"Soñar es bueno, pero sentirse parte de un proyecto es vivir" ¿Hay un lugar para las mujeres amazónicas en la construcción del proceso sinodal?

Mujera Amazonía
Mujera Amazonía

"Las mujeres en general se están involucrando mucho en el proceso sinodal. Sin embargo, nos encontramos con mujeres que no tienen acceso a la información, que están al margen. Me refiero a las que están en las comunidades indígenas"

"¿Quién escucha a otras mujeres, marginadas y privadas de derechos? En la Amazonia, la dinámica de la vida en las comunidades está permeada por el trabajo de las mujeres. Tenemos los ministerios del Lectorado y el Acolitado Femenino garantizados por el Papa"

"Pero no he visto a ninguna mujer que los haya recibido. Hagámoslo oficial. Estamos capacitadas, somos creativas y audaces"

"¡Unamos nuestras manos y aprovechemos nuestra diversidad femenina para recorrer el camino sinodal que soñamos, con ternura y fuerza, donde todos tengan voz y se vuelvan a experimentar una mística profética y amazónica!"

Esta pregunta me ha hecho reflexionar profundamente. Observando nuestra realidad, nos damos cuenta de que las mujeres en general se están involucrando mucho en el proceso sinodal, lo cual es maravilloso y nos da la esperanza de que es realmente posible construir una Iglesia sinodal participativa, inclusiva e igualitaria.

Sin embargo, desde un punto de vista más crítico y específico, nos encontramos con mujeres que no tienen acceso a la información, que están al margen de los debates y que ni siquiera son escuchadas o tienen un lugar para hablar, me refiero a las que están en las comunidades indígenas, en las comunidades ribereñas, en las periferias urbanas e incluso en nuestros espacios eclesiales en los centros urbanos, ¿son las mujeres capaces de expresar sus sueños, sus luchas y el dolor que llevan en sus cuerpos femeninos?

Desde mi lugar de habla como mujer consagrada, teóloga feminista, blanca y privilegiada, puede parecer sencillo articular la escucha, exponer mis posiciones, luchar por lo que creo ideal para la Iglesia amazónica, pero ¿quién escucha a otras mujeres, marginadas y privadas de derechos?

Además de toda la lucha y articulación que hacemos como mujeres para encontrar una "brecha" en el universo patriarcal y clerical que domina la iglesia, nos enfrentamos al descrédito incluso de otras mujeres, que se cansan de luchar, que se acomodan en su comodidad, o que se pierden en la rivalidad femenina, gastando energía en la disputa con otras mujeres, todos estos desafíos retrasan los procesos sinodales y dificultan nuestro crecimiento colectivo y sororal, lo que acaba legitimando el espacio de decisión masculino.

¡Reconocer nuestras debilidades nos hace fuertes! Necesitamos fortalecernos cada vez más como mujeres, mirar nuestras diversidades como una oportunidad de crecimiento y construcción en conjunto, y principalmente encontrar la manera de incluir a nuestras hermanas excluidas de los procesos sinodales, no dependamos del "permiso" de los hombres para transitar un camino alternativo, ¡atrevámonos, compañeras, a esperar, a dar nuestro tono en este proceso!

Soñar es bueno, pero sentirse parte de un proyecto es vivir. Todavía no tenemos el lugar de la palabra que deberíamos tener en esta construcción sinodal, como Mujeres Amazónicas, nativas o de corazón, somos poco escuchadas, muchas veces somos "cuotas", para decir que hay mujeres presentes, nuestros debates y escritos llegan incluso al destino, pero son ignorados por ser atrevidos, por no ser todavía el momento adecuado, o cualquier otro argumento débil que sigue manteniendo las mismas estructuras opresivas.

Esto no es un lamento ni un victimismo, tenemos una iglesia muy profética en la Amazonia, pero todavía necesitamos dar pasos, especialmente en relación al protagonismo femenino, la dinámica de la vida en las comunidades está permeada por el trabajo de las mujeres, incluso en varios lugares son ellas las que presiden las celebraciones y ejercen el ministerio de la diaconía con gran cualificación.

Entonces, ¿por qué no podemos hacerlo oficial? Ya tenemos los ministerios del Lectorado y el Acolitado Femenino garantizados por el Papa Francisco, pero no he visto a ninguna mujer que los haya recibido, es un derecho y debemos asegurarlo, no podemos seguir reproduciendo discursos que niegan nuestros derechos, ya lo hacemos, está bien, entonces hagámoslo oficial. ¿Cómo? ¡Podemos construir este camino, pensar en un grupo de estudio para que este ministerio tenga un perfil femenino y un rostro amazónico!

Las mujeres de la Amazonia tienen un estilo propio de vivir su espiritualidad en armonía con nuestra casa común, inculturada en los elementos culturales de esta tierra sagrada, que contempla la tierra, los ríos y arroyos, los bosques, los seres humanos en su diversidad, los colores, los sabores, la ancestralidad y el respeto a la pachamama.

Estamos capacitadas, somos creativas y audaces para ocupar nuestro lugar en este movimiento sinodal, queremos dialogar, estudiar y escuchar a todas las mujeres que conforman nuestro ser iglesia femenino y amazónico.

Mujeres indígenas

¡Unamos nuestras manos y aprovechemos nuestra diversidad femenina para recorrer el camino sinodal que soñamos, con ternura y fuerza, donde todos tengan voz y se vuelvan a experimentar una mística profética y amazónica!

(Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

Existe lugar para as Mulheres da Amazônia na construção do processo Sinodal?

Essa pergunta tem me levado a refletir profundamente! Olhando para a nossa realidade, percebemos que as mulheres de um modo geral estão se envolvendo muito no processo sinodal, isso é maravilhoso e nos traz a esperança de realmente ser possível construir uma Igreja sinodal, participativa, inclusiva e igualitária.

No entanto, por um viés mais crítico e específico nos deparamos com as mulheres que não têm acesso às informações, que estão à margem dos debates e que nem sequer são ouvidas ou têm lugar de fala, me refiro àquelas que se encontram nas comunidades indígenas, ribeirinhas, nas periferias urbanas e até em nossos espaços eclesiais dos centros urbanos, será que as mulheres estão conseguindo expressar seus sonhos, suas lutas e as dores que carregam em seus corpos femininos?

A partir do meu lugar de fala como mulher consagrada, teóloga feminista, branca e privilegiada pode parecer simples articular escutas, expor meus posicionamentos, lutar por aquilo que acredito ser ideal para a Igreja Amazônica, mas quem escuta as demais mulheres, marginalizadas e privadas de direitos?

Além de toda a luta e articulação que fazemos como mulheres para encontrar uma “brecha”, no universo patriarcal e clerical que domina a igreja, enfrentamos o descrédito até de outras mulheres, que cansaram de lutar, que estão acomodadas no seu conforto, ou que se perderam na rivalidade feminina, gastando energia na disputa com outras mulheres, todos esses desafios atrasam os processos sinodais e atrapalham o nosso crescimento coletivo e sororal, que acaba legitimando o espaço decisório masculino.

Reconhecer nossas fragilidades nos faz fortes! Precisamos cada vez mais nos fortalecer como mulheres, olhar para as nossas diversidades como oportunidade de crescimento e construção conjunta, e principalmente encontrar formas de incluir nossas irmãs que se encontram excluídas dos processos sinodais, não dependemos da “permissão” dos homens para trilhar um caminho alternativo, vamos ousar companheiras, esperançar, dar o nosso tom nesse processo!

Sonhar é bom, mas sentir-se parte de um projeto é viver. Ainda não temos o lugar de fala que deveríamos ter nesta construção sinodal, como Mulheres Amazônidas, nativas ou de coração, somos pouco ouvidas, muitas vezes somos “cotas”, para dizer que existem mulheres presentes, nossos debates e escritos até chegam no destino, mas são ignorados por serem ousados, por não ser ainda o tempo certo, ou qualquer outro argumento fraco que continua mantendo as mesmas estruturas opressoras.

Não se trata de um lamento ou vitimismo, temos uma igreja bastante profética na Amazônia, mas ainda precisamos dar passos, especialmente com relação ao protagonismo feminino, a dinâmica de vida nas comunidades é perpassada pelo trabalho das mulheres, inclusive em diversas localidades são elas que presidem celebrações e exercem o ministério da diaconia com muita qualificação.

Então por que não podemos oficializar? Já temos garantido pelo Papa Francisco os ministérios do Leitorado e do Acolitado Feminino, porém não vi nenhuma mulher que os recebeu, é um direito e temos que garantir, não podemos continuar reproduzindo discursos que negam os nossos direitos, já fazemos isso, tudo bem, então vamos oficializar. Como? Podemos construir esse caminho, pensar num grupo de estudo para que esse ministério tenha um perfil feminino e com rosto amazônico!

As mulheres na Amazônia têm um estilo próprio de vivenciar a sua espiritualidade, em sintonia com a casa comum, inculturada nos elementos culturais deste solo sagrado, que contemplam a terra, os rios e igarapés, as florestas, o ser humano na sua diversidade, cores, sabores, a ancestralidade e o respeito a pachamama.

Temos qualificação, criatividade e ousadia para assumir o nosso lugar nesta ciranda sinodal, queremos dialogar, estudar e escutar todas as mulheres que formam nosso ser igreja feminino e amazônico, não queremos romper, e sim construir um caminho circular, igualitário, inclusivo e transformador da realidade.
Vamos nos dar as mãos e aproveitar das nossas diversidades femininas para trilhar o caminho sinodal que sonhamos, com ternura e fortaleza, onde todas tenham voz e vez para experienciar uma mística profética e amazônica!

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