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Pilar Bellosillo y las mujeres en el Concilio Vaticano II

Continuamos dando a conocer la figura de Pilar Bellosillo especialmente desde el ángulo de uno de sus aspectos más populares y conocidos, la época del Concilio Vaticano II que ella vivió como auditora

Pilar Bellosillo y Mary Salas

Conocemos la mentalidad oficial y el trato respecto a las mujeres de la Iglesia Católica al iniciarse el Concilio Vaticano II. Reconociendo su dignidad de bautizada e hija de Dios, sin embargo, se seguían manteniendo muy vivos –no pensemos que los haya superado del todo- los esquemas e ideologías misóginas y los papeles de subordinación que se mantuvieron vigentes durante casi toda la Historia de la Iglesia. 

Concilio Vaticano II

Y digo muy intencionadamente “casi” porque, aunque bastante desconocidas, sin embargo, hubo épocas mejores en las que algunas mujeres, a decir verdad, muy pocas y privilegiadas, asistieron e incluso convocaron sínodos y concilios, eso sí, eran concilios locales, creo que nunca ecuménicos. Por ejemplo, en el Concilio de Arlés del año 314 estuvieron presentes tres abadesas; en 664 vemos a la abadesa Hilda en el sínodo de Whithy (Inglaterra). en el 705, a su sucesora, la abadesa Elfleda en el de Nidd (Inglaterra). En el Concilio de Bencafield en 694, estuvieron presentes y firmaron los decretos 5 abadesas, y así, en otros. También hubo mujeres nobles que tomaron parte por lo menos en la convocatoria de concilios locales, etc…, pero somos conscientes de que estos casos además de ser excepcionales, desaparecieron rápidamente… Y la tradición de la Iglesia, después, ha mantenido ausentes a mujeres y monjas.

De todas formas, antes de “entrar” en el aula conciliar vaticana en septiembre de 1964, me parece interesante hacerlas constar, aunque sea como ‘excepción –muchas veces olvidada- de la regla’ que ha imperado en nuestra Iglesia…

Pío XII, -aunque sin desmarcarse de la línea tradicional, señaló, en varios momentos, algo novedoso que es importante tenerlo en cuenta. Al poco tiempo de su nombramiento, en 1939, en un discurso a la UMOFC animó a las mujeres a “asumir sus responsabilidades en todos los terrenos” … Más tarde, en el discurso a las mujeres italianas de 1945 en el que les habla de su responsabilidad no sólo en la familia sino también en la vida social, les dijo: “la vida pública os necesita”. También en 1956 se dirigió al centro italiano femenino en términos parecidos… Su intervención para el XIV Congreso de la Unión de Organizaciones Femeninas Católicas de 1957, fue más o menos en la misma línea. Llegó a decir, que “la maternidad no constituye el fundamento absoluto de la dignidad de la mujer”… No llegó más lejos, y sin embargo ¡ya era un paso importante!

Rosmary Goldie

Llegado el Vaticano II, en 1962, como una gran novedad, había ‘auditores’ laicos y religiosos, ¡un gran paso! pero, como era de esperar, no había mujeres; sólo una pequeña excepción confirmaba la regla y ella era Rosmarie Goldie, trabajadora en el Vaticano en el consejo de Laicos desde 1957 y “una de las protagonistas de la gran corriente histórica contemporánea de la promoción del laicado en la Iglesia” (G. Carriquery). Juan XXIII la había designado como ‘perito’ para dar su opinión sobre algunos documentos. ¡Eso era todo!

Durante la segunda sesión del Concilio, el comité ejecutivo de la World Federation of Female Catholic Young escribió al Papa pidiendo que nombrara auditoras femeninas para el Concilio. La Unión Internacional de Mujeres Católicas hizo la misma petición. El secretario de Estado, Dell Acqua, contestó que “ya se estudiaría la cuestión en el momento oportuno”. Pero Monseñor Felici aseguró que “hasta ahora no se ha consentido nunca, por ningún motivo, la entrada de mujeres en el aula conciliar”.

Sin embargo, y a pesar de todo, el ambiente fue cambiando gracias a la sensibilidad de algunos padres conciliares, como por ejemplo algunos obispos del Canadá…, el belga, Cardenal Suenens, que evidenció la falta de mujeres en la gran asamblea diciendo: “aquí está ausente la mitad del pueblo de Dios, porque si no me equivoco, ellas constituyen la mitad de la Humanidad”, y otros…, como, por ejemplo, el holandés monseñor Ramselaar que habló de la justicia refiriéndose a la cuestión de las mujeres… También lo hicieron algunos auditores laicos, No mucha cosa, pero fueron influyendo en una nueva mentalidad.

Pacem in terris

Como fruto del cambio, se empezaron a percibir algunos signos. Juan XXIII regaló a la cristiandad con la encíclica Pacem in Terris (abril, 1963) en la que, como bien sabemos, subraya los derechos humanos y las cuestiones relativas a la justicia etc… En ella recoge las aspiraciones de las mujeres, especialmente en la sociedad civil, y equipara las reivindicaciones de las mujeres con las del proletariado y los pueblos del Tercer Mundo, las recibe “como un signo de los tiempos”, un gesto nada despreciable y que exigía un cambio. Todo ello contribuyó a alimentar esperanzas… Poco después el Papa falleció y las esperanzas quedaban en el aire. 

Sin embargo, al iniciarse la tercera sesión conciliar, el 12 de septiembre de 1964, 23 mujeres fueron llamadas a Roma como auditoras conciliares, “vestidas de negro y cubiertas con un velo también negro” y en “todo auditoras” sin voz ni voto en las grandes asambleas. De ellas 10 eran religiosas, principalmente superioras generales como por ejemplo Sabine de Valon, de las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús, Cristina Estrada, de las Esclavas del Sagrado Corazón y otras. Las otras trece eran laicas, entre ellas, por supuesto, la antes citada Rosmarie Goldie, Julia Thomas (egipcia), Gladys Parentelli (uruguaya-venezolana), y otras entre la que hay que destacar es, a Pilar Bellosillo, española, y en aquel momento, presidenta de la Unión Mundial de las Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC). Estas mujeres no podrían salirse mucho de su modesto papel de ‘auditoras’, pero se ganaron gran prestigio, se les llamó ‘madres del Concilio’ y unas en mayor medida que otras, influyeron en algunas cuestiones y debates importante.

He tenido la inmensa suerte de recibir de primera mano información sobre el tema porque Pilar Bellosillo fue amiga mía en los últimos años de su vida, -¡todo un privilegio!- así que en el Foro de Estudios sobre la Mujer (FEM), Pilar nos informaba, con toda confianza, de su proceso interior, sus impresiones, evolución de los acontecimientos, en aquella excepcional experiencia. A mí me impresionaba muy especialmente cuando nos hablaba de su proceso interior y de la acción del Espíritu en ella… La naturalidad y la profundidad con la que nos dejaba entrever un poco la obra de Dios en ella, era magnífica. 

Contaba muchas cosas y diferentes aspectos, entre ellos podemos destacar cómo todas, pero quizás especialmente una parte más abierta de las auditoras, trabajó intensamente, dialogando con los Padres Conciliares y peritos sobre estas cuestiones de la ‘mujer en la Iglesia y en la sociedad’ y que todo su empeño fue seguir una política, a mi modo de ver de mucha sabiduría: la de evitar que los Padres escribieran cosas demasiado concretas sobre las mujeres. Pilar lo argumentaba diciendo que cuando ellos hablaban de las mujeres tendían a hacerlo de una forma etérea, alabando las cualidades, según ellos, ‘femeninas’ y maternales, comparándolas con el sol, las flores y poesías semejantes, destacando sus aportaciones recurrentes y ‘femeninas’… Ellas preferían dejar las cosas abiertas para que, en el futuro, sirvieran de base para avanzar. En fin, decía Pilar, que lo que ellas intentaban hacer era procurar un lenguaje más justo e inclusivo, y sobre todo evitar la casuística, las alusiones ‘a la propia naturaleza o sexo’, a lo que ellos entendían por “femenino”, etc…, y sobre todo el muy posible tono paternalista y discriminatorio de los Padres, para orientarlos hacia declaraciones más genéricas en las que se subrayaran cuestiones básicas, como la dignidad humana de hombre y mujer, los derechos humanos, la igualdad de estos y otros derechos, la responsabilidad, la no discriminación, etc… Es decir, las cuestiones de fondo a las cuales siempre pudieran apelar las mujeres a lo hora de reivindicar sus derechos en la sociedad civil y en la Iglesia… ¡Muy sabias y profundas!...

Pilar Bellosillo

Por lo tanto, y mucho debido a este trabajo de las mujeres, el Concilio Vaticano II no se ocupó expresamente del “problema de la mujer”, pero el ambiente en general fue evolucionando y varios textos concretos abordaron puntos que conciernen al asunto. Entre ellos vamos a señalar algunos. Por ejemplo, la constitución Lumen Gentium insiste en la igual dignidad de los miembros del Pueblo de Dios y subraya la idéntica responsabilidad de todos y todas en la misión evangelizadora dentro de la Iglesia y en la animación del orden temporal. El reconocimiento del ‘sacerdocio universal de los fieles’ según la tradición más antigua de la Iglesia, el papel del laicado en la Iglesia… son puntos importantes para sentar bases en una nueva forma de entender y situar a las mujeres en la Iglesia, pero eran sólo bases, porque como venimos indicando, se evitaban referencias directas que obstaculizasen pasos posteriores no deseados. En esta línea, la Gaudium et Spes (nº 29) rechaza toda forma de discriminación, también por razón de sexo y proclama la igualdad de derechos en el mundo del trabajo (nº 34), de la cultura (nº 60), de la familia (nº 49); la igualdad de derechos entre hombre y mujer (nº 4) y podríamos seguir citando otros muchos textos. 

Sin embargo, también se “colaron” algunos textos, pocos, no deseados. Por ejemplo, también en la Gaudium et Spes se dice: “las mujeres ya actúan en casi todos los campos de la vida, pero es conveniente asumir con plenitud su papel según su propia naturaleza” (60) o en el documento sobre educación que habla del derecho de todos a la educación etc… pero que añade ‘que responda al propio fin, al propio carácter yal diferente sexo” … Y lo que a mi modo de ver es más grave, ya en el mensaje a las mujeres, en la misma clausura del Concilio, Pablo VI señaló excesivamente ‘lo específico de la mujer’… Y es que señalar. Según de qué forma. la especificidad femenina, puede resultar muy peligroso.

Hubo una intervención de los auditores y auditoras particularmente llamativa y que también toca más directamente a las mujeres. Ante una enmienda sobre la familia (del esquema 13) que pretendía condenar expresamente la píldora anticonceptiva (novedad por aquellas épocas), los auditores/as se opusieron a la enmienda y la calificaron de inaceptable. Gracias a estas intervenciones, afortunadamente, la enmienda no prosperó… cosa que muchas mujeres católicas no conocen.

En fin, el Vaticano II, en estos asuntos, como en tantas otras cosas, despertó profundamente la esperanza, abrió nuevos caminos eclesiales, teológicos, pastorales… Sin embargo, conocemos algo de la historia posterior…; desgraciadamente las cosas no han respondido del todo a lo esperado y deseado… 

Homenaje a Pilar Bellosillo

Pilar resumió preciosamente su experiencia, así como su trabajo y el trabajo de Dios en ella, que vivió durante el Concilio y voy a narrarlo con sus palabras. Decía: “El Concilio fue para mí un proceso apasionante, me dejaba llevar por un doble movimiento a la vez gozoso y doloroso, profundizar y avanzar. Estaba muy atenta a lo nuevo, Había cuestiones que intuía y tenía la impresión de que se me iban dando las piezas de un puzle inacabado que encajaban en sus huecos y completaban el cuadro. Recuerdo haber pasado noches en vela, que yo describía como trabajada por el Espíritu, en las que iba ordenando el caudal que recibíamos, de acuerdo con una nueva jerarquía de valores. Esto me exigía a veces, un despojo doloroso de lo caduco y siempre la gozosa acogida de lo nuevo. Iba viviendo el asombro de descubrir la maravillosa claridad y coherencia de la obra de Dios que es indescriptible”. 

No cabe duda de que el Concilio y concretamente desde su experiencia tan excepcional influyó decisivamente en su trabajo posterior. Pilar continuó trabajando por la causa de la mujer, o mejor, por las mujeres en la Iglesia en la Acción Católica, la UMOF, comenzó a adentrarse en el mundo ecuménico, etc… También fue importante el grupo ecuménico, WELG (1968), fue fruto del Concilio, como lo fue la Comisión Mixta que el Concilio pidió y que Pablo VI designó el año 1973. Fueron nombradas 15 mujeres y 10 varones. El trabajo no fue fácil, por cierto, una minoría de 5 mujeres de la dicha asamblea, entre las que estaba Pilar, tuvieron serias dificultades por evidentes discrepancias con el resto del grupo. A pesar de todo, su actividad y su postura ha dado frutos. Pilar, refiriéndose a estos obstáculos y contradicciones dijo: “Este es un testimonio del espíritu con el que, las mujeres de la UMOF hemos trabajado en la Iglesia, con una fidelidad crítica”. ¡Qué duda cabe, así ha sido! ¡Y así han dado grandes frutos! Porque a veces, las contradicciones ayudan a beneficiar los resultados.

Mucho trabajo, sin embargo, hoy, las teólogas y muchas mujeres católicas, mujeres de Iglesia, continúan –continuamos- pidiendo cuestiones que aquellas mujeres auditoras ya formularon y reclamaron. 

El año 1983-84 empezó a trabajar con Mary Salas y con un pequeño grupo de nosotras, mujeres más jóvenes, lo que llamamos el FEM, Foro de Estudios sobre la Mujer, uniéndonos al Forum Ecuménico de Mujeres Cristianas de Europa, del que Pilar fue nombrada “Madre del Forum” aunque dada su edad, no ostentó ningún cargo de responsabilidad. También brotaron algunos grupos incipientes de teología, justicia y paz, ecología y otros, feministas, católicos o ecuménicos y europeos, … El FEM fue el primero de este tipo de organizaciones en España. 

Hemos trabajado en la Iglesia con una fidelidad crítica

Ellas, Pilar Bellosillo y Mary Salas, fueron nuestras guías en estos nuevos caminos que iniciamos con tanto espíritu, en verdad, con tanta ilusión y creatividad. Este Foro empujaba una transformación de la situación de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad civil, promovido por las mismas mujeres. Las publicaciones, las charlas, el hecho de impulsar posibilidades de formación y teología, etc… eran los medios a realizar en diferentes lugares y formas. Un trabajo siempre desde un gran amor a la Iglesia y como dijo Pilar el día de su homenaje en Madrid repitiendo lo que afirmó al terminar su dificultoso trabajo en la Comisión mixta, es cierto que “hemos trabajado en la Iglesia con una fidelidad crítica”. precisamente por ese amor. Y como ya se dijo de ella y de sus compañeras: “estas mujeres han contribuido a despertar una conciencia crítica en el interior de la Iglesia”. Un trabajo precioso, necesario y magníficamente expresado, una forma que las teólogas feministas hemos heredado: ¡‘con una fidelidad crítica! 

Pero como decíamos, en estas tareas, no contábamos en general con mucho apoyo eclesial que según el Vaticano II podríamos esperar, salvo en muy contadas y estupendas excepciones. Los obispos y otros eclesiásticos, aunque, en general, no todos, estaban ausentes de nuestras acciones y compromisos. Además, a nivel de Iglesia, después del Concilio, no sólo se pararon antes de tiempo –y lo subrayo- la mayoría de las cuestiones novedosas iniciadas o con posibilidades de hacerlo, sino que lagran involución general, como bien sabemos, y en este tema en particular, ha estado muy presente en la historia posterior al Concilio. 

Mary Salas

No puedo detenerme en ello, ni es lo que se me ha pedido, pero creo que una intervención del Cardenal Flahiff, Presidente de la Conferencia episcopal y arzobispo de Winnipeg (Canadá) ya en 1971 (recordemos que el Concilio terminó el año 1965) puede resumir bien lo ocurrido:

“Varios textos del Vaticano II se oponen categóricamente a toda discriminación contra la mujer en la Iglesia. Pero debemos admitir que excelentes cristianos, así como otras personas, encuentran que se ha hecho muy poco esfuerzo para hacer realidad estas afirmaciones… Es un gesto de autenticidad lo que ellas esperan” …

Si ya entonces, este cardenal, como otras muchas personas. lo constató en 1971 ¡qué no diría hoy!...  

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