Josep Miquel Bausset La profesora Adela Cortina
(Josep Miquel Bausset).- Con pocos días de diferencia (La Vanguardia 14 de junio de 2017 y El País 9 de mayo de 2017) salieron en estos dos periódicos sendos textos referentes a la profesora de la Universidad de València Adela Cortina, con motivo de su interesante reflexión sobre el miedo a los refugiados o aporofobia.
Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política y directora de la Fundación Étnor, hacía en estos textos una reflexión sobre la importancia de educar a los jóvenes en los valores de la solidaridad y del respeto a aquel que es diferente. Y es que, como decía la profesora Adela Cortina, "lo que molesta, primero de los inmigrantes y después de los refugiados, no es que sean extranjeros, sino que sean pobres". De hecho, todos acogemos con los brazos abiertos a los turistas, porqué vienen con los bolsillos llenos y hacen un gasto importante que ayuda a nuestra economía.
Por eso los extranjeros ricos son muy bien recibidos por todos. Los 75 millones de turistas que llegaron al Estado Español el año pasado, "nos encantan", como dice la Dra. Cortina, y por esos "aquellos extranjeros que dejan dinero son bienvenidos, independientemente de su origen, color de la piel o religión". Pero cuando son los pobres los que llegan a nosotros, es cuando aparece el rechazo. Son los extranjeros "que nos molestan, como los inmigrantes pobres y los refugiados políticos y durante años, los gitanos". Por eso la profesora Cortina, con muy buen criterio, nos pide "reforzar el discurso de la igualdad y del respeto a los derechos económicos y sociales".
Para la profesora Adela Cortina, "garantizar estos derechos, no consiste solo en aplicar políticas para erradicar la pobreza, sino en disminuir las desigualdades". La paradoja la tenemos cuando los jóvenes estudian unos valores "y después ven que viven en una sociedad sin compasión por los que vienen de fuera, sin compasión con los pobres, sin solidaridad con los necesitados". Por eso, desgraciadamente, no nos ha de sorprender, como dice Adela Cortina, "que aumente la xenofobia y la aporofobia".
En medio de conflictos y de la galopante crisis económica, siempre "buscamos un chivo expiatorio que suele ser un pobre". Y este chivo expiatorio son las personas sin recursos, los más frágiles de nuestra sociedad, los desamparados, los que no pueden aportar nada positivo al PIB del país.
La profesora Adela Cortina, que tuvo un estrecho trato con el P. Joan Carles Elvira, monje de Montserrat, por su tesis de doctorado, nos propone la educación como antídoto para combatir la xenofobia y la aporofobia.
También la Palabra de Dios, ya desde el Antiguo Testamento, nos invita a acoger al extranjero, ya que en él, viendo al hermano pobre y desvalido, vemos al mismo Señor. Desgraciadamente nuestra sociedad ha perdido el sentido de la hospitalidad, una actitud que nos hace más humanos. También la religiosa teresiana Victòria Molins pone el dedo en la llaga, cuado denuncia una sociedad donde "los pobres dan pena, los marginados molestan".
De aquí que los apartamos o los escondemos. O los excluimos, como decidió la Comunidad Europea el pasado día 4 de julio, cuando propuso un plan de acción para parar los flujos migratorios y el retorno de los inmigrantes a sus países.
Los cristianos nos hemos de comprometer, no solo por solidaridad, por justicia o por altruismo, sino sobre todo por el hecho que Jesús nos manda amar a nuestros hermanos y acoger a aquellos que huyen de la guerra, del hambre y de pobreza y que llegan a nosotros buscando una vida digna. Por eso el papa nos ha pedido que seamos capaces de "compartir el pan y la esperanza con los refugiados y los inmigrantes". Todo un programa que nos ayudará a crecer en humanidad y de esta manera ser mejores discípulos de Jesús.