¿Por qué mujeres del siglo XXI estamos entusiasmadas por la canonización de Pilar Bellosillo?
"El mundo necesita hoy modelos de mujeres entregadas, consecuentes, con horizontes abiertos, con coraje para ayudar a crear y amar “el mundo que todavía no existe” y la Iglesia con la que soñamos"
Sí, ¿por qué nosotras, mujeres del siglo XXI, progresistas, o a lo menos así nos hemos considerado a lo largo de nuestra vida, estamos entusiasmadas y apoyamos con todo nuestro fervor la beatificación de Pilar Bellosillo? Podemos decir que estamos a las puertas de ello –de la beatificación- y nosotras, empujamos con entusiasmo… Y por cierto ¿quién es Pilar Bellosillo y García Verde? En este pequeño artículo trataremos de responder a todo ello.
Estas cuestiones pueden chocar a cualquiera y decirnos:
-¡Si hoy ya no se llevan esas cosas! Si hoy se procuran otros “ascensos” diferentes, no los de los altares… Pero esto de empujar la beatificación de una persona ¡puede parecer tan anticuado! …
¡Vale!, pero nosotras la apoyamos, y además con mucha fuerza. Sí, estamos entusiasmadas con esta causa. No sólo porque Pilar lo merezca, eso también, sino porque el mundo necesita testigos, modelos así, como ella. Pero, ¿Quién es ella? Es verdad que hay mucha gente que no la conoce y por eso mismo, por eso queremos darla a conocer, porque ¡vale la pena!
- Voy a tratar de dar unas reducidas y rápidas pinceladas sobre ella.
En muy breves palabras podemos decir que Pilar fue una mujer de su tiempo, del siglo XX, a la cual la Iglesia entera, pero principalmente las mujeres de antes y de ahora, le debemos mucho. Pilar fue una pionera influyente en la sociedad, sí, pero sobre todo en la Iglesia, mejor, en las mujeres de Iglesia. Fue una pionera en cuestiones referentes a las mujeres en la Iglesia, fue una de las primeras católicas que se preocupó de este tema con una mirada crítica y constructiva, las dos cosas. A mí me gusta el subtítulo que han colocado en el folleto que editó ‘Manos Unidas’ en el 2023: “Pilar Bellosillo. Mujer profética del siglo XX”, así fue. Irradió un auténtico profetismo..
Pilar (1923-2003) nació en Madrid y dedicó incondicionalmente su larga vida a la Iglesia, pero muy especialmente la dedicó a las mujeres. Creía profundamente en la fuerza de la formación humana y espiritual del laicado y en particular en la de las mujeres, y ahí quemó todos sus cartuchos, éste fue un objetivo muy prioritario. Y nosotras, de una forma u otra, hemos participado y, en cierto modo, somos fruto de este importante objetivo.
Pilar nació en una familia numerosa, tradicional y profundamente cristiana. Tuvo una buena formación y desde muy joven perteneció a la Acción Católica de la cual fue presidenta de jóvenes con sólo 27 años, después presidenta Nacional. Ya en estos años, Pilar con otras personas, especialmente con su vicepresidenta Mary Salas, puso en marcha una Acción Católica valiosa por su nivel de formación. Los centros de formación personal y familiar de Cultura Popular, la Semana Impacto, el germen de los que después fue “Manos Unidas”, es decir la “Campaña contra el Hambre” etc… hizo de esta Acción Católica una entidad activa, con una proyección religiosa y social importante. Las personas recibían una formación considerable…
Además, en 1952, Pilar fue llamada a formar parte del Consejo Internacional de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOF) siendo nombrada Presidenta general de la misma el año 1961, lo que permitió que su influencia y actividad se trasladaran al mundo entero. ¡El número de mujeres inscritas entonces en la UMOF era de 36 millones!
Por este nombramiento y cargo, Pilar fue nombrada por Pablo VI auditora en la tercera etapa del Concilio Vaticano II, junto con otras 22 mujeres del mundo y a las que al poco tiempo se sumaron dos protestantes como gesto que expresara el deseo ecuménico de la Iglesia también con las mujeres. Poca cosa, pero menos es nada y, así ¡hubo mujeres allí, en el Concilio! Y en estos momentos fueron ¡una gran novedad en la Iglesia Católica! Pero, además, la presencia de Pilar y de las demás mujeres en el Concilio tuvo una enorme resonancia en la cristiandad, aunque en realidad se les pidió poca cosa: que acudieran como auténticas auditoras, es decir sin voz ni voto oficial en la gran asamblea, aunque, a decir verdad, su influencia fue grande, muy grande tanto en los grupos pequeños como en los pasillos etc y al final, contaron en los resultados… Se las consideró, se les escuchó a esos niveles, se las llamó “las madres del Concilio”, y pudieron influir especialmente en algunos padres conciliares y en otros círculos para determinados temas que tocaban más directamente a la moral matrimonial o que abrían campos para su aplicación concreta en el futuro, por ejemplo, fue clara la incidencia en temas relativos a la igualdad entre hombres y mujeres, los derechos humanos, etc, que después podrían ayudar a progresar en el tema de la mujer en la Iglesia, en las cuestiones referentes a la igualdad social, a la igualdad radical de todos los bautizados, es decir, eclesial, a favorecer el ejercicio de la libertad, la sensibilización ante una mejor distribución de bienes mundial, la dignificación del laicado eclesial, cuestiones relativas al ecumenismo y otros aspectos.
Después se ha hablado de ellas y desde luego, su presencia no ha pasado desapercibida, a pesar de que no gozaron de un tratamiento en igualdad y de que el tiempo de su presencia fuera muy reducido. Después se amplió y el resultado fue que sí, que influyeron y se tuvieron en cuenta sus aportaciones porque ellas actuaron con sabiduría.
Durante el Concilio Pilar cambió interiormente de forma significativa y posiblemente también más de una de las otras mujeres. Ella nos contaba a menudo cómo sentía, durante la etapa conciliar, que le iba trabajando el Espíritu. Había noches en las que no podía dormir porque sentía “el trabajo” interior de Dios en ella. Recordaba ¡cómo sentía dolor al despojarse de lo viejo, de sus ideas más tradicionales etc… y cómo se alegraba al recibir lo nuevo de las ideas conciliares! Y todo ello iba transformándola por dentro. ¡Qué precioso es escuchar, con detalle, este trabajo del Espíritu en una persona! ¡Lo más hermoso de esta experiencia, mejor, de este privilegio, fue la vivencia interior que Pilar contaba! Todo esto le marcó profundamente y de esto nos beneficiamos nosotras e impregna todo su trabajo posterior. Conocer esta época de la vida de Pilar significa conocer la acción eclesial, internacional y ecuménica de las mujeres del siglo XX.
Porque Pilar y las otras mujeres continuaron trabajando juntas después del Concilio no sólo como católicas sino también ecuménicamente. Escribieron ellas y se ha escrito sobre ellas… Algunas, unas más que otras, tuvieron clara conciencia de que estaban allí para dar otra visión de las mujeres en la Iglesia. Pilar hizo mucho, sabía trabajar muy bien en equipo.
El Concilio se preocupó de las mujeres por primera vez en la larga historia de la Iglesia.
Por una parte, comenzaron un importante trabajo ecuménico conjunto. El primer encuentro de las auditoras se realizó en seguida del final del Concilio en Vicarello, cerca de Roma y se trazaron líneas de trabajo inmediato en esta línea de colaboración y búsqueda de caminos nuevos en torno a las cuestiones antes citadas.
Y el primer encuentro ecuménico femenino se celebró en 1965, también recién acabado el Vaticano II. Se organizaron para continuar el trabajo. El grupo de enlace ecuménico de mujeres nombrado por la Santa Sede, se reconoce por sus siglas: la WELG fue muy activo, nació en 1968 y en 1972 acabó su mandato, pero no se les renovó.
También formó parte del Consejo de laicos fundado por Pablo VI el 6 de enero de 1967, y creado con la finalidad concreta de ampliar y visibilizar la acción de los laicos y laicas en la Iglesia.
Por otra parte, Pilar continuó su trabajo y un fruto importante de estas relaciones fue el Forum Ecuménico de Mujeres Cristianas de Europa y ella fue una de “las madres del Forum” porque ayudó en los comienzos que se forjaron en Suiza, se formalizaron el año 1982 y cuya repercusión es España fue también obra de suya. En 1988-89 invitó al entonces Comité de Coordinación y al año siguiente a la Comisión Teológica del mismo Forum Ecuménico y fue también entonces cuando comenzó a funcionar con entusiasmo, el Foro de Estudios de la Mujer (FEM), también fundado por Pilar, Mary Salas y un pequeño grupo de nosotras, que, desde 1985, empezó su actividad intelectual y ecuménica en España, a nivel nacional e internacional. Fue la primera organización de mujeres católicas en España orientadas principalmente en este sentido de apoyo, estudio y divulgación de la cuestión de las mujeres en la Iglesia y también desde una perspectiva ecuménica.
Además, el Concilio había pedido una Comisión mixta para realizar estudios referentes a la mujer principalmente en la Iglesia que fue creada y nombrada por el Papa, Pablo VI, el año 1973. Esta comisión tenía como cometido explícito: “las mujeres en la Iglesia”. Allí se distinguió una minoría del grupo de 5 mujeres entre las que estaban Pilar, la Belga Claire Delva, la holandesa Rie Vandrik y otras dos mujeres. Esta minoría tuvo francas dificultades con el resto de la Comisión, ambos grupos pensaban diferente. Trabajaron con ahínco, resistieron con valentía y perseverancia. Expresaron seriamente su deseo de dimitir, cosa que no permitió el Papa. Escribieron una “nota de la Minoría”. El testimonio que queda es encomiable.
Podríamos seguir desplegando este amplio abanico de lugares, tareas, fundaciones y obras varias de esta incansable mujer. Murió en Madrid el año 2003, la estela que deja es imborrable. Ella fue fiel al momento de Iglesia y de sociedad que le tocó vivir y se entregó totalmente a la causa de la Iglesia. Fue especialmente sensible a la causa de las mujeres y también a la promoción del laicado, todo ello con una actividad y un espíritu admirable e imitable. Nosotras nos sentimos, de una manera u otra, herederas de su obra, pero, sobre todo, de esa fuerza vital, de esa energía espiritual, creativa que ella nos legó y a la cual deseamos que tengan total acceso más y más personas.
El mundo necesita hoy modelos de mujeres entregadas, consecuentes, con horizontes abiertos, con coraje para ayudar a crear y amar “el mundo que todavía no existe” y la Iglesia con la que soñamos … Necesitamos seguir la estela y la obra de mujeres de fe, comprometidas en una obra que traspasa fronteras, como la de Pilar Bellosillo, por eso creemos que debe ser reconocida y propuesta como modelo eclesial, como luz que ayude, que nos ayude en esta tarea de construir un mundo más justo y humano, una Iglesia Universal que deja transparentar y comunicar el Espíritu. La espiritualidad de Pilar fue muy profunda y comprometida. Estuvo hondamente alimentada por el ambiente y por las ideas conciliares. Por todo eso queremos que canonicen a Pilar, queremos que reconozcan en ella a esa mujer que se entregó a la Iglesia, que ayudó a despertar conciencias, a procurar lo que ella llamaba su utopía, es decir “una sociedad más humana, más justa, más vivible, más fraterna, sociedad a la que todos aspìramos” y esto desde el Evangelio, desde el soplo del Espíritu del que se dejó llevar, y del que supo nutrir y nutrirse siempre…
