De obispos y delegados de Pastoral Obrera en vísperas de una huelga general

En "lo social", la mayoría de los prelados no tiene remedio

"No hay manera de que la mayor parte de los obispos distingan 'la política' y 'la justicia social'"

23 sep 2010 - 12:44

(José Ignacio Calleja).-Como fuera que algunos Obispos desautorizan los comunicados de apoyo a la huelga general por parte de sus Delegaciones Diocesanas de Pastoral Obrera, me imagino que las cosas han sido así. Pastoral Obrera no comunica nada a su Obispo para evitarse el "no" por adelantado. No confía ¡por experiencia! en su conciencia moral en lo social. Suele ocurrir en casos discutidos y a sabiendas de la escasa conciencia social de la mayoría de los Obispos. Yo lo he visto anteriormente.

Personalmente creo que Pastoral Obrera puede hablar así, y que su Obispo debería conocer ese texto y admitirlo, mientras que él toma una posición más representativa de toda la Iglesia Local; no contraria, sino más suya, de Obispo de todos. El Obispo, en nombre de toda la Iglesia Diocesana, y dado lo legítimamente discutido del caso, no va a decir "sí o no a la huelga general". Ni debe. Es una cuestión social, política y moral, legítimamente diversa. Institucionalmente, no cabe una posición oficial a favor o en contra, creo.

Pero si debe el Obispo, y los Obispos, pronunciarse en línea con esta idea de HOAC, "la convocatoria de Huelga General para finales de septiembre es una ocasión para denunciar a los que se apropian de lo que no es suyo", ... Al Obispo, a los Obispos, le corresponde mostrar y denunciar, ¡es un deber moral y una ocasión irrenunciable!, que urge una sociedad con leyes y estructuras mucho más justa en los mercados, en la propiedad, en la vida pública y en las profesiones. ¡No sólo en los valores!

Es una ocasión propicia y debida, por tanto, para denunciar unas condiciones de vida social totalmente injustas para tantos en cuanto a la dignidad. Esto no es política de partido, sino ética cristiana desde los excluidos. Es un deber moral en este momento y sin tapujos. La situación lo exige.

Todo, menos irse por la tangente de, "no tenemos opciones políticas concretas"; o, la otra tontería, destituir al delegado, "el mensajero", cuando el problema es que no se fiaba con buenos motivos de la conciencia social de su Obispo.

Y es que no hay manera de que la mayoría de los Obispos distingan "la política" y "la justicia social", y de que arriesguen una mínima palabra contra la riqueza injustamente lograda y administrada, y contra los que así la acumulan ante la gente sin nada.

En "lo social", la mayoría no tienen remedio. Ni lo entienden ni preguntan a sus Delegados. Y si no hay conciencia social clara, o no se sabe cómo articularla con la misión "religiosa", la conciencia moral no puede superar el nivel del ¡qué pena dan los que más sufren! O sea, sentimentalismo moral y religión cristiana sin "encarnación". Paz y bien.

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