El papa León XIV, gran viajero
"El anuncio oficial —realizado el pasado miércoles— pone de manifiesto la intención del nuevo pontífice de visitar, poco a poco, todos los continentes y muchos países, entre ellos dos gigantes: Rusia y China, pero no sabemos si podrá llevarlos a cabo"
Argentina —donde Francisco, hijo de esa tierra, nunca quiso volver como papa— será, junto con Uruguay y Perú (allí, como misionero, Prevost trabajó durante veinte años), el destino de la gran peregrinación que León XIV realizará del 6 al 17 de noviembre de este año, tras haber realizado ya, en mayo, un largo viaje por Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.
El anuncio oficial —realizado el pasado miércoles— pone de manifiesto la intención del nuevo pontífice de visitar, poco a poco, todos los continentes y muchos países. Así pues, Centroamérica, Canadá y los Estados Unidos. Después, Asia —ya ha estado en Turquía y el Líbano—, pasando sobre todo por la India y Filipinas. A continuación, le tocará el turno a Australia y, de nuevo, a África. Después están los distintos países europeos (a finales de septiembre estará en Francia: en París, Lourdes y Metz).
Dos países enormes, de suma importancia, siguen figurando en la lista de viajes que León desea realizar, pero no sabemos si podrá llevarlos a cabo. El primero es Rusia, con una situación política y religiosa especialmente delicada, debido al conflicto iniciado por el presidente Vladimir Putin contra Ucrania, y porque el patriarca ortodoxo de Moscú, Kirill, ha calificado de «guerra santa» la emprendida por el Kremlin. Por otra parte, la Iglesia ortodoxa rusa es la más importante de todas las Iglesias ortodoxas, por lo que un intento de diálogo con ella —tras el encuentro en Estambul entre el pontífice y el patriarca ecuménico Bartolomé— sería realmente necesario.
El otro gran país es China, que, a día de hoy, no mantiene relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Pero podría darse el caso de que el presidente Xi Jinping considerara útil, por motivos geopolíticos propios, dar ese gran paso: y León sería el primer pontífice romano en llegar a la Gran Muralla. O bien, quién sabe, sería el líder chino quien se reuniera con el Papa en Roma, o en alguna otra ciudad. Las expectativas son muchas: el futuro dirá si se harán realidad.
Además, se vislumbra en el horizonte —para el año 2033— la celebración conjunta, por parte de las Iglesias cristianas, de los dos mil años de la muerte y resurrección de Jesús. Se perfila, según ha anunciado León, un encuentro ecuménico en Jerusalén dentro de siete años: ¿será entonces la Ciudad Santa un ejemplo de paz universal, o seguirá siendo escenario de Iglesias irreconciliadas, además de motivo de continuos conflictos entre judíos, cristianos y musulmanes? El grandioso evento ecuménico de 2033 será, formalmente, una etapa excepcional y crucial para el cristianismo: ¿la prueba de su voluntad de hacer realidad lo que sus líderes predican cada día a sus fieles y al mundo («paz entre los pueblos, justicia para todos»), o, por el contrario, la confirmación de su incapacidad para superar antiguas rivalidades, quedando así prisionero de sus divisiones históricas, teológicas y pastorales?
Pero volvamos a los viajes internacionales de los papas, que comenzaron a lo grande en 1964 con la peregrinación de Pablo VI a Tierra Santa: estos viajes ponen de relieve los aspectos positivos del catolicismo y, sin embargo, a veces también los enredados nudos de la Iglesia romana.
