de recibir algún día el anhelado beso de la justicia (Salmo 85).
Sembrar cizaña y desconfianza es la estrategia preferida del diablo, y publicar unos audios sueltos, sin texto completo ni contexto, no es búsqueda de verdad sino mala leche y vendetta. Está claro que hay ciertos grupos de poder, ¿ex miembros del Sodalicio?, que no le perdonan haber estado al frente de su disolución y que le tienen ganas de hace tiempo. Pero estoy seguro que Jordi se aferra a la promesa de Jesús: «En el mundo tendréis tribulaciones, pero ánimo, que Yo he vencido al mundo».
