Memoria, libertad y conciencia evangélica en la España contemporánea
"Han transcurrido décadas desde aquellos años en que leer una Biblia, abrir una capilla o identificarse públicamente como protestante podía traer consecuencias dolorosas. España ha cambiado profundamente y sería históricamente injusto negar lo mucho que se ha avanzado. Pero la memoria de quienes padecieron no puede convertirse simplemente en una fotografía conmemorativa"
Reseña de Juan G. Biedma*, Libertad religiosa y protestantismo en España. 70 años de resistencia y 40 años de interlocución. Edición del autor, 2026. ISBN 978-84-09-89837-4.
Hay libros cuyo interés radica principalmente en la novedad de la documentación que aportan; otros encuentran su valor en la interpretación que ofrecen de hechos ya conocidos. Libertad religiosa y protestantismo en España. 70 años de resistencia y 40 años de interlocución, de Juan G. Biedma, intenta hacer ambas cosas y añade una tercera que, a mi juicio, explica buena parte de su carácter: convertir la memoria histórica del protestantismo español en una interpelación al presente.
No estamos, por tanto, ante una historia general del protestantismo español ni el autor pretende presentarla como tal. El núcleo de la obra se encuentra en las dos efemérides expresadas en el subtítulo: los setenta años de la Comisión de Defensa Evangélica —CDE— y los cuarenta años de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España —FEREDE—. Pero ese punto de partida se ensancha considerablemente. Para explicar por qué aquellas instituciones fueron necesarias, el libro retrocede hacia las condiciones históricas de la presencia protestante en España, estudia la intolerancia y la persecución, analiza el nacionalcatolicismo, sigue el proceso de conquista de la libertad religiosa y llega finalmente a los problemas que todavía plantea la transformación de la igualdad jurídica en igualdad efectiva. El propio autor define metodológicamente su trabajo como combinación de «historia crítica, análisis documental y lectura jurídico-política», apoyada en legislación, documentación institucional evangélica, prensa, memorias, testimonios y bibliografía especializada.
Esta amplitud explica la estructura de la obra. Tras situar la defensa confesional protestante en los siglos XIX-XXI, Biedma aborda el nacionalcatolicismo franquista, la persecución y el hostigamiento, la memoria martirial protestante, las difíciles relaciones históricas entre catolicismo y protestantismo y, con especial interés para quienes trabajamos en teología y ecumenismo, la nueva situación abierta por el Concilio Vaticano II. A partir de ahí reconstruye el nacimiento y desarrollo de la CDE, el tránsito hacia FEREDE, sus estructuras y servicios, la voz pública del protestantismo, sus principales liderazgos y el problema todavía abierto de la desigualdad real. El libro termina con una conclusión programática y un epílogo documental que refuerza su utilidad como obra de consulta.
Uno de sus méritos es precisamente no comenzar la historia en 1956. La CDE aparece como respuesta institucional a un proceso anterior de discriminación, resistencia y aprendizaje comunitario. Esa opción permite comprender que los derechos religiosos de los protestantes españoles no aparecieron de manera espontánea con la democracia, sino que fueron precedidos por generaciones que distribuyeron Biblias, sostuvieron escuelas y congregaciones, afrontaron cierres de lugares de culto, sanciones administrativas, detenciones, exclusión social y diferentes formas de vigilancia y hostigamiento.
El capítulo dedicado a la persecución y al testimonio merece atención particular. La recuperación de una memoria martirial protestante —entendida no en sentido hagiográfico, sino como memoria de quienes padecieron a causa de su fe— permite devolver nombres y experiencias a una historia que con demasiada frecuencia ha sido relatada exclusivamente desde la confesión mayoritaria. También obliga a algo que no siempre resulta cómodo: reconocer que determinadas formas de intolerancia no fueron solamente comportamientos individuales ni excesos administrativos, sino que estuvieron relacionadas con un sistema de identificación entre nación, Estado y confesionalidad católica.
El libro adopta aquí posiciones nítidas. No es una obra neutral en el sentido de indiferente, y tampoco pretende serlo. Formula juicios sobre responsabilidades históricas, privilegios confesionales, desigualdad y memoria. Algunas de esas afirmaciones podrán y deberán ser discutidas por historiadores, juristas y teólogos; precisamente por ello conviene leerlas en diálogo con la documentación que las acompaña y no aislarlas como meras declaraciones polémicas. El valor de un estudio de esta naturaleza no consiste en clausurar una conversación, sino en proporcionar material suficiente para que esa conversación ya no pueda desarrollarse ignorando la experiencia de la minoría protestante.
En ese sentido, la documentación constituye una de las fortalezas del volumen. Además de fuentes legales y documentación relacionada con la CDE y FEREDE, el autor incorpora estudios históricos y teológicos, prensa evangélica, documentación de la Alianza Evangélica Española y referencias a los Congresos Evangélicos Nacionales. El propósito declarado es situar la historia institucional en un marco político, eclesiológico, ecuménico y público más amplio. La extensa bibliografía final confirma ese esfuerzo interdisciplinar, reuniendo historia del protestantismo, derecho de libertad religiosa, historia eclesiástica, ecumenismo, documentación institucional y estudios sobre la España contemporánea.
Hay que añadir otro dato importante para valorar las garantías histórico-teológicas de la obra. Antes de su publicación, el manuscrito fue sometido a lectura y revisión por el doctor José Manuel Díaz Yanes, rector del CEIBI. El volumen publicado deja constancia expresa de esa revisión. No se trata, naturalmente, de trasladar al revisor la responsabilidad de cada interpretación del autor, pero sí de señalar que el texto no salió a la luz sin una lectura cualificada previa desde el ámbito académico y teológico evangélico. En una obra que se mueve constantemente entre historia, eclesiología, ecumenismo, libertad de conciencia y praxis institucional, este dato merece ser tenido en cuenta.
La recepción inicial del libro ofrece además tres testimonios que conviene destacar, no como sustitución del juicio del lector, sino porque proceden de personas que conocen desde lugares diferentes la historia y la realidad evangélica española.
El primero es especialmente significativo. Juan Antonio Monroy Martínez, que no es un observador externo de la historia narrada sino uno de sus protagonistas, escribió la presentación del volumen. Monroy afirma desde el comienzo que se trata de un libro «del que [...] no se puede prescindir». Después de recorrer su contenido, lo llama una «máquina de buena lectura» y, evocando a Rubén Darío, habla de un libro «de fuerza, de valor», una «antorcha del pensamiento». Su conclusión es igualmente expresiva: los protestantes españoles, escribe, deberían estar agradecidos a Biedma por las páginas dedicadas a su historia.
Estas palabras poseen un peso particular porque Monroy conoció personalmente la lucha por la libertad religiosa, la interlocución con las instituciones y el periodo en que conceptos que hoy utilizamos con naturalidad —libertad de conciencia, igualdad religiosa, reconocimiento público— todavía estaban lejos de ser realidades pacíficamente asumidas. Su juicio no convierte la obra en indiscutible, pero confirma que alguien perteneciente a la generación que protagonizó una parte de los acontecimientos reconoce en ella una memoria que merece ser transmitida.
El segundo testimonio es el del historiador y teólogo evangélico Alfonso Ropero Berzosa. Su valoración resulta más específicamente académica. Ropero destaca que Biedma reúne en el libro experiencia eclesial, formación teológica y una prolongada dedicación al ecumenismo y al diálogo interconfesional. Señala particularmente «la amplitud de las fuentes, el cuidado documental» y considera que esos elementos otorgan a la obra un especial valor histórico y testimonial. Su apreciación final es que nos encontramos ante una obra recomendable para comprender tanto el pasado como el presente del protestantismo español y su contribución a la libertad religiosa y al pluralismo.
Hay aquí algo que considero importante. Biedma escribe sobre un mundo al que no se acerca únicamente desde los archivos. Su trayectoria anterior en ámbitos de estudio y trabajo ecuménico le permite observar el catolicismo y el protestantismo desde una experiencia prolongada de encuentro entre confesiones. Esa circunstancia no elimina la subjetividad —ningún historiador escribe desde ningún lugar—, pero explica por qué el libro dedica tanta atención a la relación entre memoria, verdad, diálogo y reciprocidad. El ecumenismo que aparece en estas páginas no consiste simplemente en celebrar buenas relaciones entre cristianos; exige preguntarse también qué hacer con las heridas no reconocidas, las asimetrías heredadas y las divergencias doctrinales que continúan existiendo.
El tercer testimonio procede del pastor y profesor Ángel Bea Espinosa. Conviene identificar bien a quien escribe porque su comentario no es el de un lector ocasional. Bea es pastor presidente de la Iglesia Evangélica Betesda de Córdoba, cuenta con una larga trayectoria ministerial, es profesor de la Facultad de Teología de las Asambleas de Dios de España y ha desarrollado durante años actividad docente en La Carlota. Además de su producción como autor en Protestante Digital, donde es presentado como pastor y escritor, ha publicado también en Evangelical Focus.
Su lectura del libro es cálida, pero no superficial. Bea afirma que Biedma ha realizado «un gran y buen trabajo» y valora que haya reconstruido con precisión el largo proceso que va desde la intolerancia y la persecución hasta el reconocimiento legal y la posterior interlocución. Se detiene especialmente en los colportores perseguidos, las Biblias quemadas, los pastores detenidos, las capillas asaltadas y las familias discriminadas. Pero advierte también que el libro no se queda en el sufrimiento: reconstruye el nacimiento de la Comisión de Defensa Evangélica, la Ley de Libertad Religiosa de 1967, el nuevo marco constitucional, la formación de FEREDE y los Acuerdos de Cooperación de 1992.
Bea formula finalmente un juicio que me parece especialmente acertado para describir la lectura: presenta a Biedma recorriendo este proceso «con la precisión de un verdadero investigador» y califica el libro como «bien escrito», «claro», «ameno» y, pese a la complejidad institucional del tema, «apasionante». Su última observación tiene además algo de saludable autocrítica comunitaria: resulta demasiado fácil criticar instituciones como FEREDE cuando se desconoce la historia humana, jurídica y eclesial que existe detrás de sus siglas.
Esta última consideración señala, en mi opinión, una de las utilidades mayores del libro. Libertad religiosa y protestantismo en España no debería quedar limitado al círculo de especialistas en historia religiosa. Es particularmente recomendable para pastores y responsables de iglesias evangélicas, porque permite comprender de dónde proceden derechos y libertades que una generación más joven puede considerar naturales. El derecho a abrir un lugar de culto, predicar públicamente, distribuir literatura, enseñar religión, disponer de asistencia religiosa, establecer entidades y dialogar jurídicamente con el Estado tiene detrás una historia que conviene conocer.
Lo recomendaría también a quienes tienen responsabilidades específicas en evangelización, enseñanza bíblica y teológica, formación de líderes, acción social y presencia pública. No porque todas las conclusiones del libro deban ser adoptadas sin discusión, sino porque quien anuncia hoy el Evangelio en España necesita conocer el contexto histórico en el que ese anuncio fue durante mucho tiempo limitado y el marco jurídico y social en el que actualmente se desarrolla. La memoria es también una forma de formación ministerial.
Y recomendaría, finalmente, su lectura a los miembros de nuestras iglesias. Conocer esta historia ayuda a agradecer sin idealizar, a recordar sin alimentar resentimientos y a defender la libertad religiosa sin convertirla en un privilegio reservado para nosotros mismos. Una comunidad que conoce cuánto costó conquistar la libertad de conciencia debería ser especialmente sensible a la libertad de conciencia de los demás.
La extensión y amplitud de la obra pueden exigir al lector una lectura pausada. Hay capítulos particularmente densos, abundancia documental y cuestiones que quizá habrían admitido desarrollos independientes. Pero esa misma amplitud convierte el volumen en algo más que un relato lineal: puede utilizarse también como obra de consulta. La relación entre CDE, FEREDE, AEE, Estado, Iglesia católica, movimiento ecuménico, acción social y presencia pública proporciona un mapa de buena parte de la evolución institucional del protestantismo español contemporáneo.
Quizá la tesis que mejor resume el libro sea una de las que aparecen hacia su conclusión: «No basta con tener leyes; hace falta igualdad efectiva. No basta con acuerdos; hace falta una cultura de reconocimiento. No basta con recordar aniversarios; hace falta justicia». En esas palabras se encuentran la historia y también el programa que atraviesa las páginas de Biedma.
Han transcurrido décadas desde aquellos años en que leer una Biblia, abrir una capilla o identificarse públicamente como protestante podía traer consecuencias dolorosas. España ha cambiado profundamente y sería históricamente injusto negar lo mucho que se ha avanzado. Pero la memoria de quienes padecieron no puede convertirse simplemente en una fotografía conmemorativa. Debe enseñarnos qué ocurre cuando el poder político privilegia una conciencia religiosa sobre otra y qué responsabilidad corresponde a los cristianos cuando la defensa de la verdad deja de expresarse mediante el testimonio y pretende servirse del privilegio.
Por eso considero que Libertad religiosa y protestantismo en España llega en un momento oportuno. No invita a vivir mirando hacia atrás, sino a mirar hacia delante sin perder la memoria. Nos recuerda de dónde venimos, cuánto debemos a quienes nos precedieron y qué responsabilidad tenemos para que la libertad recibida no se convierta en rutina ni la igualdad quede reducida al lenguaje de las leyes.
Es, en definitiva, un libro para conocer, para consultar y también para conversar. A veces nos hará asentir; en otras páginas quizá nos obligue a discutir con el autor. Ambas cosas son saludables. Una obra académica y eclesial cumple una función importante cuando no permite que salgamos de ella exactamente igual que entramos.
(*) Juan G. Biedma, cristiano ecuménico, en la actualidad es profesor de Teología de la Unidad y del Diálogo Ecuménico en el Instituto Superior de Teología – CEIBI. Asimismo, es autor de la obra Vida y pensamiento de Juan Antonio Monroy. El Evangelio como luz en la cultura. (CLIE, 2025).
