Dos días de luto impuesto por el alcalde socialista de La Laguna: apoyar a un encubridor es tomar partido por el agresor La mitificación de Bernardo Álvarez: retrato de una sociedad hipócrita

La mitificación de Bernardo Álvarez
La mitificación de Bernardo Álvarez

"Decretar 2 días de luto oficial. Sin embargo, el Ayuntamiento de La Laguna quiso honrarlo de esa manera exagerada y artificiosa"

"Con este tipo de gestos, se demuestra que, cuando se trata de la Iglesia, las instituciones públicas se ponen a sus pies, genuflexas, se acobardan y callan"

"En el fallecido, se cumplen las condiciones que lo convierten en paradigma de la  impunidad que, aún hoy, disfruta el clero en un estado aconfesional"

"Encubrimiento y vida santa son conceptos incompatibles. Y la misericordia, sin verdad ni  reparación, no existe. Pues es indisociable de la justicia que el clero predica"

Los tañidos de las campanas anunciaron la muerte de Bernardo Álvarez, obispo emérito  de Tenerife. Y con ellos vinieron las loas y los vítores hacia su figura, como si el óbito lo  convirtiera en bueno y santo; en ese modelo de pastor del que distó ser; o como si su  episcopado hubiese destacado por la humanidad que tuvieron otros mitrados. 

Para mostrar respeto hacia un difunto, basta con dirigirse a sus familiares y seres queridos,  tener un gesto humano y hacerle un entierro digno. Eso no exige, ni mucho menos,  decretar 2 días de luto oficial. Sin embargo, el Ayuntamiento de La Laguna quiso honrarlo de esa manera exagerada y artificiosa. Y aunque el poder político, religioso y militar se  sume a dichos honores, sirvan estas palabras para dejar claro que no los merece, —ahí  están sus polémicas—. 

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Misa exequial por Bernardo Álvarez
Misa exequial por Bernardo Álvarez

Menos aún, debió haberse producido el luto en una ciudad que se pronuncia frecuentemente a favor de la erradicación de cualquier tipo de violencia. La que han  sufrido niños, niñas y adolescentes dentro de la Iglesia, también es violencia y una de las  más execrables: la sexual. Con este tipo de gestos, se demuestra que, cuando se trata de la Iglesia, las instituciones públicas se ponen a sus pies, genuflexas, se acobardan y callan

No es algo que sorprenda, puesto que esta misma corporación quiso impedir en octubre  de 2022, —a quien escribe estas palabras—, que pudiera contar en el pleno municipal los  abusos a los que me sometió un cura. De este modo, se pretendía visibilizar esta lacra, — que afecta a muchos sectores de la sociedad—, y contar con el apoyo de los representantes  públicos para solicitar el cese del obispo por encubridor. Se trataba, pues, de una iniciativa  simbólica que no tenía consecuencias jurídicas pero que conectaba con el concepto de  justicia restaurativa. 

Dos días de luto oficial
Dos días de luto oficial

Con el luto impuesto por el alcalde socialista de La Laguna, ¿dónde queda ahora la  aplicación del criterio de separación de poderes mentado en aquel pleno de 2022?  ¿Donde, la conciencia contra la violencia? ¿O el no ejercicio de la violencia institucional?  Porque… apoyar a un encubridor es tomar partido por el agresor

Como es conocido, desde que Bernardo Álvarez accedió al episcopado no hizo nada contra el cura  pederasta y le permitió seguir ejerciendo a pesar de existir una denuncia previa de 2004.  Tuvieron que pasar los años hasta que, debido a una segunda denuncia en 2014 y a las  modificaciones del Derecho Canónico realizadas por el Papa Francisco, se vio obligado  a iniciar un proceso canónico que demostró la validez de las acusaciones. El encargado  de llevarlo a cabo fue Teodoro León, actual obispo auxiliar de Sevilla. 

Álvarez, tampoco acompañó a la víctima al juzgado y, ni siquiera, le ofreció ayuda para  que pudiera afrontar a un proceso judicial. Y eso que la ley lo obligaba a poner esos  hechos en conocimiento de la justicia ordinaria. 

Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez

En el fallecido, se cumplen las condiciones que lo convierten en paradigma de la  impunidad que, aún hoy, disfruta el clero en un estado aconfesional. No fue investigado por la justicia civil dado que fue la propia Iglesia la que boicoteó esa vía. Tampoco por Juan Pablo II, ni Benedicto XVI. El único que hizo algo fue Francisco, que solicitó a la  Diócesis resolver de manera satisfactoria al caso referenciado anteriormente. 

Por tanto, se puede hablar de Bernardo Álvarez como encubridor durante al menos 10 años. Como  así también lo demuestran las investigaciones del diario El País, que lo sitúan entre esos  61 prelados que ocultaron a pederastas. Y esto es así porque, sencillamente, hay  documentación que lo demuestra. No son, pues, inventos ni falsas acusaciones. 

Hete aquí que surge la pregunta de por qué, quiénes, o qué estructuras quieren que, una  vez fallecido, continúe siendo una figura respetable o que se convierta en un símbolo de  la sociedad tinerfeña. 

¿Por qué la Diócesis, con el obispo Eloy a la cabeza, pretende mitificar a una persona de  la que el pueblo sencillo e informado no guarda un grato recuerdo? ¿Por qué olvidar que  dijo que quienes sufrimos abusos es porque provocamos a los adultos? ¿Por qué no traer  al presente que comparó la homosexualidad con el alcoholismo? ¿Por qué nunca rindió  cuentas sobre el incendio que sufrió la histórica Casa Salazar de La Laguna? ¿Por qué  justificar todo ello y el resto de sus polémicas hablando de la debilidad humana? 

Al obispo fallecido también lo mitifican los representantes públicos porque siguen siendo  clericales, incluso el alcalde se muestra emocionado. Además de respetarlo por el poder  que representa, no se han atrevido a cuestionarlo o a confrontarlo públicamente porque  sus criterios están subyugados; porque se continúa mezclando la identidad colectiva con  la religión, como si la primera no pudiera existir sin la segunda; y porque no solo ven en  el traje talar o la dignidad episcopal un sinónimo de bondad e integridad, sino también  ese disputado nicho de votos. 

Firman en el libro de condolencias
Firman en el libro de condolencias

¿Puede una sociedad, en su noble pretensión de ser justa, seguir venerando a quienes  protegieron a los agresores sexuales? 

Con la construcción del relato mítico sobre la vida y ministerio de Álvarez, la Iglesia, una  vez más, quiere proteger su reputación y prestigio. Así, cree mantener incólume la  preservación de los elementos morales que han de regir la sociedad canaria. Como  también marcar el terreno; recordar que ella es la que manda y desempeña el rol de guía  espiritual; o colocarse en el lado bueno de la historia. De ahí, que para ella sea muy  importante la presencia pública que ha exhibido en estos días.  

Bernardo fue enterrado a los pies de La Candelaria y de los dos santos canarios que existen  hasta la actualidad. Como si fuera a gozar de la plenitud que se le supone a la Virgen, al  Hermano Pedro y a José de Anchieta. O al menos así se percibió a sí mismo. Y quiso  dejar esa imagen inmortalizada para las futuras generaciones en el frío suelo de la  catedral. 

En esa elección vanidosa y arrogante, que consagra su mito para mantener la confianza  del rebaño, para borrar las sombras de su pasado y cerrar filas ante las críticas, es  perentorio recordar que nunca estuvo al lado de las víctimas de sus pederastas. Y que, en  vez de unirse y abanderar su lucha, o ser propositivo, fue a remolque de lo que iba  aconteciendo. 

Misa exequial de Bernardo Álvarez
Misa exequial de Bernardo Álvarez

Podrán sacralizar a Bernardo y unirlo con la idea de que la Iglesia no se equivoca; incluso  reescribir su pasado y anular con ello la memoria de las víctimas. Sin embargo,  encubrimiento y vida santa son conceptos incompatibles. Y la misericordia, sin verdad ni  reparación, no existe. Pues es indisociable de la justicia que el clero predica.

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