La Iglesia católica resistió La única institución que no pudo destruir el Chavismo
(Jonny Pereira, sacerdote venezolano).- Vale mirar a la historia reciente de Venezuela, para poder constatar el carácter destructivo de una ideología que valiéndose de la izquierda, manipulo su pensamiento y logro instaurar un sistema hegemónico, contradiciéndose en todas sus ideales o promesas electorales. Hugo Chávez tomando las necesidades sociales y económicas del momento, junto con el fenómeno de una galopante corrupción; sale a la palestra pública como un "mesías liberador", "el hombre del pueblo" que se vistió de cordero para poder hacerse a toda costa con el poder
Al llegar al mismo, su primer trabajo fue ir socavando poco a poco cada una de las instituciones disidentes para poder tener el máximo y único control de todos los poderes. Logró tener la mayoría en el congreso, cambió la constitución, nombró gente de su extrema confianza en el TSJ (Tribunal Supremo de Justicia) y el CNE (Consejo Nacional Electoral), desprofesionalizó las FAN (Fuerzas Armadas Nacionales) convirtiéndolas en un brazo armado al servicio de su propia revolución.
Misteriosamente todas las instituciones se plegaron al dictamen de una voz única en la cual los disidentes fueron execrados, encarcelados o exiliados. Solo una institución no pudo ser moldeada por la férrea mano del líder revolucionario: esta es la Iglesia Católica. Desde el primer momento la Iglesia comenzó a ser la voz de quienes no la tenían por pensar distinto, por denunciar en conciencia, la terrible realidad que se estaba comenzando a sembrar: la destrucción de una democracia que existía desde hace 40 años
La CEV (Conferencia Episcopal Venezolana) en sus exhortaciones y comunicados llamaba continuamente al dialogo, al respeto del otro (aunque piense distinto), a el cumplimiento de la constitución y las leyes, a la defensa de la vida, al respeto a los trabajadores y a la legitima propiedad privada. A la denuncia de la existencia de presos políticos, así como la persecución de quienes no se plegaran al sistema revolucionario.
Las reacciones del gobierno fueron las mas características de los gobiernos de facto: llamar a la Iglesia golpista, aliada de la derecha; fascista, afirmó el difunto presidente Chávez sobre la jerarquía "tiene el diablo debajo de la sotana", "cúpulas podridas" y denigrando a Obispo, Sacerdotes, y laicos por apoyar los derechos humanos de toda una sociedad. La voz de la Iglesia ha sido profética ya que no se ha dejado callar por el miedo ni apagarse ante las amenazas, desde el primer momento, alerto a los venezolanos hacia donde nos llevaría "El mar de la felicidad de Cuba "
Figuras como el Cardenal Velazco, el Cardenal Castillo Lara (que murieron sin poder ver la paz en Venezuela), Mons Roberto Luckert Arzobispo de Coro, Mons Baltazar Porras Arzobispo de Merida, Mons Ovidio Pérez Morales, Mons Padrón Arzobispo de Cumana, el Cardenal Urosa arzobispo de Caracas, entre otros han expresado valientemente su opción por los más pobres contra un gobierno que solo busca usar a los más desfavorecidos para adentrarlos más en la miseria.
Como sacerdote estoy orgulloso de mi jerarquía eclesiástica; obispos de a pie, que van al mercado a comprar y pasan las penurias del pueblo para poder encontrar alimentos. Obispos sin escoltas que sufren la inseguridad como la sufre terriblemente el pueblo. Obispos párrocos que comparten con sus sacerdotes y fieles la fe en Jesús Resucitado, compartiendo el día a día con su grey.
Cuando salgamos de esta terrible pesadilla hegemónica, transmitida por herencia, continuada y aumentada a un incapaz presidente. La historia tendrá que reconocer que solo existía una institución que no se arrodillo al poder revolucionario: La Iglesia Católica venezolana. Le toco escoger entre estar bien con el régimen o defender a los perseguidos y escogió a estos últimos. Escogió a Cristo perseguido y sufriente. Se puso de parte del pueblo
"Una Iglesia que no sufre persecución, sino que está disfrutando los privilegios y el apoyo de las cosas de la tierra -¡tenga miedo!- no es la verdadera Iglesia de Jesucristo". Beato Monseñor Romero, 11 de marzo de 1979.