Curas de todo el mundo participan en la clausura del Año Sacerdotal Entre miles de sacerdotes

(Padre Fortea).- El miércoles anduve por la mañana a la Basílica de San Juan de Letrán. Escogí mal la bolsa para llevar el alba, la estola y el breviario: demasiado pesada para tan poco equipaje. Pero cuando me di cuenta de ello, era tarde. Y tuve que cargar con ella tres cuartos de hora de caminata a paso ligero. Una mala elección motivada por la prisa. Si a eso añadimos que hacía un sol inmisericorde y que había una cola larga para entrar a la basílica, fácilmente llegaréis a la conclusión de que antes de entrar al templo acabé empapado de sudor.

Entre otras cosas, porque bajo ese sol, dentro de mi sotana debía hacer 50 grados. Por lo menos 30 grados centígrados y otros 20 más Farenheit. Podría haber horneado panecillos con solo meterlos bajo mi hábito talar negro con aquel sol sinaítico.

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