Dos sanjuanistas por excelencia en el año sanjuanista: José Vicente Rodríguez y Eulogio Pacho
"Dos escuelas del sanjuanismo: dos estilos, dos talantes, dos tonalidades, dos horizontes, dos personalidades"
En su lecho de muerte en Úbeda, Jaén, fray Juan dijo que se iría al cielo a cantar maitines. En una columna anterior escribíamos de este año sanjuanista mas limitándonos a la figura del Doctor Místico, nacido en Fontiveros, Ávila ahora figura universal que sigue impactando incluso fuera de las fronteras de la iglesia católica. Como reza el título de este escrito, este año es ‘año sanjuanista por excelencia’ no solo por 2 conmemoraciones relacionadas con la figura del Santo, a saber, su canonización (1726) y doctorado eclesial (1926), sino también por 2 sanjuanistas, es decir, estudiosos de la obra sanjuanista que han marcado el rumbo de las investigaciones en torno a nuestro místico. 2026 promete ser un año de nuevos maitines en el sanjuanismo en general.
Este año también es el centenario del nacimiento de 2 estudiosos ilustrísimos que han partido a la Casa del Padre recientemente. Les cupo la suerte de tener una formación sólida, sobre todo en el área histórica centrada en el carmelitanismo, amén de una vida longeva, para llevar a cabo sus labores en pro del sanjuanismo. Me refiero a dos frailes carmelitas descalzos insignes, a saber, José Vicente Rodríguez Rodríguez (02.01.1926, Monleras, Salamanca - 23.11.2022, Burgos) y Eulogio Pacho Polvorinos (27.07.1926, Calaveras de Arriba, León - 01.02.2018, Burgos).
Sin pretensiones de exhaustividad, quiero hacer a continuación una breve semblanza de los dos hombres irrepetibles, destacando, en términos generales, su aportación como labriegos en el campo sanjuanista por la cual no solo quedó más engrandecida la figura del Santo Doctor sino también las eventuales cosechas y faenas en el mismo campo o bosque resultaron más fructíferas. Y esto no solo por su carácter sugerente sino sobre todo por la mejor fundamentación en que dichas cosechas y faenas se basan. Gracias a estos dos, si bien no fueron los pioneros en esta tarea, la transición del acercamiento devoto, que caracteriza las metodologías anteriores al siglo XX, a la aproximación científica se llevó a cabo con más brío, resolución y gallardía.
Coincidieron los dos en Roma en donde fueron ordenados sacerdotes el 23.04.1950 pero habían hecho su profesión en dos provincias carmelitanas distintas: José Vicente en la antigua Provincia de San Elías de Castilla y Eulogio en la de San Juan de la Cruz de Burgos que luego se fundieron, junto con la Provincias Arago-Valenciana y Bética en la actual Provincia Ibérica de Santa Teresa de Jesús (08.09.2014). Solo en el caso de Eulogio se ha publicado la bibliografía completa (Revista Monte Carmelo, Vol. 127, números, 1-2, 2019). Seguimos esperando que ponga manos a la obra el bibliógrafo competente en el caso de José Vicente que bien se lo merece.
José Vicente Rodríguez: Biógrafo y editor
José Vicente Rodríguez llegó a ser provincial de la antigua Provincia de San Elías de Castilla, secretario del que fuera general de su Orden, Anastasio Ballestero (luego cardenal) y director del Centro Internacional Teresiano-Sanjuanista (CITeS) en Ávila. Se formó en Salamanca y ejerció de profesor por algún tiempo en el Teresianum de Roma. Desde joven se hicieron patentes su talante sanjuanista y su dominio del latín. Su primera aportación significativa es una edición pulcra de las Obras Completas del Santo que salió de los tórculos de la Editorial de Espiritualidad de Madrid en 1957. Podría decirse que José Vicente comenzó su propia escuela de la edición de los textos sanjuanistas si bien de su misma provincia carmelitana y de su pueblo salmantino fue el P. Lucinio Ruano de la Iglesia (05.07.1915, Monleras, Salamanca – 22.08.1997, Madrid) que fue el editor de las Obras Completas de la Biblioteca de Autores Cristianos, cuya primera edición salió en 1946. No cabe duda de que es esta la edición española y carmelitana más citada y famosa. Si bien José Vicente apreciaba muchísimo la labor de su paisano, él trazó su propio camino. También podemos mencionar aquí la edición pionera que José Vicente admiraba de las Obras Completas del Santo a cargo de Gerardo de San Juan de la Cruz (02.08.1878, Santiago de la Puebla, Salamanca – 05.01.1922, Toledo).
A partir de la segunda edición de las Obras Completas a cargo de José Vicente, es decir en 1980, este contó con la colaboración inestimable del P. Federico Ruiz Salvador (24.12.1933, Cozuelo de Ojeda, Palencia – 16.11.2018, Madrid), profesor de teología dogmática y espiritual en el Teresianum y tal vez el más influyente intérprete doctrinal del Místico Doctor, sobre todo en el área teológica. Esta colaboración hizo que la edición de José Vicente, quien se encargaba de lo textual, la más completa en el sentido histórico, textual y doctrinal con una bibliografía nutrida. Por cierto, antes del fallecimiento del P. Federico ya se había publicado su bibliografía completa.
Amén de ser la más completa, la edición de José Vicente destaca por la selección atinada de los códices base (a falta de los autógrafos). José Vicente siempre ha sido un hombre muy intuitivo. Se dejaba guiar por sus preferencias estéticas hasta el punto de introducir algunas novedades no del todo aceptadas por la crítica como la edición como poesías aparte del Santo algunos ‘versillos’ integrados en la Subida del Monte Carmelo, la inversión de la orden de algunos párrafos en el Cántico Espiritual, la adición de la tilde diacrítica en el título de un poema clave sanjuanista, a saber, ‘¡Qué bien sé yo la fonte!’ cuando la palabra ‘que’ es, en realidad, un pronombre relativo y no un adjetivo exclamativo.
José Vicente destacaba sobre todo por sus conocimientos enciclopédicos de la biografía sanjuanista. Sin duda en este sentido es quien mejor conoce a la figura del Santo Doctor. Maestro de chascarrillos, venía brindando al lector público anécdotas y ocurrencias en la vida del Santo culminando en su muy esperada obra San Juan de la Cruz. La biografía (2012) que sin duda es el arsenal más completo de datos biográficos y contextuales pero quizá no ha logrado construir una trama narrativa propia de las biografías científicas.
Asimismo se ha dedicado a la dimensión doctrinal. En esta área la obra culmen es su manual de sanjuanismo San Juan de la Cruz. Profeta enamorado de Dios y Maestro (1987) que también es un arsenal de datos, ocurrencias, reflexiones y anécdotas pero sin duda la cúspide de este libro es la propuesta atinada de reinterpretar la denominada unión con Dios, que es el proyecto sanjuanista central, usando el término (no usado por el Santo) ‘comunión’. Esto demuestra el estilo intuitivo, a veces no del todo ordenado o desarrollado, del sanjuanista salmantino. Su familiaridad inigualable con los escritos del Santo le permitió llamear con estos tipos de chispas interpretativas de gran pero varias veces fugaz fulgor.
Eulogio Pacho: Historiador textua, críticol y editor
Leonés de nacimiento, Eulogio Pacho es la antítesis de José Vicente Rodríguez en términos de estilo y metodología. Este está en estado constante de ebullición, es decir, se palpa el calor humano mientras que aquel es más bien distante, incluso frío, pues es menos intuitivo. Es más bien científico y riguroso con un estilo que el lector medio difícilmente comprenderá con una prolijidad y aridez que exige valor y perseverancia, esto es una ‘voluntad de aventura’ dicho orteguianamente, de parte del lector. Séame permitido añadir que dicha voluntad ha de ser férrea. Desde luego, los escritos de un hombre de la talla de Eulogio Pacho no son para gozar, es decir, no son para el lector medio (dicho esto, tampoco son para el lector voraz) sino para estudiar detenida y empecinadamente. Los escritos de Eulogio no son fulgurantes como estrellas fugaces sino son como aquella serpiente gigantesca de los mitos que se entrelazaba al árbol de la ciencia para extraerle toda la savia. Pacho es notorio por la quisquillosidad. Estudia y analiza con minuciosidad. Es un pozo de ciencia pero no transmite.
El P. Eulogio, amén de ser un sabio, era un estudioso preparadísimo, con dos doctorados (en teología por el Teresianum de Roma y en historia de la iglesia por la Gregoriana en la misma ciudad). Además de su bibliografía completa ya mencionada publicada tras su fallecimiento se han publicado dos tomos de sus mejores ensayos sanjuanistas (Estudios Sanjuanistas, 2 vols. 1997). A tenor de ello, recomiendo vivamente el artículo acerca de la aportación sanjuanista de Eulogio escrito por el mismísimo José Vicente en el número doble de la revista Monte Carmelo en donde se publicó también su bibliografía completa tras el fallecimiento de aquel.
Pacho, catedrático de historia de la espiritualidad en el Teresianum, era más bien conocido por su estudio de la historia textual (centrado en manuscritos) del Cántico Espiritual, la obra más mimada del Santo Doctor. Desde fecha temprana, en los años cincuenta del siglo pasado, puso manos a la obra siguiendo la estela del gran editor sanjuanista (y teresiano) de su antigua provincia carmelitana burgalesa, Silverio de Santa Teresa (08.03.1878, Escóbados de Arriba, Burgos – 11.03.1954, Mazatlán, México) que llegó a ser prepósito general de la Orden Carmelita Descalza.
En 1969 salió su gran historia de los escritos sanjuanistas, San Juan de la Cruz y sus escritos, que junto a la nueva hermenéutica de la teología sanjuanista, caracterizada por una sensibilidad a las exigencias de la teología posconciliar, inaugurada por Federico Ruiz con su Introducción a san Juan de la Cruz. El hombre, los escritos, el sistema (1968) marcó un nuevo hito hermenéutico en los estudios sanjuanistas. La aportación de Eulogio se centró en la hermenéutica textual detallista, es decir, la historia de los textos: de su elaboración, redacción, tradición manuscrita, transmisión, y problemática editorial. En esta obra significativa de 1969 se puso de manifiesto la diferenciación en la datación de algunas de las obras sanjuanistas, entre ellas algunos poemas que según Pacho fueron escritos en Ávila (1572-1577 años en que convivieron Teresa y Juan en dicha ciudad haciéndola en aquellos tiempos la capital mundial de la mística cristiana), a diferencia de la ‘otra datación’, es decir, la de José Vicente.
Pero la cumbre de este empeño crítico fue la monumental y depurada edición crítica del Cántico Espiritual A del Santo que se publicó en 1981 (si bien salió en realidad en 1982) publicada por el Fundación Universitaria Española y que constituye la gran enciclopedia de Eulogio Pacho que usando todos los manuscritos y sus tradiciones nos regaló la edición crítica de la primera redacción del Cántico y la fase intermediaria antes de la elaboración de la segunda redacción o Cántico B. Luego, publicó la edición crítica de esta (1998). Y también la de las dos redacciones de Llama de Amor Viva (2014). En este campo de las ediciones críticas, Eulogio es verdaderamente singular.
Desde 1982 se hizo cargo de la edición burgalesa o (de la Editorial Monte Carmelo), sucediendo al P. Simeón de la Sagrada Familia (Burgos, 26.07.1917, Quel, La Rioja – 15.12.2012, Burgos) de las Obras Completas de san Juan de la Cruz que sigue la estela del ya mencionado P. Silverio. Además de esto, ‘intentó’ hacer más populares sus aportaciones con una introducción sólida y estructural de cada uno de los escritos sanjuanistas (Iniciación a san Juan de la Cruz, 1982) y una presentación esquemática (otra vez estructural) de la doctrina sanjuanista (San Juan de la Cruz. Temas fundamentales, 2 vols., 1984). También dirigió el Diccionario de san Juan de la Cruz (2009) en que colaboraron varios especialistas, entre ellos, José Vicente Rodríguez.
Pacho es un gran especialista de la historia de la espiritualidad moderna. También tiene estudios muy valiosos sobre el Quietismo y el beato Francisco Palau y Quer OCD y la congregación barcelonesa fundada por este. También redactó una formidable historia de la espiritualidad española titulada El apogeo de la mística cristiana (2008) que presente un modelo historiográfico (teniendo a Teresa de Jesús y Juan de la Cruz como cumbres criteriológicas) distinto a elaborado por otro renombrado especialista en la materia, Melquíades Andrés (quien tendía a interpretar conceptualmente toda la mística española desde las coordenadas de la recolección de inspiración franciscana).
Rematando
Podrían derramarse ríos y ríos de tinta acerca de estas dos figuras estelares a quienes el sanjuanismo actual tiene una deuda impagable por su labor larga y abnegada en sus respectivos campos de especialidad. Mas el imperativo de la sobriedad nos obliga a rematar este ensayo. Gracias a José Vicente conocemos mejor el rostro humano de fray Juan. Nuestro agradecimiento también a Pacho por hacernos ver la sublimidad de la producción literaria de un hombre de ‘carne y hueso’, en expresión de don Miguel de Unamuno pero también, en palabras de santa Teresa, ‘hombre celestial y divino’. Se pueden leer los elogios de José Vicente a la figura de Pacho en el número doble ya mencionado pero me quedo con lo que le oí decir de viva voz refiriéndose al sanjuanista leonés incluso hasta el punto de imitar a la perfección las muecas usuales del rostro de este: ‘Es un hombre pequeño pero un gigante de intelectual y un genio tremendo’. Otro fraile carmelita, eminente especialista en santa Teresa y compañero en el convento burgalés de Eulogio comentó acerca de él: ‘un león (en vez de leonés) en Castilla (Burgos)’.
Por su parte, Eulogio, a quien José Vicente con su estilo sinuoso habitual calificó como el mejor especialista textual del sanjuanismo, criticó algunas de las libertades editoriales (algunas ya mencionadas arriba) que tomó José Vicente, pero pronunció el siguiente juicio escueto acerca del salmantino (y también esto se lo oí decir de viva voz), sin que faltara la famosa mueca que había inspirado a varios ‘imitadores’ como José Vicente: ‘José Vicente es quien mejor conoce el texto sanjuanista’.
Dos escuelas del sanjuanismo: dos estilos, dos talantes, dos tonalidades, dos horizontes, dos personalidades. Uno es más intuitivo y vivaracho mientras que el otro es más bien científico o empírico y disciplinado o metódico (por no decir, sistemático). Cuando yo elaboraba mi tesis doctoral sobre san Juan de la Cruz, José Vicente me ayudó a localizar y comprender algunas de sus publicaciones antiguas mientras que Eulogio me aconsejó que no perdiera tiempo con sus ‘pecados de juventud’. Sin los dos nuestra apreciación ya por sí misma imperfecta del patrimonio sanjuanista sería mucho más imperfecta. Y me imagino que en el cielo los dos estarán cantando maitines por toda la eternidad con su idolatrado Juan de la Cruz.