Las sorpresas de León XIV: ¿política analógica?
¿Dónde están aquellos que decían que no tenía discurso ni ideas, que estaba desaparecido? Pues aquí lo tienen. Preparémonos para un pontificado lleno de sorpresas. Bienvenido sea
Después de la tempestad vuelve la calma. Este refrán tan nuestro podríamos aplicarlo a la recepción que León XIV está teniendo en todo el mundo. Convendrán conmigo, y no descubro nada que no sepan, que el papa ha estado en boca de todos. Sus declaraciones en contra de la guerra y de los poderosos del mundo, no sólo de Donald Trump, han sido analizadas al milímetro. Se ha convertido en esa voz que clama en el desierto frente al poder descarnado e irresponsable que nos están metiendo en un callejón sin salida. Su palabra puede convertirse en el antídoto contra uno de nuestros mayores males: la costumbre. Está muy bien que se le reconozca su autoridad moral, posiblemente la única que nos queda, pero corremos el riesgo, como tantas veces, que este interés vaya decayendo a partir del viraje que los medios de comunicación suelen aplicar sobre lo que tiene prioridad y lo que no. Sólo hay una forma de estar ahí en el candelero, y no por es por estar, sino porque el papa, como el vicario de Cristo en la tierra, tiene que convertirse en la voz de los sin voz. Esta condición está por encima de las modas y corrientes de opinión. Como decíamos, para estar ahí sólo le queda un camino y es sorprendernos.
Huyamos de toda papolatría. Faltaría más. Pero dejémonos, al igual que con el evangelio de Jesús, sorprender por este gran hombre que está demostrando que sabe muy bien cuál es su función y su papel. A mi juicio, tenemos que volver una y otra vez, a dos momentos, distintos, pero que se complementan: la rueda de prensa en el viaje de vuelta por África y el discurso que les dirigió a los miembros del Partido Popular europeo. Sus declaraciones son sorprendentes. Pero hay un concepto que dirigió a los populares que puede marcar algo similar al concepto de periferia de Francisco: política analógica. Este es el vínculo entre la rueda de prensa y su discurso.
¿Qué entiende el papa por política analógica y por qué es tan importante? Decía ante los mandatarios populares europeos:
“Uno de los principales problemas de la política en los últimos años ha sido el declive constante de la sintonía, de la cooperación y el compromiso mutua entre el pueblo y sus representantes, para responder eficazmente a los problemas concretos del pueblo a la luz de una visión ideal. Podríamos decir metafóricamente que en la era del ‘triunfo digital’, la acción política verdaderamente orientada al bien común requiere un retorno a lo ‘analógico’”
Estamos, pues, ante el nacimiento de una nueva categoría política que nos va a servir para analizar la realidad social contemporánea. Insisto, no porque la diga el papa, sino porque dinamita los fundamentos de cómo se entiende hoy la política. Ésta tiene un problema fundamental y es la desafección. La distancia entre la ciudadanía y el pueblo, la clase política y las gentes, se ha tornado casi insalvable. De ahí el auge, como señalaba en su discurso, de los populismos y elitismos. Frente a una política a golpe de tuit y likes, donde el odio acampa a sus anchas, “es necesario recuperar a las personas acercándolas personalmente y reconstruyendo una red de relaciones en las zonas donde viven, para que todos puedan sentir que pertenecen a una comunidad y a compartir su futuro”. A continuación, exhortó de forma directa a los populares europeos a partir del vocablo “popular” que viene del pueblo, y el pueblo tiene que sentirse cercano con sus representantes, que no los conciban desde el mando a distancia, sino que forma una parte esencial de su praxis política:
“Ser cristianos comprometidos en la política también significa invertir en la libertad -no una libertad trivializada reducida a meras preferencias personales, sino una basada en la verdad, que salvaguarda la libertad religiosa, así como la libertad de pensamiento y de conciencia en todos los lugares y circunstancias”
La misión principal de la política es trabajar por la dignidad humana en sus diferentes expresiones. Esta es la brújula para impedir que las ideologías políticas legislen desde la fuerza y la opresión. Ahora bien, ¿estamos ante una palabra más, ante un discurso más y ante una ocasión más? Es el momento de retrotraernos y volver al avión papal en su regreso de África. Lo que hizo ahí fue política analógica en dos temas complejos y sensibles donde los haya: la inmigración y la sexualidad. Sin papeles, al igual que los otros papas, no lo olvidemos, pero es muy significativo para un hombre que le gusta medir sus palabras, coma a coma, punto por punto. Fijémonos en sus gestos de cercanía con los periodistas, utilizando expresiones, como yo pienso, mi posición, pero lo importante es que describe problemas políticos desde la sencillez, va a la raíz, y eso es, precisamente, política analógica, porque de esto se trata. La clase política sólo podrá recuperar la confianza de la ciudadanía si sus respuestas son claras, descriptivas y sinceras. Las poses políticas actuales dinamitan la verdad. Mucho estilo, mucho sexapil, pero poca profundidad. Los problemas se eternizan porque ni se atacan ni se resuelven. De ahí la gran crisis política que vivimos y la orfandad que las nuevas generaciones sienten respecto al sistema democrático. En otras palabras, dinamita pura. El papa es muy consciente de todo ello.
Que nadie se extrañe de qua haya acuñado el término política analógica. Recordemos que la elección misma del nombre de León era, entre otros, qué hace la Iglesia ante la revolución digital y la IA. Ante esa atrayente sumisión ante todo lo nuevo, el papa no se cierra, pero advierte, porque la brújula evangélica y política es la dignidad humana, es decir, que la persona no se convierta en un medio más de lo que ha creado. A partir de esta lógica habló sin tapujos de la inmigración en términos analógicos, claros y cercanos, justos, cuando recordaba que los países tienen el derecho de regular la entrada porque el descontrol puede producir situaciones de sufrimiento a manos de las mafias. Pero, a continuación, recordó dos cosas: la primera, una vez están dentro, son más que mascotas, son personas, y merecen toda una serie políticas públicas de protección que salvaguarden la dignidad humana de toda persona; la segunda, un tabú que nadie recuerda ya, que los países ricos no pueden explotar los recursos de los países pobres y que después se quejen que los explotados, los pobres, busquen una vida mejor por las consecuencias de dicha explotación. En otras palabras, política internacional analógica en vena. Y para cerrar el círculo: ¿por qué no logramos que los países ricos, a partir de proyectos empresariales y multinacionales, inviertan en los países pobres para evitar la inmigración y se queden en sus lugares de origen?
¿Dónde están aquellos que decían que no tenía discurso ni ideas, que estaba desaparecido? Pues aquí lo tienen. Preparémonos para un pontificado lleno de sorpresas. Bienvenido sea.
