PEDRO y PABLO: Francisco y León XIV
Cada uno, con sus orígenes, su estilo, su formación y sus énfasis, ofrece a la Iglesia y al mundo de estos días una respuesta necesaria y completa por la coherencia, la escucha y la lucha por la dignidad humana, desde la lógica y los criterios de la Buena Nueva de Jesús de Nazaret
Este próximo 29 de junio, la celebración anual en la liturgia católica de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, columnas sobre las que se fundó la Iglesia en los albores del cristianismo, nos permite establecer un parangón entre el rol que estos dos apóstoles ejercieron en los primeros días del cristianismo y la misión que los pontificados de Francisco y León XIV han desempeñado en estos últimos quince años, en la vida de la Iglesia católica en su misión evangelizadora en la sociedad.
Están suficientemente documentadas las diferencias de personalidad y de visión sobre lo que debía ser la naciente Iglesia católica entre los apóstoles Pedro y Pablo, pero lo más importante es subrayar la complementariedad que, en una relación no exenta de tensiones, como en el llamado “incidente de Antioquía” relatado en Gálatas 2,11-14, derivó en un modelo de unidad en la diversidad. Modelo en el que, aunque se diferenciaban en la ejecución, convergían en el núcleo del mensaje evangélico. Modelo de unidad que, después de dos milenios, la Iglesia continúa anhelando, urgiendo y buscando mediante la tarea de la “sinodalidad”.
A Pedro y a Pablo les debemos que el cristianismo no se convirtiera y quedara, en sus primeros años, como una secta judía irrelevante. Pedro, como líder del grupo de los Doce, fue el factor de unidad y cohesión; su autoridad y liderazgo entre los primeros cristianos garantizaron la fidelidad a la enseñanza y a la experiencia histórica vivida con Jesús de Nazaret.
Pablo, por su parte, protagonizó y representó la expansión del cristianismo, rompiendo barreras culturales del judaísmo para que el Evangelio, mediante su estructura y sistematización filosófico-teológica y su visión misionera universal, alcanzara al mundo griego y romano de entonces.
La experiencia protagonizada por Pedro y Pablo en las primeras comunidades cristianas continúa vigente y necesaria en el ser y el quehacer de la Iglesia católica actual. Porque necesitamos de “Pedro” para mantener la unidad en la comunión de la fe y de la tradición. El sucesor de Pedro evita, en cada momento de la historia de la Iglesia, la fragmentación de la Iglesia Universal.
El testimonio y ejemplo de Pablo, por su parte, le evitan a la Iglesia, hoy y siempre, volverse autorreferencial y convertirse en “un museo sin futuro”. Es el “principio paulino y misionero” el que empuja a la Iglesia a las periferias existenciales para que llegue a todos: la luz del Evangelio. Es la figura de Pablo la que permanentemente le recordará a la Iglesia vivir en permanente estado de “salida” evangelizadora. Pero uno y otro, Pedro y Pablo, nos recuerdan siempre que el centro de la Iglesia es Jesucristo.
Si el legado de Francisco (2013 – 2025) puede resumirse como el Papa por una "Iglesia en salida". León XIV se va perfilando como el Papa de la "consolidación Institucional eclesial" y puente entre el Nuevo Mundo y las nuevas culturas con la tradición católica romana
Los últimos tres lustros de la historia de la humanidad han sido años de muchos y vertiginosos cambios en todas las áreas de la vida en sociedad: en lo político, económico, cultural, científico y tecnológico, etc. Han sido quince años en los que los católicos y la humanidad entera hemos contado con la guía de dos Papas: Francisco y, actualmente, León XIV. Dos Papas que, respondiendo a los desafíos que dichos cambios suponen, van enrumbando la Barca de Pedro entre los vaivenes y las incertidumbres de nuestra historia presente.
Si el legado de Francisco (2013 – 2025) puede resumirse como el Papa por una "Iglesia en salida". León XIV se va perfilando como el Papa de la "consolidación Institucional eclesial" y puente entre el Nuevo Mundo y las nuevas culturas con la tradición católica romana.
El pontificado de Francisco “hizo lío”, sacudió a la Iglesia y pasó de posturas moralistas a un lenguaje y a acciones de misericordia y de acompañamiento de lo que él mismo llamó las periferias humanas o existenciales, necesitadas del amor y de la luz del Evangelio. León XIV se ha ocupado, en este su primer aniversario de pontificado, de “ordenar la casa”, para convertir las posturas reformadoras y proféticas de Francisco en estructuras e instituciones jurídicas sólidas.
Francisco predicó a la Iglesia como un “hospital de campaña” y una “teología del pueblo y para el Pueblo de Dios”, dando prioridad a la praxis sobre la doctrina. León XIV busca una síntesis agustiniana entre la fe, la razón y el orden institucional. Francisco hizo una denuncia profética directa y política de los problemas mundiales; León XIV intenta la diplomacia discreta y el tono más académico
Francisco predicó a la Iglesia como un “hospital de campaña” y una “teología del pueblo y para el Pueblo de Dios”, dando prioridad a la praxis sobre la doctrina. León XIV busca una síntesis agustiniana entre la fe, la razón y el orden institucional. Francisco hizo una denuncia profética directa y política de los problemas mundiales; León XIV intenta la diplomacia discreta y el tono más académico.
Francisco convocó el "Sínodo de la Sinodalidad", como un llamamiento a todos a una amistad social y política dialogante, y a la Iglesia para caminar juntos, en comunión y con una participación más horizontal y menos piramidal. León XIV procura la "unidad en la verdad" para evitar que una diversidad mal entendida se convierta en dispersión y rupturas.
La convocatoria del Año Franciscano 2026, por parte de León XIV, demuestra fidelidad a los caminos abiertos por su antecesor, al tiempo que intenta asegurar que el mensaje se construya de manera ordenada y permanente. Francisco unió la crisis social con la crisis ambiental y llamó al respeto y al cuidado de una ecología integral, criticando el sistema económico global. León XIV retoma la Doctrina Social de la Iglesia, pero insiste en que la paz empieza por el desarme del corazón.
Francisco y León XIV, como en su tiempo Pedro y Pablo, han ido configurando la mejor presencia de la Iglesia ante el mundo actual, con sus desafíos postmodernos de polarización, de verdad y de sentido, además del impacto de los avances tecnológicos en el ser humano y en la convivencia
Pasamos del Papa que profundizó en la "opción preferencial por los pobres" de Puebla, proveniente “del fin del mundo”, a la "opción por la comunión" de un Papa que combina su procedencia y conocimiento de la sociedad norteamericana con la realidad latinoamericana y del sur, por sus años de experiencia misionera en el Perú.
Así, Francisco y León XIV, como en su tiempo Pedro y Pablo, han ido configurando la mejor presencia de la Iglesia ante el mundo actual, con sus desafíos postmodernos de polarización, de verdad y de sentido, además del impacto de los avances tecnológicos en el ser humano y en la convivencia.
Y como las comparaciones son simplistas, porque olvidan la complejidad del ser humano y de las situaciones sociales, nos congratulamos, rezamos por ellos y agradecemos a Dios por el binomio Francisco – León XIV. Porque cada uno, con sus orígenes, su estilo, su formación y sus énfasis, ofrece a la Iglesia y al mundo de estos días una respuesta necesaria y completa por la coherencia, la escucha y la lucha por la dignidad humana, desde la lógica y los criterios de la Buena Nueva de Jesús de Nazaret.
