(José María Castillo).-Con ocasión de la festividad de San Pedro y San Pablo, parece pertinente decir algo sobre la reforma del papado. Porque estoy convencido de que ese asunto es uno de los problemas más urgentes que tiene que afrontar la Iglesia católica. Y, entre los problemas urgentes, el más grave de todos.
La Iglesia católica está organizada jurídicamente de tal manera que todo el ejercicio de la autoridad y el poder está concentrado en un solo hombre, el papa (CIC, cc. 331; 333, párrafo 3; 1404; 1372). Además, según la Ley Fundamental del Estado de la Ciudad del Vaticano, art. 1º, el Romano Pontífice posee en plenitud los tres poderes del Estado, el legislativo, el judicial y el ejecutivo.
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