Gabriel Otalora Un profeta cada vez más incómodo

(Gabriel Otalora).- Los mensajes del Papa Francisco son cada vez más claros y contundentes sus denuncias contra las injusticias estructurales. El problema añadido a la incomodidad creciente para los dirigentes a los que van dirigidas sus denuncias (dirigentes políticos pero sobre todo económicos y financieros) es que su lenguaje pastoral solo es interpretado en clave política: o eres de derechas o de izquierdas, sin aceptarle que un cristiano como él, en calidad de Papa, pueda ser crítico con los sistemas totalitarios de izquierdas y de derechas exigiendo un cambio de estructuras que alivien la desigualdad creciente, con millones de pauperizados ajenos al sueño, no ya de la justicia, sino del consumismo.

El profeta Francisco ha llegado muy lejos en sus críticas y es atacado directamente por Jeff Bush y por la prensa estadounidense de estar fomentando la desobediencia social y "la rebelión de las masas contra los capitalistas" en su reciente gira latinoamericana de principio de julio: "El reciente viaje de Francisco a América del Sur reveló un obvio mensaje socialista y anticapitalista que insta a un cambio estructural de la economía global que atenta contra el proyecto de Jesús", escribe Paul Farrel. Atención a esto último: no atenta Francisco contra los capitalistas sino contra el evangelio, es decir, que el sistema capitalista está alineado con las enseñanzas del Maestro y socavar sus bases es ir en contra de Cristo, en este caso el mismísimo Papa.

¿Decir que todos tienen derecho a la Tierra, a la vivienda (techo) y al trabajo, y que son "derechos sagrados", es atentar contra el mensaje cristiano? ¿O es precisamente evitárselos a una gran masa de seres humanos lo que supone un atentado humanitario y cristiano? ¿Es la ley del máximo beneficio la que agrede al mensaje de Dios o es su denuncia a favor de los desheredados de la Tierra por tanta codicia? Escuece escuchar del Papa -aunque muchos medios no lo han recogido con esta claridad- que se refiera al capitalismo no controlado como "dictadura sutil" y "estiércol del diablo", porque si gobierna "la ambición desenfrenada de dinero", el "servicio para el bien común queda relegado". En su Exhortación a la alegría, se refirió al capitalismo como "esta economía mata" y destruye la Tierra.

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