El ministerio de la caridad y de la justicia: diagnóstico de una necesidad pastoral (I)
La creación de un Ministerio de la Caridad, propuesta tras la 129.ª Asamblea Plenaria de la CEE, se plantea como una iniciativa relevante y necesaria. De ella podría depender el futuro de muchas parroquias y diócesis españolas, así como de Cáritas
En la “Nota final” del 24 de abril de 2026, facilitada a los medios de comunicación social, se informó -al acabar la 129 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española- de que se había “propuesto la creación de un ministerio de la caridad, que debería estar preparado con un período de formación suficiente y que podría implantarse también ‘ad experimentum’”. Se encomendaba a la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado presentar una propuesta en este sentido en la siguiente Comisión Permanente.
Se trataba -así me parece- de una propuesta relevante, además de necesaria, no solo porque se sumaba a los ministerios instituidos -ya existentes- de lector, acólito y catequista, sino, sobre todo, porque de tal apuesta podía depender -según cómo se comprenda e implemente- el futuro de la inmensa mayoría de las actuales parroquias y, por ello, de una buena parte de las diócesis españolas, así como de la Confederación oficial de entidades de acción caritativa y social de la Iglesia católica, que es Cáritas.
Importante para el futuro de las parroquias
La propuesta resulta decisiva para el futuro de muchas parroquias, hoy centradas en el anuncio y la celebración, mientras delegan la caridad y la justicia en una Cáritas autónoma y profesionalizada. El nuevo ministerio dotaría de consistencia institucional a esta tercera dimensión y permitiría articularla con las demás y con la presidencia de la comunidad.
Además, este ministerio evitaría que la vida parroquial se redujera a aportar voluntariado y colectas a Cáritas. Su responsable coordinaría el voluntariado y los programas territoriales con los demás ministerios diocesanos y con el equipo parroquial y, tras el oportuno discernimiento, podría solicitar el apoyo técnico de Cáritas o de otras instituciones especializadas.
Su implantación favorecería la consolidación de restos o rescoldos parroquiales y de comunidades con perfiles diversos. Algunas podrían acentuar legítimamente la caridad y la justicia sin desatender el anuncio, la celebración ni la presidencia; otras priorizarían dimensiones distintas mediante los ministerios del lectorado, el acolitado o la catequesis.
Así se ampliaría la pluralidad eclesial y perdería fundamento la descalificación de las parroquias o unidades pastorales centradas en la caridad y la justicia como meras «ONG».
En síntesis, este ministerio institucionalizaría la caridad y la justicia, las articularía con las demás dimensiones de la comunidad cristiana y favorecería modelos parroquiales más plurales.
Importante para el futuro de Cáritas
En segundo lugar, la apuesta episcopal por el ministerio de la caridad y de la justicia puede clarificar el futuro de Cáritas y su relación con profesionales y voluntarios. Este ministerio no debería identificarse con el voluntariado ni con un puesto profesional de intervención social dotado de mayor formación teológica, pastoral o espiritual.
Una definición teológica y eclesial precisa, articulada con las funciones del voluntariado y del personal contratado, exigiría probablemente revisar el modelo actual de Cáritas. Así se reforzaría esta dimensión en cada comunidad cristiana y se le restituiría el liderazgo pastoral allí donde lo hubiera asumido Cáritas u otra estructura institucional.
Esta reorganización podría seguir dos modelos: integrar el ministerio en la comunidad cristiana, con el apoyo necesario de una Cáritas profesional, o integrar ambas dimensiones en una Cáritas ministerial y profesional.
El modelo "ministerial de la comunidad cristiana"
El primer modelo institucionalizaría el ministerio en los restos o rescoldos parroquiales y en las comunidades, con voluntarios del territorio. Sus proyectos se financiarían mediante aportaciones de los fieles y, cuando fuera necesario, de otras parroquias, instituciones civiles o de la diócesis.
Le correspondería detectar y atender, dentro de sus posibilidades, las necesidades sociales del territorio. Cuando no pudiera hacerlo, apremiaría a los responsables públicos o solicitaría apoyo a la diócesis, a Cáritas o a otras entidades especializadas.
Esta opción exigiría revisar la organización de Cáritas y reforzar el perfil profesional de su personal. Como entidad de inspiración cristiana, mantendría programas, financiación y autonomía propios, y prestaría apoyo técnico a las comunidades que lo solicitaran. El cambio requeriría un período de adaptación.
El modelo de una "Caritas ministerial y profesional"
El segundo modelo convertiría la actual Cáritas, profesionalizada y apoyada por voluntarios, en una institución ministerial y profesional. La dirigirían ministros de la caridad y de la justicia acreditados teológica, eclesial y espiritualmente, respaldados por personal técnico cuando fuera preciso.
Este modelo se apoyaría en la implantación territorial del ministerio. Antes de incorporarse a Cáritas, sus responsables deberían haberlo ejercido en restos o rescoldos parroquiales y en comunidades. Tanto en los territorios como en Cáritas, el ministerio seguiría siendo un servicio pastoral específico, distinto del voluntariado y del trabajo profesional, aunque colaborase con ambos. Y, durante la posible transición de un modelo a otro, se mantendría una Cáritas profesional hasta integrar ambas dimensiones.
Por esta razón, mi aportación se centra en el primer modelo, que prioriza la institucionalización y el liderazgo del ministerio de la caridad y de la justicia en las comunidades cristianas, con la colaboración de una Cáritas profesional cuando se considere necesaria y sea solicitada.
