Magnifica Humanitas. Una encíclica que reactualiza la Doctrina Social de la Iglesia
León XIV nos pone sobre la mesa una Encíclica donde, a modo de reactualización de la Doctrina Social de la Iglesia, nos advierte de la necesidad de que el avance tecnológico no se constituya como un elemento deshumanizador, ni se transforme en un modo de servidumbre para los seres humanos, sino que se configure al servicio de la dignidad humana y del bien común
El 15 de mayo de 2026, el Papa León XIV firmó la encíclica Magnifica Humanitas, que presentó personalmente unos días después. Habían pasado exactamente 135 años desde que su homónimo anterior, León XIII, publicara Rerum Novarum, que, en palabras de Pío XI, es la “carta magna del orden social”. Esto es, una suerte de carta fundacional de la Doctrina Social de la Iglesia en la que se trata de las cosas nuevas y de las realidades sociales que se están produciendo en el mundo ante la revolución industrial y, en particular, de la ‘situación de los obreros’ (subtítulo de la encíclica decimonónica) para los que reivindica su plena dignidad humana, y de la transformación del trabajo ante la revolución industrial, social y cultural del momento.
Ahora, Magnifica Humanitas dedica un primer capítulo a recorrer, en sus propios términos, el camino a través del cual la Doctrina Social de la Iglesia -expresión que le atribuye a Pío XII, aunque subraya que el hito trascendental lo fijara León XIII- ha ido tomando forma en el Magisterio reciente de los papas y del Concilio Vaticano II, intentando dar respuesta a las preguntas de la historia, a la luz de la Verdad revelada. La importancia de Rerum Novarum ha motivado la publicación de otras encíclicas en esa misma efeméride del 15 de mayo. Así, el Papa Pío XI, en el año 1931, publicó Quadragesimo anno, reivindicando principios como la dignidad humana en el trabajo, la justicia social o el denominado principio de función subsidiaria. Y otros treinta años más tarde, en 1961, Juan XXIII firmó Mater et magistra, exhortando a que la Doctrina Social de la Iglesia se enseñe como disciplina obligatoria en los centros académicos de orden católico. También el Papa Juan Pablo II publicó la encíclica Centesimus Annus, precisamente en recuerdo del centenario de la promulgación de la de León XIII.
León XIV sitúa a la Doctrina Social en el centro de la misión pastoral de la Iglesia hasta el punto que Magnifica Humanitas es la primera encíclica que sistematiza, en un capítulo ad hoc, los fundamentos y principios de la Doctrina Social de la Iglesia, proclamando que ésta se nutre de la contribución de las ciencias, las culturas y las experiencias humanas. Y, por eso, concluye que si la política no responde a los dramas de la humanidad o la economía se vuelve contra la persona o la ciencia traspasa los límites de su método, la Iglesia “debe hacer oír su voz no para dominar, sino para servir a la comunión. Entendida así, la Doctrina Social se convierte en una teología de la comunión en la historia” (Magistra Humanitas, 27).
En mayo de 2025, Robert F. Prevost fue nombrado sucesor del Papa Francisco y eligió el nombre de León XIV en recuerdo del pontífice autor de Rerum Novarum. Y, ciertamente, su recuerdo no ha caído en saco roto. Con su primera encíclica ha querido subrayar que las innovaciones tecnológicas -especialmente la Inteligencia artificial a la que dedica los números 97 a 111-, económicas, sociales y culturales que destaca en el capítulo tercero, así como de la transformación del trabajo que el nuevo mundo y su revolución tecnológica habrá de abordar y que trata magistralmente en el capítulo IV, merecen una respuesta de la civilización: “¿Qué estamos construyendo?”, se pregunta el pontífice en su documento en más de una ocasión. Y el mismo se responde rescatando una expresión de Pablo VI, debemos construir la “civilización del amor”.
Ello exige, dice Magnifica Humanitas, en primer lugar ser conscientes de que todos podemos dar nuestro aporte y que nadie está exento de responsabilidad, empezando por prestar atención a nuestras palabras; construir la paz en la justicia y asumir la mirada de las víctimas; cultivar un sano realismo y relanzar el diálogo, instrumento, por otro lado, insustituible de la diplomacia para prevenir conflictos y restablecer los lazos de confianza. Y concluye señalando que todas estas vías de compromiso se nutren de la oración y la alimentan. En definitiva, el Papa León XIV nos pone sobre la mesa una Encíclica donde, a modo de reactualización de la Doctrina Social de la Iglesia, nos advierte de la necesidad de que el avance tecnológico no se constituya como un elemento deshumanizador, ni se transforme en un modo de servidumbre para los seres humanos, sino que se configure al servicio de la dignidad humana y del bien común.
