La muerte de José Garramón: Secuestrado y atropellado

A la desaparición de Mirella Gregori y de Emanuela Orlandi se añade la muerte de José Garramón, de 12 años, hijo de María Laura Bulanti y de Carlos Garramón. ¿Tuvieron estos tres secuestros algo en común?

El niño José Garramón
El niño José Garramón | RD/Captura
Jesús López Sáez, sacerdote
02 ene 2026 - 07:38

A la desaparición de Mirella Gregori (el 7 de mayo de 1983) y de Emanuela Orlandi (el 22 de junio, mes y medio después) se añade la muerte de José Garramón, uruguayo, de 12 años, hijo de María Laura Bulanti y de Carlos Garramón, ingeniero del Fondo Internacional para el Desarrollo de la Agricultura (IFAD), perteneciente a la ONU. El niño, que vivía con su familia en la zona romana del EUR, fue secuestrado y, después, atropellado por Marco Fassoni Accetti (en adelante, MFA), en el pinar de Castel Porziano el 20 de diciembre de 1983. La muerte de José alcanza el primer plano de la actualidad cuando el 27 de marzo de 2013, tras la elección del papa Francisco, MFA se presenta en la Fiscalía de Roma y confiesa haber participado en los secuestros de Mirella y de Emanuela. ¿Tienen algo en común los tres secuestros? ¿En qué contexto se producen? Se producen dos años después del atentado contra el papa Wojtyla, uno después de la quiebra del Banco Ambrosiano y del asesinato de su presidente Roberto Calvi, y uno antes de que el IOR, el Banco Vaticano, pagara más de 240 millones de dólares a los acreedores del Banco Ambrosiano Habiendo publicado los artículos De Emanuela no queda rastro y El secuestro de Mirella, revisamos atentamente la trágica muerte de José.

Secuestro. La periodista Angela Di Pietro aporta estos detalles. El niño “aquella tarde de invierno, había salido de su casa para ir al peluquero”, “el chico no habría subido al coche de un desconocido, pero fue encontrado muerto a veinte kilómetros de distancia”, “¿cómo había llegado allí?”, “la autopsia establecerá que el chico ha sido golpeado por el furgón mientras corría y estaba de espaldas. ¿De quién huía?” (Il Tempo, 22-12-2014). ¿Por qué el niño estaba allí y no en casa, tras haber ido al peluquero?, ¿cómo ha llegado a Castel Porziano? Son preguntas que la Fiscalía de Roma, en junio de 2013, considera necesario responder, declarando reabierta la investigación sobre el caso. Ver mi artículo El caso Garramón. Un enigma más (Bulanti, 134-137).

Memorial de MFA. El periodista Fabrizio Peronaci en su libro Il Ganglio (2014) publica el memorial de MFA presentado a la Fiscalía de Roma: “Me presenté en la Fiscalía principalmente por aclarar el atropello en el pinar de Castel Porziano. Había padecido injustas y abominables acusaciones. La absolución no me había tranquilizado. Quería cerrar moralmente aquel caso, que en aquel momento no pude dilucidar en cuanto que habría debido motivar mi presencia en la zona. Ahora, para hacerlo, tenía necesariamente que poner el hecho en relación con las desapariciones Orlandi-Gregori, revelar su consustancialidad” (Peronaci, 279). 

El Ganglio. MFA dice haber formado parte de “un grupo de poder cubierto de la Santa Sede”, “podían ser diez-veinte personas”, “pocos eclesiásticos, con la ayuda de pocos laicos”, “en el organismo eclesiástico es un punto neurálgico”, “núcleo oculto de oposición a la línea de la Santa Sede” (ibidem, 45-49, 110, 55, 346), opuesto a la línea anticomunista de Wojtyla y al papel del IOR, el banco vaticano: “de allí partían las financiaciones queridas por Juan Pablo II para Solidarnosc”, el sindicato polaco (ibidem, 78). Financiación del Ganglio: “Los dineros venían de la Gran Logia. La masonería inglesa, la importante, la Gran Logia de Londres tenía interés que en la Curia se reforzara la componente progresista, para contrastar la más conservadora” (ibidem, 50). La palabra “ganglio”, según el diccionario, es un agregado celular que forma un órgano pequeño, la célula es el elemento de menor tamaño que puede considerarse vivo. Según la Masonería, “la Logia es la célula primaria de la Orden”. El Ganglio y la P2 están bajo la misma obediencia, la Gran Logia de Londres. El presidente del Banco Ambrosiano Roberto Calvi motivará así su adhesión a la logia P2: “En efecto di mi adhesión a la P2 de Licio Gelli… el cual se presentaba como hombre de iniciativas importantes como jefe de la Institución P2, y solía presentar sus iniciativas en el campo de los negocios como tomadas bajo la égida de la Gran Logia Madre de Londres”. Lo recoge el político Sergio Flamigni en su libro Trame atlantiche. Storia dell Loggia massonica segreta P2 (1996), p. 287. Al parecer, el Ganglio es una forma de evitar el nombre de la logia P2.

Atropello. Al volante del furgón iba MFA y, “al lado, dice él, la alemana partidaria de la Stasi”, llamada Ulrike. “Comprobamos que el niño estaba muerto. Le abrí los ojos, las pupilas no se dilataban. Por instinto pensamos ponerlo dentro del boscaje, pero nos dimos cuenta de que éramos observados. Alguno podía en el futuro chantajearnos o denunciarnos. Por esto nos limitamos a mover el cuerpo de la calle y lo dejamos a la vista, en la cuneta, teniendo en cuenta que poco después saltarían las alarmas”. MFA abandonó el furgón en un lugar poco distante y escondió las máquinas fotográficas en un seto. “Razonamos a fondo, cada opción fue sopesada. Al final se decidió que me constituiría como responsable del incidente, pero, queriendo aprovechar para nuestros fines el trágico hecho, trasladamos la acción cerca de la casa de Santiapichi. Era allí donde me dejaría arrestar a las 4 de la noche”. “Tras el incidente, yo y la chica alemana nos separamos. Ella, pasando por el pinar, alcanzó deprisa la caravana donde Emanuela estaba custodiada por otra chica nuestra”, “la alemana se puso al volante y llevó la caravana, no a Monteverde, sino a las instalaciones De Laurentis, un lugar que nosotros conocíamos bien, el mismo donde años después escondí la flauta” (de Emanuela). Llevado en una ambulancia, llamada por el chófer de un autobús, el niño llegó cadáver al hospital (Peronaci, 278, 281-282, 290). Según su versión, MFA no llega solo, llega con una chica alemana. ¿La chica le ayuda en el secuestro?, ¿le ayuda en el atropello?, ¿retiene al niño en medio de la calle?  

Vuelta al pinar. MFA afirma que “tomó un autobús hacia el centro, pasó por su casa y llamó por teléfono a su amiga Patrizia y con ella, a altas horas de la noche, en la 127 de su padre volvieron al lugar del atropello”. El asesino vuelve al lugar del crimen para escenificar una situación distinta con una compañera distinta y con un coche distinto. Además, da a entender que el “trabajo sucio” de secuestrar al niño, al salir del peluquero, había sido encomendado a la mala vida romana: “No he pensado nunca que fueran los funcionarios del SISDE (Servicio de Información y Seguridad Democrática)”, “sino que ellos mismos hubieran contado nuestras actividades a personajes cercanos a ellos, y que estos, autónomamente, hayan decidido utilizar a Garramón” (ibidem, 282, 286). Una referencia al pinar aparece en una carta enviada desde Phoenix (Arizona) el 27 de septiembre de 1983. La carta denuncia la “jactanciosa farsa turca” y avisa a “Pierluigi” y a “Mario”, telefonistas del caso Orlandi: “Pierluigi, es muy peligroso estar en ese restaurante con la espalda hacia la puerta”, “queremos generosamente recordar a Mario que en el pinar hay mucho espacio para aumentar la vegetación” (ibidem, 285-286).  

Detención. “Documentos, por favor”. MFA, a aquella hora de la noche, fingiendo bostezar, replicó: “Brigadier, somos novios. Estamos haciendo el amor”. Los carabineros sospecharon porque ambos tenían “precedentes penales por delitos verosímilmente relacionados con manifestaciones políticas”, “cerca vivía el presidente del Tribunal Penal Severino Santiapichi”, se temía “un posible atentado”. “además, en la chaqueta de MFA y en la calle tanto a derecha como a izquierda observaron llamativas manchas de sangre”. Pensando que eran de las Brigadas Rojas, les invitaron a seguirlos al cuartel (ibidem, 283-284). 

Declaración de Patrizia. En la mañana del 21 de diciembre Patrizia De Benedetti declara que “MFA le había pedido que le acompañara en la 127 porque había tenido un incidente con el furgón en la zona de Ostia. El parabrisas había quedado roto por una piedra o una rama y también el furgón había quedado dañado”, “había dejado el furgón en una zona aislada y había escondido cerca el equipo para que no fuera robado. Bien entrada la noche habían ido juntos a la zona del incidente, habían dado muchas vueltas teniendo dificultad para orientarse, no encontraron el lugar donde se encontraba el furgón, pero recuperaron el equipo. Después fueron detenidos por los carabineros” (datos del juicio). Declara también: “Excluyo del modo más absoluto que Marco tenga tendencias homosexuales, él siempre ha tenido mucho éxito con las mujeres. Yo le tengo particularmente aprecio”, “hemos vuelto a estar juntos, aunque como amigos, no como amantes” (Peronaci, 279-280). MFA le había pedido que le acompañara en la Fiat 127 porque había tenido un incidente con el furgón en la zona de Ostia. 

Entrevista. El criminólogo Armando Palmegiani en su libro sobre Emanuela (2023) hace una entrevista a Patrizia. Entre otras cosas, dice: “Cuando llegó con su Fiat 127, subí al coche”, “él para abrazarme, me tiró hacia sí con su mano izquierda cogiendo mi brazo derecho, para besarme. Cuando me moví, me di cuenta que me había manchado con un poco de sangre la manga derecha de mi chaqueta”, “él se excusó y me enseñó el corte que tenía en el palmo de la mano izquierda del que, si se presionaba, salía sangre”. “Llegamos y nos presentamos en el pinar”, “estaba totalmente oscuro y además llovía. Perdimos la orientación”. En un cierto momento, “encontró el sitio donde había escondido la mochila con las máquinas fotográficas”, “en seguida empezamos a buscar el furgón“, pero llegaron los carabineros: “Eran las 4 de la noche. Nos pidieron los documentos, hicieron bajar a Marco de la 127 que los siguió hasta su coche”, “los carabineros me dijeron que no me moviera y no bajara de la 127”, “poco después él volvió y me dijo que habían retenido nuestros documentos y que debíamos seguirlos hasta el cuartel de Ostia. Durante el trayecto Accetti me pidió que no dijera nada del furgón para no tener problemas con el suegro (su propietario), que dijera solamente que éramos una pareja que se había apartado”, “una vez que llegamos a Ostia, me di cuenta de que Marco tenía toda la parte izquierda de su chaqueta manchada de sangre. Un carabinero le pidió explicaciones”, “intervine yo y le hice ver al carabinero el palmo cortado de la mano izquierda de Accetti con la que había manchado la manga derecha de mi chaqueta a la altura del codo” (Palmegiani, 204-206). 

El furgón, el cuerpo del delito. El magistrado Domenico Sica preguntó a Patrizia: “A los carabineros, cuando te han detenido, has dicho que has venido con tu amigo Marco al pinar de Castel Porziano para estar un poco en intimidad. Tú habitas en Monte Mario, él en el barrio Trieste, ¿es posible que no tengáis otro sitio más cercano, incluso un prado, para estar en intimidad?”. Ella respondió: “Tiene razón, es verdad, he dicho una mentira. He venido aquí a Castel Porziano para ayudar a Marco a recuperar su furgón averiado”. Al oír la palabra “furgón”, “el teniente de los carabineros que asistía a mi interrogatorio intervino preguntándome: ¿Un furgón?, ¿qué furgón?”, “maravillada por este interés, fui diciendo espontáneamente lo que sabía sobre aquel furgón”, “unos veinte minutos después, volvió el teniente a preguntarme si sabía dónde estaba el furgón, pero yo sólo podía decir que probablemente estaba cerca de donde habíamos sido detenidos”, “entonces fue llamado un helicóptero que desde lo alto pudiera localizarlo”, “paré al teniente que muy ocupado iba y venía por las dependencias del cuartel y le pregunté: Pero ¿qué ha pasado?, y me respondió solamente: Ha atropellado a un peatón que ha muerto”, “fui a dar un abrazo a Marco para confortarlo, pero él lo rechazó y me dijo al oído con rencor: Pero qué mierda has dicho del furgón. Lo llevaron con grilletes a Regina Coeli”, a la cárcel (ibidem, 208-209).

Declaración de MFA. Inmediatamente después que Patrizia, declara MFA: “Mientras se dirigía en el Ford Transit a Ostia Lido, se perdió, tuvo que hacer una inversión de marcha y se encontró en una calle oscura en Castel Porziano cerca de la vía Cristóforo Colombo. En un cierto punto sintió un ‘viento frío’ y en seguida se dio cuenta de que el parabrisas estaba roto. Lo atribuyó a una piedra lanzada por alguno contra su coche y no pensó en la posibilidad de haber atropellado a alguien. Dado además que el motor no respondía y el freno funcionaba poco, dejó escondido el furgón en una zona aislada y también el equipo fotográfico. Volvió a Roma en un autobús del ATAC y bien entrada la noche pidió a la amiga Patrizia De Benedetti que le acompañara a recuperar el furgón y el equipo fotográfico” (datos del juicio). 

Comentario. MFA no le dijo a Patrizia que José había sido secuestrado y atropellado. Sin embargo, antes de los interrogatorios en el cuartel de Ostia, MFA le recomendó a Patrizia “no hablar del furgón”. El vehículo presentaba la rotura del parabrisas, graves daños en el capó y en la parte anterior, y la rotura del ventilador. El vehículo iba a unos 60 kilómetros por hora. Cuando Patrizia habló del furgón, entonces MFA fingió que debía admitir algo. “Pensaba que el parabrisas hubiera sido golpeado por una piedra o por una rama, por esto no me paré. No me di cuenta de que había atropellado un niño”. Después soltó otra calculada mentira: “Estaba yendo a Ostia para fotografiar a una amiga conocida el pasado verano en el balneario Piceno, pero me equivoqué de calle y me encontré a aquel niño bajo las ruedas”. Al final, admitió no haber prestado ayuda porque se encontraba con una persona de la cual no podía revelar la identidad (Peronaci, 283-284). 

Secuestro y homicidio voluntario. El Juez Instructor comentó con palabras mordaces la versión de MFA según la cual aquella tarde “él se dirigía a Ostia para ir a casa de Novella Farnetani, una chica que había conocido el pasado verano y que pretendía lanzar como fotomodelo. No pretendía hacer aquella tarde un servicio sino sólo una prueba, tanto que él llevaba sólo la máquina fotográfica y no el otro equipamiento necesario, y la chica ni siquiera había sido avisada de su llegada”, “el imputado se habría acercado a José cuando salió del local del peluquero, lo habría convencido a subir al furgón, se habría desviado hacia el pinar por ‘intuibles motivos’ y habría parado el vehículo para poner en acción sus propias intenciones. Cuando vio ‘escapar la presa’, habría perdido la cabeza siguiendo al chico y atropellándole por la espalda” (datos del juicio). El Juez Instructor, acogiendo la petición del Fiscal, agravó la acusación original de homicidio culposo y lo envió a juicio el 19 de abril de 1985 por delitos de secuestro y homicidio voluntario. Sin embargo, con fecha 30 de mayo de 1986 el Tribunal Penal de Roma canceló la acusación y condenó a MFA sólo por los delitos de homicidio culposo (imprudente) y omisión de ayuda: dos años y cuatro meses de reclusión. 

La madre de José. María Laura Bulanti, la madre de José, en su libro Señales (2016) aporta datos importantes. Sobre el juicio en Roma escribe: “En el año 1984 mi marido inició un juicio en Roma. Duró dos años y el hombre que hoy ha revivido nuestra historia fue acusado de secuestro y homicidio voluntario, en un juicio plagado de dudas y escasa ayuda de la justicia italiana. ¿Qué podíamos hacer nosotros desde Uruguay donde regresamos 4 días después de la muerte de nuestro pequeño?”, “partimos con los dos niños y las cenizas de José en una cajita, la Nochebuena de 1983”, “veinte días después mi marido regresó a Roma, renunció a su trabajo, hizo la mudanza de nuestra casa con la ayuda de buenas amigas y la envió a Montevideo. Dos meses más tarde, enfrentó, nuevamente solo, el juicio que se desarrolló durante dos años, viajando intermitentemente a Roma. A pesar de sus esfuerzos y posiblemente por la escasa sensibilidad de nuestro abogado de entonces y la superficialidad del fiscal no fue posible probar que el homicida lo había secuestrado y, por lo tanto, no pudo ser juzgado por homicidio voluntario, sino sólo por homicidio culposo, cumpliendo una condena de 18 meses de cárcel”, “hoy es cosa juzgada y el homicida, aun desmintiendo todo lo dicho durante el juicio, no puede ser juzgado dos veces por el mismo motivo. De esto se aseguraron muy bien sus abogados, casualmente uno de ellos era un prestigioso consejero de la Secretaría de Estado Vaticana” (Bulanti, 17-22).

El rostro del homicida. “Conocí el rostro del homicida hace 2 años, o sea, casi 30 años después de la muerte de mi hijo. Mientras me interrogaron, en 1983, nunca dejaron que lo viera, ni personalmente ni en foto. La primera persona que me mostró una imagen de él fue Francesco Paolo del Re, periodista de la RAI a cargo del caso en el programa de televisión Chi l’ha visto. Allí estaba el asesino de mi hijo, joven, aparecía vestido de cura con sotana en una manifestación del Partido Radical en 1982. Más tarde, cuando escuché su voz tan peculiar, con esa impostación rayana en lo pontificio, fue como si un rayo de luz me hubiera abierto el cerebro, de pronto apareció en mi mente el rostro de un extraño sacerdote que estuvo en mi casa de Roma días antes de las fiestas de 1983. El horror me golpeó el cuerpo como un latigazo, siempre había recordado aquella visita tan extraña, la de ese sacerdote extremadamente joven vestido con hábito talar (en la foto, saliendo de una iglesia) que golpeó la puerta de mi casa, presentándose como el párroco del barrio. Lo hice pasar, se sentó en el living, preguntó por mi familia e hijos, y al yo responder que no estaban se levantó y se retiró sin despedirse” (ibidem, 30).

Testimonio de Marta. “Otra persona podía corroborar mi recuerdo y esta era Marta”, “que viajó desde Honduras a Roma para ayudarme con los hijos durante casi 10 años”. Ella “recordaba otro episodio y era el de un fotógrafo con ese mismo rostro que había llamado a la puerta de mi casa pocos días antes de la muerte de Pepito, con la excusa de entregar fotos de los niños. Ella encontró este hecho muy extraño, pues en mi familia, mi marido y yo, éramos quienes sacábamos las fotos. Como yo no le había avisado nada, no le permitió entrar en la casa”, “estos dos sucesos fueron declarados en el mes de junio de 2013 al Fiscal Giancarlo Capaldo quien estaba a cargo de la investigación sobre la desaparición en 1983 de las dos niñas, Mirella Gregori y Emanuela Orlandi, nunca halladas” (ibidem, 31).

Francesca, el amor de José. “Francesca ha volado para encontrarse conmigo varias veces”, “ella me dijo que había hablado con otro compañero, y él le mencionó algo relacionado con el cambio de un avión. Una de las pasiones de José eran los aviones a control remoto”, “de tarde, al regresar del colegio, tomaba rápidamente la merienda para correr a la esquina a remontar su avión. Este compañero, treinta años más tarde, le cuenta a Francesca lo último que le dijo en el colegio. Alguien le iba a cambiar su avión por otro más grande, sin decirle quién. Sabemos que el homicida habitualmente merodeaba la zona” (ibidem, 64-65). 

Licio Gelli y la P2. El periodista Francesco Paolo del Re, dice María Laura, “menciona un nombre que me hace temblar, establece una posible vinculación entre el caso Pavón con Licio Gelli y la P2”. La “niña Pavón”, uruguaya, fue dada irregularmente en adopción a una familia italiana. “Yo también había pensado en ese siniestro señor, cuya casa estaba a escasos metros de la de mis suegros en Montevideo. Durante las vacaciones europeas del verano habíamos viajado a Uruguay a visitar a la familia. Esto había sucedido sólo 3 meses antes de la muerte de José. Los niños viajaron a Montevideo muy intrigados ya que en Italia se hablaba mucho de Licio Gelli y de Umberto Ortolani. Posiblemente habían también escuchado en nuestras conversaciones que el gobierno militar de esa época estaba buscando los archivos secretos de la P2. También se contaba en Italia que los militares de la dictadura uruguaya se negaban a entregar a Gelli a la justicia italiana”.

Travesura de niños. José, “como era un niño muy despierto y entusiasta, decidió hacer una investigación junto a su hermano de 10 años, y un día jugando a ser detectives se subieron a un árbol e ingresaron al jardín de la casa de Licio Gelli con una máquina fotográfica elemental, posiblemente de juguete. Fueron descubiertos por el personal de seguridad y escaparon corriendo hacia nuestra casa. Cuando me contaron este episodio, me pareció una ingenua travesura de niños, y luego de advertirles con firmeza que no lo hicieran más, le quité importancia. Tampoco recuerdo haber visto las fotos que supuestamente tomaron, estaba muy lejos de mi mente la tragedia que tendría lugar tan solo tres meses más tarde. Era inimaginable suponer que nuestros hijos pudiesen correr peligro por eso. Temíamos más a los militares uruguayos, famosos por estar cometiendo toda clase de atropellos a los Derechos Humanos” (ibidem, 72).

El abogado de MFA. Dice María Laura: “El equipo de abogados contratados por el padre del asesino, con el profesor Giuseppe De Luca a la cabeza, se encargó de hacer los 3 juicios necesarios para cerrar el caso rápidamente, convertirlo en ‘cosa juzgada’ y de esta manera no reabrirlo nunca más. El profesor Giuseppe De Luca figura en un informe del año 1997 (libro Vaticano Spa, autor Gianluigi Nuzzi) como asesor penal del cuestionado presidente del IOR Angelo Caloia, así como también asesor del entonces Cardenal Sodano”, Secretario de Estado, “este insigne Abogado fue designado como principal defensor de MFA en la tercera instancia del juicio”, “el padre del responsable de la muerte de mi hijo, Aldo Accetti, integró la logia masónica Accademia Mediterranea, vinculada a Trípoli y Sicilia, cuyo presidente era el príncipe Alliata de Montereale, quien a su vez fue Gran Maestro della Loggia del Gesù, e integraba la P2 (carnet n. 361)”, “no deberíamos sorprendernos si MFA hubiese tenido algún tipo de vinculación, o mínimamente protección de la logia masónica P2”, “en nuestro caso no puede no suscitar suspicacias. La relación entre el abogado Giuseppe De Luca y Umberto Ortolani”, “estrechamente vinculado a la vida política de mi país” (ibidem, 74-75, 90).

Demócratas, de izquierdas. Dice María Laura: “Éramos demócratas, también de izquierdas y con muchos familiares perseguidos” (29-12-2025), “mi esposo y yo éramos demócratas acérrimos, denunciamos crímenes, nos pusimos del lado de las víctimas perseguidas, de los desaparecidos”, “éramos claramente de izquierdas, estábamos en contra de todos los dictadores” (El Vaticano y el caso del niño José Garramón, Biblioteca de lo inexplicable). 

El verdugo de Roma. Patrizia comenta así las pasiones de MFA: ”Tenía la pasión por la historia de la Roma del Renacimiento y del 800, la Roma papal, con la Carbonería (sociedad secreta), el Papa-rey, el Estado Pontificio, y tantas intrigas del Vaticano, la Inquisición, los Jesuitas, y el verdugo Mastro Titta” (activo desde 1769 hasta 1864, ejecutó más de 500 personas para los Estados Pontificios), “cuando me convenció para ir a su casa la primera vez, fue para hacerme ver su colección de libros, postales, revistas, artículos de periódicos sobre el papa Pablo VI, por el que tenía casi una veneración. Tenía una obsesión por los hechos del Vaticano, Amaba la teatralidad de la Iglesia, le encantaba la majestuosidad de las ceremonias” (Palmegiani, 197). A la muerte de Pablo VI algunos masones publicaron este comunicado de condolencia: “Para nosotros es la muerte de quien ha hecho caer la condena de Clemente XII y de sus sucesores”, “es la primera vez en la historia de la masonería moderna que el jefe de la religión occidental no muere en estado de hostilidad con los masones” (Il Messaggero, 9-8-1978). Licio Gelli (1919-2015), jefe de la P2, fue nombrado Comendador de la Orden del Santo Sepulcro y Umberto Ortolani (1913-2002) Gentilhombre de Su Santidad. En el Código de Derecho Canónico (1983) desaparece la palabra masonería. Dice: “Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia, debe ser castigado con una pena justa” (c. 1374).

La pedofilia, arma de presión. El Ganglio usa la pedofilia como arma de presión. Según MFA, “una pieza de vestuario de la Gregori fue escondida en los locales de la Pontificia Comisión de Migrantes”, una segunda pieza fue puesta “donde tenía su sede el Secretariado para los no cristianos, que después se llamó Consejo para el Diálogo Interreligioso, al frente del cual trabajó hasta su muerte el cardenal Pignedoli, figura de relieve, apoyada por el ala progresista”, en esos locales y en otros de competencia del cardenal Pignedoli se encontraron “cerca de 15.000 diapositivas, tomadas a chicos y chicas, adolescentes y jóvenes. La edad iba de 16 a 30 años. Aquí insertamos algunas diapositivas de la Orlandi y de la Gregori”. Los vestidos de Mirella fueron colocados en cuatro sedes: dos religiosas y dos laicas (Peronaci, 263-265).  

Dos chicas y un chico. La idea inicial de secuestrar dos chicas del Estado Ciudad del Vaticano, dice MFA, se transformó “en una sola chica vaticana, mientras la otra debía pertenecer al Estado italiano”, “el secuestro de dos chicas (y un tercero menor, masculino) había sido propuesto por el Ganglio para chantajear a Marcinkus” (por el asunto del IOR), “ahora, viene un ajuste. La hipótesis de secuestrar dos chicas queda en pie, pero en un escenario diferente. El móvil primario, que se va a poner por encima de la guerra sobre el IOR, viene a ser otro: calmar a Agca, hacerle saber que alguien está trabajando por liberarlo, conseguir que deje de acusar al bloque del Este”. Según MFA, el 28 de junio Agca comienza su retractación sobre uno de los búlgaros a quien había implicado, “retractación parcial por conservarse ambas propuestas, la nuestra y la hecha por los servicios secretos (a finales de 1981, de liberarlo con el secuestro del hijo de un diplomático)”, “la idea inicial vino con la promesa a Agca de liberarlo con el secuestro de un diplomático cercano a los ambientes de la Ciudad del Vaticano” (Peronaci, 133, 246, 167). De nuevo aparece la “farsa turca” que denuncian los “elementos del SISDE” (o quienes fueran, quizá la mafia de Arizona).

Terrorismo internacional. El 24 de diciembre de 1983, el día que sus padres vuelven a Montevideo con las cenizas de José, Juan Pablo II visita la casa de Emanuela Orlandi. En el salón, Wojtyla pronunció la fase famosa: “Existe el terrorismo nacional y el terrorismo internacional. El de Emanuela es un caso de terrorismo internacional”. Comenta Pietro: “Creo que sus palabras eran sinceras, pero sus ojos revelaban otra cosa, algo que no podía manifestar. Puso sobre un plato de la balanza la Verdad y sobre el otro la reputación de la Iglesia. Su opción creo que fue clara: desde aquel instante, permitió al silencio y al encubrimiento caer sobre esta historia” (Peronaci, 290-291).

Asunto pendiente. El 25 de noviembre de 1980 el agente secreto Francesco Pazienza (1946-2025) acudió al Vaticano, enviado por el general Giuseppe Santovito (1918-1984), entonces director del SISMI, Servicio de Información y Seguridad Militar Italiano. Allí le esperaba monseñor Celata, brazo derecho del cardenal Casaroli. El motivo del encuentro, dice Pazienza en su libro Il disubbidiente (1999), era éste: “encontrar una adecuada documentación que demostrase cómo las actividades de la banca (vaticana) y de su jefe (Marcinkus) no estaban propiamente de acuerdo con las de la Iglesia católica”. Había un asunto pendiente, el apoyo económico que el papa Wojtyla estaba dando al sindicato polaco Solidaridad a través del Banco Ambrosiano: “Los flujos de dinero llegaban a Varsovia a través del instituto financiero que era el aliado laico por excelencia de la banca vaticana y de Marcinkus: es decir, el Banco Ambrosiano, cuyo presidente era Roberto Calvi”. Pazienza encontró la documentación que buscaba: “cartas peligrosamente comprometedoras para Marcinkus”. Las encontró “en Suiza, en el despacho del abogado Peter Duft de Zurich, que había sido consultor del cardenal Egidio Vagnozzi” (Pazienza, 178, 186, 183). Este cardenal presidió hasta su muerte (el 26 de diciembre de 1980) la Prefectura de Asuntos Económicos. Comenta Pazienza: Licio Gelli, el jefe de la logia P2 “sabía, evidentemente que colaboraba con el SISMI, en cuya dirección estaba un inscrito en su logia. Pero nunca, en ninguna ocasión, Santovito me habló del Venerable” (ibidem, 198). El 17 de marzo de 1981 se descubre la lista de la P2. Es un golpe duro para Roberto Calvi. Dice Pazienza: “Calvi no tenía referentes políticos directos: todas sus relaciones habían sido siempre mediadas por Gelli y Ortolani” (ibidem, 211), la cúpula de la P2. 

Comisión Vaticano-Italia. El 27 de diciembre de 1982 se comunicó oficialmente la firma de un acuerdo entre el Secretario de Estado vaticano y el embajador italiano para crear una comisión entre el Vaticano y el Estado italiano (tres miembros por cada parte) que examinara la controversia entre el IOR y el Banco Ambrosiano. Las conclusiones fueron limitadas. Al final, se llegó a un acuerdo. El acuerdo se firmó en Ginebra el 25 de mayo de 1984: “La deuda fue pagada por los dos Estados”, “Italia y el Vaticano pagaban a bancos de todo el mundo 406 millones de dólares”. El Vaticano tenía que pagar 250 millones. Por pronto pago, hubo un descuento: pagó más de 240 (Rossend Domenech, Marcinkus. Las claves secretas de las finanzas del Vaticano, 1987, 216-219; El papa que mataron, 189-190). No debe olvidarse que a la mafia le interesaba recuperar el dinero invertido en el IOR-Ambrosiano para lavarlo.

Hombres de la P2. El 2 de diciembre de 1983 la magistratura romana firmó dos mandatos de detención contra el ex jefe del SISMI, general Santovito, y contra el agente colaborador Francesco Pazienza, acusados de revelar secreto de Estado: “Tanto el general Santovito como Pazienza, estaban en contacto con la Secretaría de Estado desde los tiempos del atentado al Papa. Pazienza se encontraba periódicamente con monseñor Achille Silvestrini, el más estrecho colaborador del cardenal Casaroli. A fines de 1981 agentes del SISMI había tomado contacto con Ali Agca en la cárcel de Ascoli Piceno, contactos secretos e ilícitos”. En realidad, desde hace años, en los pasillos de la Secretaría de Estado se veían “personajes impensables”, como el jefe del SISMI general Santovito (afiliado a la logia masónica secreta P2) y su colaborador Francesco Pazienza (masón también). De hecho, “el crack del Ambrosiano fue el culmen de años de correrías financieras, también de las finanzas vaticanas, de Michele Sindona y de Roberto Calvi, llamados ‘los banqueros de Dios’, ambos afiliados a la P2 y ambos muertos en circunstancias oscuras” (Nicotri, 100, 20-21). 

El papa Francisco. María Laura está muy agradecida al papa Francisco: “Él se ha interesado por nuestro caso al punto de designar una persona de la Secretaría de Estado Vaticana para ayudarme. Esta persona, un sacerdote que ya conocía por haber estado en la Nunciatura de Uruguay, hizo muy poco para ayudar a esclarecer los hechos. No dudo de su buena voluntad, pero intuyo padecía uno de los males que sufre la curia vaticana: este consiste en no meterse en líos”, “en abril de 2014 cuando todo esto recomenzó, mi primera reacción fue contactar en el Vaticano a dos personas que sentía cercanas. Por distintos motivos no fueron de ayuda”, “a través de una persona de mi país, con fuertes vínculos con el Vaticano, me llega un mensaje de la Nunciatura Apostólica en Uruguay. Según ellos, no era conveniente continuar pidiendo información. El tema era considerado no grato para la Santa Sede. Nunca supe si era nuestro tema o lo referente a Emanuela Orlandi, en todo caso aconsejaron silencio” (Bulanti, 36, 32, 65). 

Relevo del vicecamarlengo. La declaración de MFA ante la Fiscalía de Roma surge al comienzo del pontificado de Francisco. La cuestión es: ¿Por qué entonces? En su artículo L’ombra di Emanuela Orlandi sui cambi di papa Francesco ai vertici del Vaticano (apocalisselaica.net) Moreno D’Angelo comenta un hecho que ha pasado desapercibido. Pierluigi Celata, nombrado vicecamarlengo por Benedicto XVI el 23 de julio de 2012, fue relevado el 20 de diciembre de 2014 por Francisco. Según informa Moreno, el nombre de Celata aparece muchas veces en el memorial de MFA, que confiesa haber participado “en el doble rol de telefonista y de agente operativo en los secuestros Orlandi-Gregori en nombre de una facción progresista dentro del Vaticano hoy denominada el Ganglio”.

Giro judicial en el caso de Emanuela. Su amiga Laura Casagrande enfrenta acusaciones por dar información falsa a los fiscales. Es, quizá, quien la vio por última vez “en la parada del autobús” o “de lejos”. Quizá vio también al “americano”, a MFA, quien llamó después a su casa. Tuvo tanto miedo que se escondió durante dos meses en un “lugar secreto” de Umbría. Los jueces “sospechan que sabe quién se la llevó”, les parece “muy contradictoria”, “como si quisiera quitarse de la escena” (20-12-2025). La Comisión Parlamentaria italiana investiga los casos de Emanuela y de Mirella, también el de José. No sabemos si el Vaticano dirá algo. Incluso el atentado que pudo costarle la vida a Juan Pablo II se convierte en secreto de Estado.

Conclusiones. El niño José Garramón, hijo de un funcionario de la ONU, fue secuestrado y, después, atropellado por MFA. Ciertamente, el atropello, con resultado de muerte, no fue accidental. Parece una forma de presionar al Vaticano y al Estado italiano ante la comunidad internacional. El Ganglio parece una forma de evitar el nombre de la P2. MFA es “hijo de un constructor”, “inscrito en una logia masónica vinculada a la P2”. No debe olvidarse que la logia P2 está también implicada en el asunto IOR-Ambrosiano. 

Sorprende que el principal defensor de MFA en el juicio sea el abogado Giuseppe De Luca, tan relacionado con el IOR y la Secretaría de Estado. Sorprende la pasión de MFA por el verdugo de Roma. Sorprende el silencio del arzobispo Pier Luigi Celata y su cese como vicecamarlengo. El Ganglio utiliza la pedofilia como arma de presión, pero la pedofilia no lo explica todo: José fue secuestrado y atropellado. 

MFA participa en los secuestros de Emanuela y de Mirella. El de Emanuela parece presionar al Vaticano y el de Mirella presionar al Estado italiano. Como se vio después, estaba en juego pagar 406 millones de dólares por la responsabilidad contraída en la quiebra del Banco Ambrosiano. Ambas partes tuvieron que pagar. El Vaticano pagó más de 240 millones de dólares. No debe olvidarse que a la mafia le interesaba recuperar el dinero invertido en el IOR-Ambrosiano para lavarlo.

La Comisión Parlamentaria italiana investiga los casos de Emanuela y de Mirella, también el de José. No sabemos si el Vaticano dirá algo. Incluso el atentado que pudo costarle la vida a Juan Pablo II se convierte en secreto de Estado. Sin embargo, como está escrito, “nada hay oculto que no llegue a saberse”. El Señor juzga la historia, purifica el templo, “como fuego de fundidor, como lejía de lavandero”. Cuarenta y dos años después de la muerte de José, los datos abundan. Cualquiera puede juzgar.

Hazte socio/a y te regalamos la edición digital del nuevo libro de Quique, Bienaventurados los ricos.
Religión Digital es un proyecto independiente, en manos de sus socios, colaboradores, anunciantes y amigos. Solo con tu ayuda podemos seguir haciendo realidad la Iglesia de Jesús. Por una Iglesia mejor informada.
HAZTE SOCIO/A AHORA

También te puede interesar

Lo último

stats